EIBAR. Ni siquiera le ha dado tiempo a desempaquetar todos los bártulos que se traía de Alicante, donde tenía fijada su residencia desde que fichó por el Hércules, y Joseba Del Olmo (Lutxana, 1981) ya piensa como uno más de la plantilla azulgrana. Está emocionado por su vuelta al Eibar, pero no quiere que su fichaje desvíe la atención sobre el partido del sábado (16.00 horas, ETB1) ante el Alavés. «Después de tres empates seguidos, hay que ganar como sea, y más ante un rival directo».
Pese a que el viaje de retorno a casa ha sido largo, el extremo baracaldés dice tener «más ganas que nunca», aunque no oculta la inquietud que le provoca el revuelo que su contratación ha provocado entre la afición azulgrana. «Las expectativas creadas abruman un poco. A ver si la gente va a pensar que voy a meter 10 goles en seis meses», apuntó. Entiende que «se haya creado ilusión», pero también dice que «aunque soy el primero que me exijo al máximo, hay que ir paso a paso y darle tiempo al tiempo».
Su objetivo es devolver al Eibar la confianza que, de nuevo, ha depositado en él. «Vengo con ganas de pasármelo bien, de volver a disfrutar del fútbol y de ayudar al Eibar a conseguir su objetivo del ascenso. Vuelvo a un club que conozco, en el que me trataron muy bien y al que quiero agradecer que hayan vuelto a confiar en mí».
No quiere aventurarse a asegurar si está en condiciones de jugar el sábado ante el Alavés, ya que «pese a que he estado entrenando en el equipo de la AFE, y he cogido bastante ritmo, no he jugado partido oficial desde y no es lo mismo».
Cuando hoy se incorpore a los entrenamientos se encontrará con Altuna y Txiki Lombraña, los únicos que siguen de su anterior etapa en el club armero, aunque también conoce a varios de sus nuevos compañeros, como Txema Añibarro, con el que jugó en el Sestao, o con Eneko Bóveda, cuando el lateral bilbaíno participó en las sesiones de entrenamiento del primer equipo del Athletic.
Mandiola, encantado
Era el único jugador que Javier Mandiola había pedido con insistencia a la secretaría técnica, puesto que tanto el técnico como el club quieren apostar sobre seguro. «Traer caras nuevas está bien, pero no a cualquier precio», indicó el preparador eibarrés. Recuerda que hace cinco años ofreció un rendimiento espectacular, tanto en el campo, como en el apartado económico -fue traspasado al Athletic por 300.000 euros- y confía en que la historia se repita, aunque quiere ir poco a poco, sin meterle más presión de la debida. «Dio un gran rendimiento y encima dejó dinero en las arcas, pero el fútbol no tiene memoria y de réditos no se va a poder vivir. Habrá que ver cómo está y hasta dónde nos puede dar».