En invierno da pereza coger la bicicleta. Es un deporte que pide luz, sol y manga corta. Se encoge con el frío y el agua. Pero no hay excusas para un ciclista profesional. Siembra en invierno para recoger en verano. A eso se dedica ahora Igor Antón, a acumular kilómetros y mecha para explotar su traca de escalador en la próxima Vuelta a España. «Este año tiene un recorrido perfecto para mí», se anima. Es su carrera. Y en 2012 irá a por ella. El año pasado no pudo, aunque se quedó con el mejor regalo: la victoria en la etapa imborrable, la del regreso de la ronda a Bilbao por las rampas de El Vivero, la cuesta de Galdakao, su pueblo. Su gente. Ese recuerdo, tan cercano e intenso, pone las brasas para calentar la nueva temporada. Y para coger la bicicleta cada lluviosa mañana de invierno. «Cuando lo paso mal en algún entrenamiento, vuelvo a casa por ahí. Bajo El Vivero y veo las pintadas con ni nombre. Eso anima, emociona», cuenta. Combustible sentimental.
Antón, Samuel Sánchez, el recuperado Sicard, el joven Landa, el fiel Verdugo, el certero Nieve y recién llegados como Cabedo, Sáez de Arregi y Ricardo García se hicieron, ayer en Vitoria (en la Virgen Blanca primero y en el Hotel Lakua después), la foto de partida de la decimonovena temporada del Euskaltel-Euskadi. «Nuestro reto es mejorar lo conseguido en 2010», se impuso como reto Gorka Gerrikagoitia, sucesor de Igor González de Galdeano al frente del conjunto naranja. «No será fácil, pero se puede conseguir». En 2010, el Euskaltel-Euskadi ganó etapas en el Giro, la Vuelta y el Tour, y lució en París el maillot de la montaña (Samuel Sánchez). «Eso es más importante que una victoria de etapa. Eso no lo olvida el Tour», recalcó Miguel Madariaga, presidente de la Fundación Euskadi y la mano que recoge, moneda a moneda, los siete millones de euros que alimentan este proyecto.
Al acto de presentación acudió el diputado general de Álava. Javier de Andrés dijo que el Euskaltel-Euskadi «nos representa» en el ciclismo mundial. «Este equipo -agregó-es un ejemplo para todos nosotros. Lleva 19 años en la élite. Con mucho esfuerzo. Y al final siempre nos da una alegría». La última fue sobre las pintadas que decoran la cuesta de Igor Antón. Allí, en El Vivero, se marchó solo hacia la meta de Bilbao. «Llevaba una mala Vuelta y tampoco fue ése mi mejor día. Pero será inolvidable. La gente me lo recuerda. Todo el mundo me habla de ese día», comenta el ciclista vizcaíno.
El Giro 2010 le dio la victoria en el Zoncolán, pero le arruinó las piernas. Lección aprendida. Este año limitará el gasto de fuerzas a carreras de abril y mayo como la Lieja-Bastogne-Lieja, la Flecha Valona o el Tour de Romandía (la Vuelta al País Vasco no figura de momento en sus planes). El resto de sus energías quedan archivadas hasta agosto, hasta la Vuelta. «Soy tozudo. Sé que puedo dominar esa carrera. No digo ganarla, pero sí luchar por ella. No descarto el triunfo», dice.
«La Vuelta es mi carrera. Siempre estoy soñando con ella». Frase de enamorado. La Vuelta y él han pasado juntos buenos veranos: el triunfo inicial en Calar Alto (2006), el liderato antes de caerse en Peña Cabarga (2010) y la erupción emotiva de la victoria en Bilbao (2011). «Este año no iré a hacerlo bien, sino superbien». Recita de memoria el recorrido de la próxima edición. Diez finales en alto. Bien. Los Lagos, el Cuitu, la Bola del Mundo... «Me va bien», se arranca. Y lo culmina: «Es perfecta para mí». Para abonar la ilusión durante el invierno.