El viejo Eroski de Asteguieta está a un paso de dejar de ser el paraíso de quienes han convertido en un lucrativo negocio el saqueo de las instalaciones. Según ha podido saber EL CORREO, los propietarios del edificio ya cuentan con la licencia municipal para acometer las obras de sellado de accesos y limpieza del recinto, que a consecuencia de la presencia de estos intrusos y de la acción vandálica de desconocidos presenta un estado de abandono absoluto, con la antigua galería comercial plagada de cristales, escombros y suciedad. De esta forma, sus responsables podrán cumplir con el ultimátum que marcó en su día el Ayuntamiento -tenían de plazo hasta el día 10 para presentar un plan para blindar el pabellón- con unas obras para las que también hay límite de tiempo.
«Desde que los propietarios recojan el permiso se abrirá un plazo de diez días naturales para acometer estos trabajos, aunque si se produce algún retraso que esté plenamente justificado se podría prorrogar», explicaron fuentes municipales, que calculan que se cumplirá con la fecha límite «al tratarse de obras menores». El precio de estas tareas de acondicionamiento y reconstrucción de los cierres reventados por los ladrones ascenderá a 40.000 euros, que correrán a cargo de Eroski.
La licencia contempla una serie de actuaciones en puntos conflictivos, ya que además de la retirada de los escombros del interior del local se realizará el arreglo del vallado que cierra la parcela, se taparán de nuevo los accesos de la parte posterior -donde se encuentra la zona de bombas y las dependencias de almacenaje-, la clausura de la entrada principal y la limpieza del aparcamiento exterior, así como el cierre de arquetas.
De esta forma se pone fin a una reivindicación vecinal que estalló el 21 de septiembre, cuando el grupo municipal del PNV trasladó a la comisión de Urbanismo la denuncia de Vecinos de Vitoria y Álava del estado de abandono y el riesgo que entrañaba para los niños de Asteguieta que el recinto tuviese los accesos abiertos. Ese mismo día este periódico ponía voz a los residentes de la zona, que advertían de la presencia de intrusos en el edificio, a los que algunos habían visto sacando hierros de allí.
Con sopletes
El Ayuntamiento se hizo cargo entonces del caso, instando a los responsables a cerrar las entradas y encargarse de la seguridad del edificio, dado que se trataba de una propiedad privada. Aun así, los técnicos municipales llevaron a cabo una inspección para determinar en qué condiciones de salubridad se encontraba el recinto. Tras esta visita, correspondía a Eroski hacerse cargo de la reclamación del Consistorio.
Sin embargo, un mes más tarde el edificio seguía a merced de los cacos. Este diario sorprendió en plena faena a tres ladrones que cortasban parte de las vigas de armazóncon un soplete de gas.