Ha llegado el día D, y nunca mejor dicho; 'D' de debate. Supongo que tendrán compradas las palomitas, las cervezas y las demás delicias embolsadas, ricas en colesterol y grasas malas, que acompañan al espectador de los grandes eventos televisados. No en vano, el debate de esta noche se asemeja, por la expectativa creada, a los famosos partidos del siglo, los Real Madrid-Barcelona. No es por poner nerviosos a Rajoy y Rubalcaba, pero, señores, se juegan mucho en este combate a dos. No estoy hablando de un vencedor y un vencido, eso es lo de menos. Voy a ir más allá; nos da igual quién sea el más locuaz, el más coherente, el que aporte datos más interesantes... Lo que necesitamos es que nos ofrezcan un espectáculo digno de ser televisado. Necesitamos que el dedo gordo de la mano que sujeta el mando a distancia no se excite y nos invite a un zapping trepidante, como de costumbre. Necesitamos creer que, dentro de sus acartonados personajes, siervos de sus serviles compañeros de tretas partidistas, habita un político de raza. Igual estoy exagerando la importancia del derbi de esta noche, pero el crédito de la ciudadanía se agota, la paciencia está en 'ere' y la esperanza, de mudanzas. Nos están aburriendo. Así que ya pueden dejarse de frases hechas y de mostrarnos cartelitos con curvas y columnas coloreadas de porcentajes del fracaso de su oponente, como si estuviéramos en una charla de entrada gratuita. Aquí pagamos todos y mucho, nos tienen que entretener. Necesitamos un 'hattrick' de talento de cada uno de ustedes. Que se tiren al barro, que se les vea la vena hinchada, como a la Patiño. Ahí reside uno de los grandes problemas de la democracia. Tenemos muchas 'Norias' y 'Sálvames' a nuestras espaldas como para soportar un muermo. Estamos mal acostumbrados. Si he visto tirarse de los pelos a debatientes por la hija desaparecida de Albano -con todos los respetos-, quiero el mismo énfasis cuando se trate del futuro desaparecido de mi hija. Les estaré observando. Mucha suerte. Pasen buen día, el resto.