Marian se asoma desde el cuarto piso del número 16 de la calle Escuelas Pías para vigilar, preparada por si se disponen a la invasión. La Policía Local escolta a la comisión judicial que intenta entrar en su vivienda ante los gritos de unas setenta personas que le impiden el paso. Lo han conseguido, se marchan. Marian no será desahuciada por el momento, y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) obtiene su primer éxito al frenar un desahucio en Logroño.
«En 23 años nunca me había encontrado con algo así. Es muy duro, como persona y como funcionario. La situación no es la misma que la de un desahucio hipotecario», señaló el gestor procesal, Javier García Vaquero. «Se suspende hasta nuevo señalamiento, pero la orden de paralización no depende de nosotros», añadió.
En su primera actuación pública, la Plataforma coreaba lemas como 'violencia es tener que irse', 'stop a los desahucios' y 'no es una crisis, es una estafa'.
Marian es madre soltera de dos hijas. Tras diez años de espera sin poder acceder a una vivienda de protección oficial (VPO), optó por comprarse su propio inmueble en 2005. «Los problemas comienzan cuando me quedo en paro», en 2009, cuando al dejar de pagar su hipoteca, la casa sale a subasta. «Soy huérfana desde que mis hijas eran pequeñas, y nadie de los que me hubiera querido ayudar podía hacerlo en ese momento», explica frente a la ventana, en un pequeño salón en el que solo queda un sofá arañado y un par de muebles.
Historia de una usura
«Somos tres y la gata. Tengo una gata, y tuve que decirlo para que me dieran más tiempo para desalojar», explica. Después de que le rechazaran un crédito en otras entidades como Credifácil recurrió a una prestamista bilbaína de la que le hablaron para evitar que su casa fuera vendida. Ante notario figura que la prestamista le concedió un crédito de 69.000 euros, de los que Marian asegura que solo le ingresaron 12.800. Eso, junto a los 4.000 que había ahorrado durante un año, le sirvió para salvar su vivienda de la primera subasta.
Lo que no sabía entonces era que el remedio sería peor que la enfermedad. Sin un sueldo que percibir y aún pagando la hipoteca al banco, Marian tuvo que dejar de pagar a la prestamista, cuya abogada le advirtió de que revisarían la deuda para flexibilizarla. «Unos días después me metieron una demanda por incumplimiento, sin avisar ni nada», cuenta.
Marian dice que nadie le avisó cuando este mismo año volvieron a subastar su inmueble y finalmente la usurera se hizo con él «por una tercera parte de lo que realmente vale». Sobre cómo llegó a ella opta por no comentar nada, ya que prefiere que esas cuestiones se solucionen en la Justicia, donde ya está en curso una querella por estafa.
¿Y mañana?
Está tranquila, dice, aunque todas sus pertenencias están embaladas en cajas y ni siquiera tuvo tiempo de ubicar sus muebles en otro lugar. «Me entraron ganas de llorar, y en muchos años no he podido hacerlo», comenta cuando finalmente baja a la calle después de que se hubiera marchado la comisión judicial al primer intento. Mientras tanto, espera poder conseguir pronto un trabajo «y seguir luchando». Horas antes de la concentración a las puertas de su casa tuvo una entrevista de trabajo.
En el mismo día de ayer, mientras setenta personas -entre ellas Javier Granda, secretario general de UGT- bloquearon el acceso a la vivienda de Marian, fueron desahuciadas otras dos personas en Logroño. «Hace cinco años no había ningún desahucio; ahora suele haber dos o tres diarios, a veces cuatro, pero duran cinco minutos», precisa el subinspector de la Comisaría de Villegas, Ricardo Eguizábal.
Marian cobra un subsidio de desempleo de 426 euros al mes, de los cuales destina la mitad a pagar la hipoteca al banco, al que todavía debe 45.000 euros. «Antes no había 15-M, y me tuve que hacer cargo yo sola», dice la afectada, ahora respaldada por la PAH, que hoy le acompañará a Bilbao para presentarse ante los tribunales. «Esto no ha acabado aquí. Tengo que seguir moviendo el tema para recuperar mi casa. Soy una persona más a la que le ha tocado la crisis», afirma Marian.