Un fuerte olor a hierro quemado envuelve la zona trasera del antiguo Eroski de Asteguieta, donde estuvieron los almacenes de las mercancías del supermercado. No hace falta andar mucho para descubrir el origen del tufo, basta con traspasar el agujero existente en uno de los accesos tapiados para encontrarse en el suelo con una gran viga con los bordes ennegrecidos, que hasta hace poco formaba parte de la estructura que sustenta la fachada del pabellón. Quienes lo han arrancado con un soplete de gas -las bombonas de butano y oxígeno descansan en la estancia contigua- se han marchado solo unos minutos antes en su Seat Córdoba blanco, aunque las llaves dejadas al lado de la voluminosa pieza de metal y el material empleado para el corte indican que tienen intención de volver. A estos tres amigos de lo ajeno, a los que EL CORREO sorprendió ayer en plena faena, poco les importa que sea 'puente', y no dudan en acudir en vísperas de festivo a su improvisado taller.
El beneficio que pueden obtener con su venta lo merece. No en vano, el viejo edificio que albergó hasta 2003 el hipermercado Eroski todavía conserva bastante hierro y cableado como para que los furtivos de la chatarra se adentren en su interior. A ello ayuda que el recinto sigue con algunos de sus accesos abiertos, el que fue entrada principal a la zona de compras y el portón metálico que daba paso al área de acceso restringido de los almacenes, por el que estos intrusos llevan colándose algún tiempo para hacerse con el preciado material.
Denuncia vecinal
El pabellón, que presenta un evidente estado de abandono, trae en jaque a los residentes de Asteguieta. Fue esta denuncia vecinal y la reclamación del PNV en la comisión de Urbanismo sobre la misma la que hizo que el Ayuntamiento tomase cartas en el asunto y enviase un técnico a inspeccionar el lugar. Sin embargo, al tratarse de un edificio de propiedad privada, el cierre de las instalaciones que los vecinos demandaban «porque por la zona juegan muchos niños, y si alguno se mete ahí dentro puede correr peligro» corresponde a Eroski en vez de a los servicios municipales, que solo pueden requerir a la empresa a que cumpla con sus obligaciones, «algo que ya hemos hecho», apuntan fuentes del equipo de gobierno.
Pero, lejos de comprobar cómo se tapian los accesos, los residentes de la zona y la federación Vecinos de Vitoria y Álava han seguido viendo cómo todo tipo de personas accedían al interior del edificio abandonado. «Nosotros hemos constatado cómo ahí sigue entrando gente, porque aunque hace más de un mes que se denunció este caso, no se ha hecho nada para tapar los accesos», aseguran desde VVA.