A primera vista nadie diría que Pedro Reyes (Marruecos, 1961) es humorista. Quizá porque el estereotipo nos arrastra a imaginar que debe ser gracioso tanto encima del escenario como fuera de él. Grave error. Este artista de teatro, cine y televisión es un tipo serio, tranquilo y que nunca cuenta chistes «aunque lleve siempre la gracia dentro». Ayer se estrenó en la Semana de la Risa de Bilbao con su actuación 'El cielo es infinito pero un poco estrecho', excusa para criticar a la sociedad y la hipocresía de las personas con historias ingeniosas. Asegura que el humor no tiene fronteras, «es universal», y el monólogo no es el género perfecto para hacer reír.
- ¿Se considera un tipo gracioso fuera del escenario?
- Uno siempre lleva la gracia dentro. Pero con la gente que no conozco mucho suelo tener una coraza con la que me protejo.
- No es de los que cuentan chistes con su grupo de amigos o en alguna boda.
- No, para nada. A un médico nadie le dice: «Oye, ya que estás aquí opérame un momento». Hay que saber diferenciar el trabajo del ocio.
- Que nadie se ría durante su actuación debe ser su peor pesadilla.
- Puede ser muy desagradable. Pero si ocurre es porque no están bien delimitadas las historias y no hay comunicación con los oyentes.
- ¿Nunca le ha pasado?
- Llevo representando este espectáculo por muchas ciudades y está funcionando muy bien. Pero sí que una vez actué en un geriátrico y no entendían nada, tampoco tenían muchas ganas de comprenderme. Con un público normal nunca he sufrido ese silencio.
- ¿Quién se esconde detrás del trabajo de sus monólogos?
-Sólo yo. No tengo un equipo de guionistas que me hagan el trabajo. Normalmente, los buenos monologuistas lo escriben todo. Somos autores.
- ¿Cómo describiría su humor?
- No lo podría definir en una palabra. Es mi forma de ver la vida, mi ideología social. Tiene mucha palabrería.
- ¿Interpreta un papel encima del escenario?
- Sí. Soy actor y no soy igual que el Pedro Reyes monologuista. Son personas distintas.
- ¿Cómo es el verdadero Pedro Reyes?
- Alguien con muchas ilusiones, luchador, tenaz y voluntarioso. Como casi todos, he tenido que aprender de mis propios errores. Hay que luchar mucho y comprender el lenguaje de la vida.
-¿Cómo se siente frente al público?
- Poderoso. Puedo decir a los espectadores lo que pienso de la política y la sociedad. Soy como el gurú que oficia una ceremonia.
- ¿A qué cómico admira?
- A Woody Allen. Es muy inteligente y siempre me ha gustado bastante. Es el cómico ideal. Es importante lo que dice y cómo lo dice.
- ¿Hay distintos tipos de humor?
- Todo el mundo tiene el mismo humor y sobre todo boca. La distinción se establece en el modo y la forma de hacerlo. El humor es universal, no tiene fronteras.
- ¿En qué se inspira para escribir los monólogos?
- En la vida, en lo que está pasando ahora mismo, en el ser humano, el amor, la muerte, las ambiciones, todo.
«Trato de hacer otras cosas»
- ¿Hace falta reírse ahora más que nunca?
- No, hay que reflexionar sobre todas las estupideces en las que hemos caído, los derroches y las vanidades de este país. Es momento de renovación, para aprender y no caer en los mismos errores.
- ¿Se puede escribir un buen monólogo de cualquier cosa?
- Sí, pero como punto de partida y como excusa para luego, detrás, contar otras cosas.
- ¿Es gratificante su profesión?
- Estoy un poco cansado. Trato de hacer otras cosas. Llega un momento en que todo te aburre si ya no te sirve para evolucionar.
- ¿Ser feo es un requisito para hacer gracia?
- Creo que no. Pero viene de lejos la figura del bufón, en España se ha utilizado mucho al deforme para reírse de él y no con él. Sólo tenemos que hacer reír, da igual el aspecto.