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El manco Intxausti y el cojo Amador

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El manco Intxausti y el cojo Amador

En una temporada llena de desgracias, el equipo de Unzúe salvó ayer a sus dos debutantes, triturados por las caídas

04.07.11 - 02:14 -
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Cuando todo se cruza... A Beñat Intxausti y Andrey Amador, su primer Tour casi les echa el sábado en la primera etapa. En el kilómetro 45. En apenas una hora. La ola de una caída se los tragó. A Intxausti le molió un codo. A Amador, un tobillo, hinchado como una morcilla. «Pensaba que me iba a casa», dijo el vizcaíno. Durmieron sobre un colchón de agujas. Punzadas. A los dos les aguardaba la segunda etapa, la contrarreloj por equipos de ayer. Manco uno y cojo el otro, la salvaron.
Por la mañana, Amador apenas podía levantarse. Cojeaba. No salió en el entrenamiento previo a la contrarreloj por equipos. Intxausti, sí. Y eso que el codo derecho quemaba. «No puedo levantarme sobre los pedales», comprobó. Por la tarde, tuvo que hacer los 23 kilómetros de la contrarreloj sentado, sin poder relanzar la bicicleta tras cada giro. «Siente el brazo como sin fuerza», explicaron en el Movistar. El manco Intxausti y el cojo Amador. Los dos dorsales que resumen el año negro del Movistar. Intxausti vio morir en sus brazos a su compañero Xavi Tondo, aplastado en mayo por la puerta de un garaje. Y Amador sobrevivió de milagro a un robo pistola en mano. Un año de desgracias. Cruzado.
Aun así, Movistar resiste. Solidario en la desgracia. Ayer, en la contrarreloj por equipos, salió a proteger a sus heridos. Los llevó a hombros y los salvó. Intxausti y Amador siguen en el Tour. Acabaron en el puesto 19, a un minuto y 9 segundos del Garmin. Tarde pero vivos. «En caliente me duele menos», dijo Intxausti en la meta. «En frío casi no puedo mover el brazo». Goteaba sudor y alivio. Se animaba: «Los médicos han descartado que esté roto». Resistió con un par de inflamatorios y, sobre todo, con sus ganas de Tour. «Tiraré hacia adelante. Quiero acabarlo». Le gusta. Ya conoce un poco, dos etapas. De sobra para recitar de carrerilla lo que es el Tour: «Tensión, caídas, montoneras, velocidad, peligro... Y gente, mucha gente que te anima». Intxausti aguantó bien la contrarreloj. Dio relevos, soportó el latigazo tras las curvas. Como Amador, que antes de salir apenas podía subirse a la bicicleta: lo hizo a cámara lenta. Como un muñeco articulado. Es joven, aunque con experiencia en recibir golpes.
La mala suerte que persigue al equipo Movistar en 2011 empezó antes incluso que el año. Viene del 29 de diciembre de 2010: esa mañana el costarricense Amador pensó que «iba a morir». Estaba en su país, en una cuesta cercana a Heredia, a 60 kilómetros de la casa de sus padres en Cartago. Un paisaje de paz en un país sin ejército. Pero con pistolas. Mientras rodaba, un vehículo de cristales tintados le pasó al lado, suave, estudiándole. Midiendo el valor de la bicicleta y del reloj que llevaba el ciclista. Amador se asustó al ver que el coche le esperaba, detenido, en la cima. Se dio la vuelta y se topó con otro vehículo similar atravesado en la carretera. Trampa. Terror.
«Creí que moría»
Echó por un camino de tierra. A lo loco. Primero sobre la bici; luego, a pie. Sin mirar atrás. No quiso ver lo que venía, pero lo escuchó. Disparos. Notó un impacto. Otro. Y se desveneció. «Creí que moría». No. Le habían alcanzado con pistolas eléctricas. Despertó de noche. Buscó ayuda y acabó en un hospital con un fallo renal y tosiendo sangre. Días después, su bicicleta, de unos 6.000 euros, apareció en una escombrera. La vida no vale nada.
Amador se recuperó. Y estaba en la lista de un Giro que no conoció. Unas semanas antes de la ronda italiana se cascó una clavícula en la Vuelta a Asturias. Las caídas han cortocircuitado al Movistar. Otro del equipo, Mauricio Soler, casi se mata en la pasada Vuelta a Suiza. Estuvo en coma inducido durante días. Molido. Su biografía es un parte médico. Él y Tondo eran los líderes previstos para este Tour. Iban a cubrir el hueco de Valverde, que cumple sanción por su implicación en la 'Operación Puerto' pese a no haber dado nunca positivo.
La relación de caídos crece: Rubén Plaza, uno de los dorsales de peso del equipo dirigido por Eusebio Unzúe, se partió el peroné en un descenso de la Vuelta a Murcia. A Ángel Madrazo, la esperanza cántabra, su progresión se le cortó en la Vuelta al País Vasco. Trompazo nada más llegar. Pensó que tenía una clavícula rota y se equivocó. Aunque por poco tiempo. Días después, mientras se entrenaba para la Vuelta a La Rioja, se astilló de verdad ese hueso. A Bruseghin, el veterano, le han tenido atado a la silla un par de hernias discales... El sábado, en la primera etapa del Tour, se fueron al suelo todos menos Rojas y Ventoso. Ayer, los nueve de la plantilla de este Tour, unidos ante el acoso del infortunio, cruzaron juntos una etapa más de este año tan cruzado. Rescataron a dos de los suyos.
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