El día grande de la fiesta es hoy, pero la jornada del domingo tiene ese toque de devoción y nostalgia que nunca falta en San Juan del Monte. Tranquilos y sosegados, cientos de mirandeses se dieron cita en la Iglesia de Santa María. Allí se ofició la misa solemne y fue el momento del recogimiento de los que no olvidan que la fiesta se celebra en honor de San Juan, protagonista de la romería.
Además, es en este acto religioso en el que también participa de la fiesta la patrona de la ciudad, la Virgen de Altamira. Y los representantes de todas las cuadrillas se sumaron en la ofrenda floral. Un acto en el que los más pequeños cobran también protagonismo porque los mayores intentan, de este modo, que los que empiezan a descubrir San Juan lo hagan conociendo todos los aspectos, incluidos los religiosos.
Este año lo que no hubo fue representación de instituciones de fuera de la ciudad; de hecho la ofrenda habitual de la Junta la hizo el concejal popular Sergio Montoya, ayer aún director general de Juventud en funciones. Es hoy cuando se prevé que lleguen las visitas institucionales.
Después de la misa, cantada por el Orfeón como también es tradicional, lo que llegó fue el momento de la nostalgia para todos aquellos mirandeses que tienen su residencia habitual fuera de la ciudad, en lugares más o menos cercanos pues los había llegados desde Vitoria y otros que llevan ya más de dos décadas de su vida residiendo en la Comunidad Valenciana.
Pero los unos y los otros se encontraban igual de emocionados. Acabaron recibiendo el tradicional pañuelo rojo distintivo de la fiesta un total de 22 personas, jóvenes y menos jóvenes. Algunos coleccionistas habituales de este elemento tan propio de la vestimenta sanjuanera, y otros novatos en estas lides.
Eran quizás estos los que se encontraban un poco más cohibidos al subir al kiosco de la plaza de España porque «eso de que te mire tanta gente da un poco de cosa». En cualquier caso lo que compartían era la emoción ante su protagonismo en las que son para ellos «las mejores fiestas del mundo, y que si podemos nunca nos las perdemos».
Y el momento álgido para todos ellos llegó cuando, recibidos ya todos los pañuelos, -incluidos los que fueron impuestos al presidente y la reina de la Peña San Juan del Monte de Burgos, incondicionales-, el Orfeón interpretó el himno de Miranda que todos siguieron y cantaron.
Para disfrutar
El presidente de la Cofradía, Pablo Vergara, fue uno de los encargados de colocar los pañuelos sanjuaneros y apuntó que «es otro de esos momentos de la fiesta en los que se disfruta, sin duda, de una manera diferente a la del día grande, pero esto es igual de intenso porque ves cómo quieren a esta fiesta todos los mirandeses. Los que están fuera siempre intentan estar aquí y eso nos llena de orgullo».