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Anoche casi se tocan dos estrellas

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Anoche casi se tocan dos estrellas

Shakira y Bisbal se disputan el cielo de Bilbao y encandilan a sus fans separados apenas unos cientos de metros

05.06.11 - 02:51 -
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Poco podía soñar David Bisbal, el alumno aventajado de la primera edición de 'Operación Triunfo', que de las verbenas de pueblo saltaría en menos de una década al Olimpo de la música pop latina, donde se codearía con diosas como Shakira. Anoche estas dos estrellas, las más rutilantes del firmamento, colisionaron. Y sucedió en Bilbao. Separados por apenas una hora y 300 metros, los que distan entre San Mamés, donde actuó la colombiana, y el Palacio Euskalduna, en el que Bisbal ofreció un recital acústico.
En 2002, el 'triunfito' de rizos dorados y espontaneidad desbordante no logró hacerse con la medalla de oro del certamen, pero es el concursante con mayor reconocimiento internacional y una trayectoria más sólida. En su haber, un Grammy latino, que da fe de su papel en la música actual.
Fue precisamente en la academia cuando el de Almería coincidió por primera vez con el volcán colombiano. Ella, con el celebradísimo 'Servicio de lavandería' recién publicado, animaba a los pupilos en la fase final del 'talent show'. Él, muy emocionado, vivía entre bambalinas la actuación de la diva sobre el mismo escenario en el que, minutos después, iba a ser proclamado finalista del concurso.
Desde entonces, han sido varias las ocasiones en las que sus caminos han coincidido. Su faceta solidaria les ha juntado en la Fundación ALAS (América Latina en Acción Solidaria). Además, los dos pusieron la banda sonora del pasado Mundial de Fútbol de Sudáfrica -él, con 'Waving flags'; ella, con el 'Waka Waka', convertido en un himno internacional-. Anoche se veían las caras con dos propuestas muy distintas: el set acústico de Bisbal contrastaba con el espectáculo de Shakira en un San Mamés en llamas. El 'show' de 'Shaki' arrancó con media hora de retraso. Pero todo se olvidó cuando saludó con un «¡Gabon Bilbo!» y sonaron las primeras notas de 'Why Wait', a la que siguió una cañera versión de 'Te dejo Madrid', pieza que dedicó al equipo de baloncesto Bizkaia Bilbao Basket por llegar «merecidamente» a la final de la ACB. A continuación llegó el turno de 'Si te vas' y 'Suerte', que la cantante interpretó en el escenario junto a cinco chicas.
La de Barranquilla regresaba al País Vasco medio año después de haber desatado la locura en un BEC a reventar, durante la primera parte de la gira 'Sale el sol'. Anoche presentaba un show prácticamente calcado, pero mucho más vistoso. No logró vender todo el papel, pero las más de 25.000 personas que allí se congregaron lo dieron todo ante la entrega de una Shakira que cambió de atuendo hasta en ocho ocasiones -compareció con un corpiño dorado y pantalones negros ajustados-. No dejó de contonearse con picardía y de bailar con pasión a lo largo de la pasarela que unía el escenario principal con la plataforma del centro del césped. Pura hiperactividad con la que la menuda cantante llena todo el espacio. El potente sonido hizo que temas como 'Suerte', 'La Tortura' y 'Loca' sonaran enormes en las dos horas de recital.
Y es que la colombiana tiene el oficio muy bien aprendido. «Empecé a los cuatro años con la danza del vientre y me di cuenta de que lo mío era el escenario. Quería ser cantante, bailarina y compositora, y lo he conseguido», se sinceraba hace una década, orgullosa, la precoz Shakira Isabel Mebarak Ripoll, la menor de nueve hermanos. Con 8 años ya había escrito sus primeras letras y a los 13 firmaba su primer contrato discográfico con una 'major', Sony Music Colombia. Era el año 1991, y la joven artista dejó a los capos del sello con la boca abierta cuando los abordó en el hall de un hotel con su baile y su voz. Y eso que en el colegio no la admitieron en el coro porque, según su profesor de música, «cantaba como una cabra». Pero era tenaz y ambiciosa. Siete álbumes, cinco tours mundiales y nueve Grammys después, puede jactarse de ser la artista internacional que más discos ha vendido en la última década, más de 50 millones en todo el mundo.
'Mujer llena de gracia'
Su nombre revela la mezcolanza que corre por sus venas: Shakira significa 'Mujer llena de gracia' en árabe, la lengua de la familia de su padre, un estadounidense de origen libanés. De él heredó su fascinación por esa cultura, y durante una comida en un restaurante oriental de Barranquilla tuvo su primer contacto con el sonido del 'doumbek', el tambor tradicional árabe, y la danza del vientre. Apenas era una niña, pero no dudó en imitar el movimiento de caderas de dos bailarinas que allí trabajaban. Desde entonces no ha dejado de hacerlo, hasta convertir ese sensual vaivén en algo inherente a su arte.
El 'Isabel' se lo debe a las raíces catalanas de la familia de su madre. Siempre se ha mostrado orgullosa de su vínculo con España, donde residen varios de sus hermanos. Y lo ha estrechado aún más en los últimos meses por su mediática relación con el futbolista Gerard Piqué, que le ha llevado a vivir a Barcelona. Eso sí: nunca olvida su amada Colombia, donde lleva una importante labor social con su fundación, Pies Descalzos.
Coincide también Bisbal con este apego a su tierra, a su Almería del alma, esa tierra en la que hoy sólo se habla de la crisis del pepino y en la que -cosas del destino- Shakira suspendió su recital del pasado miércoles. Tampoco se lo pensó mucho el andaluz a la hora de cambiar su residencia por amor. Al igual que Shakira, cruzó el charco. Él, hasta Miami, donde vivía su pareja y madre de su hija, Elena Tablada.
Siempre le gustó «dar el cante», cuentan quienes conocieron al pequeño David Bisbal Ferre, el menor de tres hermanos, hijo de un boxeador profesional, ciclista frustrado y devoto de Luis Miguel. Él, sin embargo, se recuerda como un niño más «tímido». No pisó un escenario hasta los 18 años con Expresiones, la orquesta a la que tantas veces ha mostrado su agradecimiento desde que salió de la academia. Antes había intentado ganarse la vida como jardinero, tras dejar a medias la Secundaria.
Sin patadas al aire
Con esta formación recorrió durante cerca de cuatro años fiestas populares de toda España. Sus compañeros ya intuían el potencial que su entusiasta vocalista, de poderosa voz y mucho ángel, tenía. Esas tablas que adquirió le permitieron llevarse las mayores alabanzas en el programa que lo catapultó a la fama, y conseguir lo que pocos pueden en tiempos de crisis, superar los 4,5 millones de discos vendidos.
El Bisbal de ayer, sin embargo, en nada se asemejaba al fogoso artista que se queda sin aliento en directo. Mientras Shakira convertía su 'show' en una fiesta de luces, baile y confeti de colores, las cerca de 2.000 personas que se acercaron al Euskalduna disfrutaron de un recital íntimo, sobrio y acústico en el que lo que lo principal era la música, y no tanto el espectáculo.
La escenografía era la antítesis de la que su público conoció hace unos meses, cuando aterrizó en el BEC. Ni espectáculo de luces, ni bailarines, ni remolinos, ni patadas al aire. Bisbal invitó a sus seguidores al salón de su casa, decorado con moquetas, lámparas de lágrimas de cristal y un sofá. En el centro, un taburete desde el que, con una quietud inédita en él, revisitó sus canciones de siempre, como 'Ave María', y versionó otras, como 'En un rincón del alma', de Alberto Cortez. Todas en clave acústica, desnudas, con arreglos musicales muy suaves, acordes con la banda de diez músicos 'sin enchufes' que le acompañaban. El teclado dejó paso al piano más clásico. Nada de programaciones electrónicas. Un Bisbal más maduro, relajado y seguro de sí mismo, al que sus fans le dieron una sorpresa cuando, a medio recital, le dedicaron el 'Zorionak zuri', ya que hoy celebra su 32º cumpleaños. Muy emotivo.
Una noche en la que cerca de 30.000 personas venidas de todas partes rieron, bailaron y se emocionaron con la música de Shakira y David Bisbal, las dos estrellas latinas que anoche casi chocaron en el firmamento de Bilbao, convertido en un megaescenario mundial.
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