Ratko Mladic se sentará mañana por primera vez en el banquillo de los acusados del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). Tras 16 años fugado, el exgeneral serbobosnio empezará a rendir cuentas por una larga lista de atrocidades que incluye el sangriento asedio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica. El fiscal de la corte, que tiene su sede en La Haya, anunció ayer que ha refundido los cargos para intentar acelerar el juicio y evitar que se eternice como ha sucedido con otros criminales de guerra.
Mladic, el último gran responsable de las matanzas cometidas en los Balcanes que quedaba por capturar, escuchará mañana en la ciudad holandesa los once cargos que se le imputan. El fiscal, el belga Serge Brammertz, le acusará oficialmente de genocidio, exterminación, deportación y otras serie de crímenes de guerra enfocados a limpiar Bosnia de musulmanes para forjar el sueño de la Gran Serbia. «Sus atrocidades dejaron un país devastado. La espera durante 16 años para que se haga justicia ha sido demasiado larga», resumió Brammertz.
El fiscal belga explicó que había reducido su lista de cargos -de 14 a 11- para simplificar el proceso judicial y evitar que se alargue de forma interminable. Nadie olvida que Slobodan Milosevic murió en una celda de La Haya en 2006 tras cuatro años de juicio que no dejaba de dilatarse. Radovan Karadzic, líder político de los serbios de Bosnia, fue capturado en 2008 y todavía aguarda una resolución tras innumerables maniobras para dificultar el proceso. Brammertz admitió que no sabe cuándo arrancarán las vistas contra Mladic porque dependerá del «tiempo que necesite su defensa para prepararse».
El exgeneral serbobosnio tendrá mañana la primera oportunidad para prolongar el proceso. Tras escuchar los cargos que se le imputan, deberá declararse culpable o inocente. Si no se decide por ninguna de las dos opciones, gozará de otros 30 días para aclarar su situación. El TPIY, que inició sus actividades en 1993 bajo mandato de Naciones Unidas, está previsto que cierre sus puertas en 2014, pero ya se ha anunciado que no se dejará ningún caso abierto.
La infinita duración de los procesos no es la única razón que ha llevado al tribunal a acelerar sus movimientos. Mladic, de 69 años, tiene la salud delicada, según han insistido tanto sus abogados como su hijo. De hecho, este fue el principal argumento que utilizaron para intentar evitar su extradición desde Serbia. Al parecer, el exmilitar sufrió recientemente un derrame cerebral. Además, se especula con la posibilidad de que haya sido sometido a sesiones de quimioterapia y hasta se habla de que fue operado en 2009 cuando se desconocía su paradero.
«Los mejores cuidados»
El secretario del TPIY, John Hocking, remarcó ayer que Mladic «recibe los mejores cuidados médicos posibles» en La Haya. Desde su llegada a suelo holandés, el tribunal se ha encargado en todo momento de verificar su estado de salud. Un médico se desplazó el martes al aeropuerto de Rotterdam para examinarle y avalar su ingreso la prisión de Scheveningen, donde como es habitual pasó su primera noche en una celda de aislamiento. Hocking precisó que Mladic se mostró «extremadamente cooperador» y no dio señales de desorientación ni de incapacidad mental como habían asegurado sus abogados.
El secretario judicial aclaró que por el momento no se han tomado medidas especiales por riesgo de suicidio. El exgeneral serbobosnio había proclamado en alguna ocasión que antes de sentarse frente al Tribunal de La Haya se quitaría la vida. Según Hocking, su actitud no tuvo nada que ver con esos antecedentes. «Escuchó con verdadera atención la información que le dimos», desveló en referencia a las explicaciones que le ofrecieron sobre su nueva situación y el proceso judicial que se abre mañana.
La embajadora bosnia en Holanda, Miranda Sidran-Kamisalic, también acudió a recibir al exmilitar a su llegada a Holanda. La diplomática formó parte de la delegación oficial que se entrevistó durante una hora con Mladic. «Estaba muy, muy hablador», indicó antes de describirle como «un anciano con bastante buena salud». «Quiso saber mi nombre y estaba interesado en la ciudad de la que procedía. Hasta me preguntó en qué distrito de Sarajevo vivía», agregó. El presunto criminal de guerra contribuyó a la conversación recordando que su casa en la capital bosnia fue pasto de las llamas.