Precedido por cuatro días de intensas gestiones, en dos horas de conversación entre el presidente hondureño Porfirio Lobo y su antecesor, el derrocado Manuel Zelaya, quedó zanjada una grave crisis de más de 35 meses. Al rubricar el Acuerdo de Cartagena, Lobo solicitaba la vuelta de su país a la Organización de Estados Americanos (OEA) y arrancaba la cuenta atrás para que el exmandatario del sombrero texano pueda regresar a Tegucigalpa el próximo sábado acompañado de mandatarios y ministros de varios países de la región.
Los buenos oficios de los Gobiernos de Bogotá y Caracas posibilitaron el encuentro en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias. El presidente Juan Manuel Santos fue testigo de honor del encuentro. A la casa de huéspedes ilustres de la ciudad caribeña llegó primero Lobo, cuyo avión había aterrizado hacia las ocho de la tarde hora española. «Estamos muy contentos de venir aquí, finalmente, a sellar lo que es el documento que nos permite poder normalizar la relación de Honduras con todos los países del continente americano», declaró el líder centroamericano en el aeropuerto. «De parte del Estado no hay política de perseguir a nadie», agregó.
Minutos después lo hacía Zelaya acompañado del canciller venezolano Nicolás Maduro, quien firmó como testigo junto a su colega colombiana María Angela Holguín. Ambos integrarán una comisión de seguimiento que velará por el cumplimiento de lo pactado.
Puntos fundamentales
Los cuatro puntos fundamentales del acuerdo son: cese de la persecución a Zelaya y a unos doscientos de sus partidarios y retorno seguro al país, garantías para convocar un proceso constituyente, respeto a los derechos humanos e investigar posibles violaciones y garantías para que el Frente Nacional de Resistencia Popular sea reconocido como partido político y así pueda participar en las próximas elecciones generales.
Como paso previo, la Corte Suprema de Justicia hondureña suspendió a principios de mayo dos procesos por corrupción contra Zelaya iniciados en 2009 y tres órdenes de arresto. El empeño del depuesto mandatario en convocar un referéndum para convocar una Asamblea Constituyente fue el detonante del golpe político-militar que le sacó por la fuerza y en pijama a Zelaya la noche del 28 de junio de hace dos años y a Honduras de la OEA. El exmandatario protagonizó después un sonoro encierro en la embajada de Brasil. Cuatro meses después salía autoexiliado hacia la República Dominicana.
Según un comunicado de la presidencia, con este acuerdo Lobo «cumple con el mandato expresado por el pueblo hondureño en las urnas en noviembre de 2009 en el sentido de lograr la unidad y la reconciliación nacional, y vivir en paz y tranquilidad».