Arrancó el 'play off' para los rojillos en un histórico campo y frente al que podía ser considerado el 'coco'; tenía muchos inconvenientes esta cita y al final el fiel de la balanza se decantó del lado de los locales que se impusieron por 2-0; un resultado favorable para los cadistas pero que no tiene por qué entenderse como insalvable aunque, lógicamente obligará a los de Pouso a hacer un esfuerzo suplementario para encarar la necesaria remontada.
El Mirandés saltó al terreno de juego en plan dominador, salió con valentía y consiguió que el Cádiz tuviera que refugiarse en su campo. No creaban los rojillos ocasiones porque no llegó a disparar hasta la portería defendida por Álvaro Campos, pero todo pintaba bien.
Alain, Pablo y Mujika se asomaban al balcón del área, pero lo cierto es que la primera contra de los amarillos Enrique se adentró en el área y el colegiado entendió como penalti la acción de Caneda que intentó quitarle el cuero.
De lanzar el máximo castigo se encargó Carlos Caballero. Su flojo disparo fue rechazado por Wilfred, pero el rechace no pudo ser despejado por los defensas y el que anduvo listo fue Cifuentes que batió al meta rojillo para hacer el 1-0 cuando el crono marcaba el minuto 4.
Un tanto que provocó un cambio de guión porque el Mirandés, que tenía que mantener la cabeza fría debía a partir de ese momento remar a contracorriente. Y el Cádiz tenía desde bien pronto el encuentro donde quería; dejar que los rojillos intentaran tomar la iniciativa y ellos, a esperar las contras.
Y con el marcador a favor los del Ramón de Carranza empezaron a poner en práctica el fútbol que les resultaba más cómodo.
El Mirandés se aproximó con las acciones a balón parado. Un lanzamiento de falta permitió a Jony disparar con intención, pero su envío acabó en saque de esquina. También estuvo cerca de la puerta un envío de Iván Agustín, pero todo esto entre las oportunidades, más claras de los locales que seguían poniendo en apuros a la zaga mirandesista, con sus rápidas incursiones en el área y con la estrategia de las jugadas a balón parado.
El dominio en el primer tiempo fue para el Cádiz que aprovechó perfectamente el colocarse tan pronto por delante en el marcador, y la lógica precipitación de los rojillos en momentos puntuales. Optó a veces por un juego directo con balones en largo y así lo único que hizo fue facilitar la tarea de los centrales amarillos. El Mirandés quería restablecer las tablas, no renunció a buscar el gol del empate y eso propició que los locales tuvieran oportunidades de demostrar la velocidad de sus puntas.
Pero ese ímpetu pudo ser al final parado por los rojillos que de ese modo consiguieron marcharse a los vestuarios con la desventaja mínima en el marcador. Y lo que había que esperar era cómo saltarían los don conjuntos tras el paso por los vestuarios.
Ni el uno ni el otro renunciaron a conseguir sus objetivos, el Mirandés quería el empate y el Cádiz ampliar las distancias. Y así las cosas fueron los rojillos los primeros en intentarlo pero el envío de Muneta se estrelló en la muralla defensiva cadista y se perdió por línea lateral cuando se cumplía el tercer minuto de la reanudación.
Dos después fue más intencionada la acción de Pachón, que cabeceó tras una nueva jugada de estrategia. Quien respondió a la perfección fue Wilfred que logró despejar a córner. Y parece que esta nueva aproximación volvió a animar a los cadistas que en el 55 hizo intervenir una vez más al portero sevillano que atajó el envío de Enrique.
A dormirlo
El Mirandés no acababa de encontrar el modo de tener claras opciones, y más difícil lo tuvo a partir del minuto 58 cuando José González decidió dar entrada a Jurado, de corte más defensivo. El técnico local enseñó sus cartas, ya no quería atacar sino esperar y verlas venir.
Y al final la apuesta, le resultó productiva porque el Mirandés, que nunca le perdió la cara al partido, tuvo que adelantar sus líneas y al no poder concretar ninguna de sus aproximaciones hacia el área, los de José González echaron mano de la experiencia para no arriesgar lo más mínimo y buscar una nueva contra.
Con el Mirandés más volcado que nunca sobre el área del Cádiz se produjo el mazazo final; un gol cuando sólo quedaban siete minutos para el final del choque. El autor del primer gol, Cifuentes, que se convirtió en el mejor del partido, envió un centro medido al área para que cabeceara Moreno. Llegó el 2-0 y, si no la desilusión, sí la desesperación porque el esfuerzo no tenía ningún rédito.
Los últimos ataques, ya a la desesperada, resultaron infructuosos y lo que le queda ahora al equipo es apretar los dientes para voltear el marcador el próximo domingo en Anduva.