Al grito de 'Lo llaman democracia, y no lo es', fue como expresaron su descontento los mirandeses que acudieron al llamamiento realizado por el movimiento 15 de mayo.
La cita fue a las siete de la tarde y desde minutos antes fueron llegando, en su mayoría jóvenes para reivindicar de modo pacífico cambios en la situación que vive el país. Fueron alrededor de 300 los mirandeses que apostaron por esta fórmula para «reflexionar en voz alta», porque eso fue lo que pidieron los organizadores, que surgieran las voces de entre los que se encontraban concentrados. En ese sentido la respuesta fue parca ya que no muchos se decidieron por tomar el megáfono y plantear sus ideas o reivindicaciones. Uno de los que optó por manifestar públicamente sus ideas lo que hizo fue dirigirse a los mayores. Planteó que el movimiento no debería de quedarse sólo entre los jóvenes, sino que también deberían unirse a él los que ya han superado la barrera de los 50.
La mayoría prefirió escribir sus mensajes y pensamientos en el papel que se extendió sobre la calzada. Ahí si, en ese espacio es donde, rotulador en mano, comenzaron a aparecer las sensaciones de indignación de los ciudadanos. Se convirtió en el mural útil para que se expresaran todas las quejas.
Algunos de ellos llevaban sobre sus camisetas carteles en los que podía leerse, 'sin trabajo, sin piso, sin dinero, sin miedo'.
La concentración, que se desarrolló sin ningún tipo de incidentes y que, según los convocantes «no tiene que quedarse aquí, tendremos que seguir planteando acciones reivindicativas», tuvo su punto álgido con la lectura del manifiesto 'Democracia real, ya'; el mismo que se leyó en todas y cada una de las concentraciones que se han sucedido a lo largo de todo el país.
En él se hizo hincapié en que todos los participantes eran personas normales y corrientes y que estaban indignados por la situación. Entre las propuestas están la de priorizar hacia la igualdad, el progreso, la solidaridad o la felicidad de las personas. Reivindicaron que derechos básicos como la vivienda, el trabajo, la cultura o la educación deben estar cubiertos; y alzaron la voz para criticar que «la mayor parte de la clase política, ni siquiera nos escucha».
Para cambiar las cosas propusieron una revolución ética. «Hemos puesto el dinero por encima del ser humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos de mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quien lo compro».
Y por todo esto se mostraron convencidos de que las cosas pueden cambiar, que todos y cada uno pueden ayudar y concluyeron afirmando que «sé que unidos podemos, sal con nosotros, es tu derecho».