El reloj da la razón sólo a Kloden

El alemán, como en 2000, gana la ronda vasca en la contrarreloj final, con Intxausti en cuarto lugar y Samuel, sexto

J. GÓMEZ PEÑAZALLA.
Kloden, en el centro, subió a lo más alto del podio flanqueado por Horner, a la izquierda, y Gesink . ::
                             FOTOS: JORDI ALEMANY/
Kloden, en el centro, subió a lo más alto del podio flanqueado por Horner, a la izquierda, y Gesink . :: FOTOS: JORDI ALEMANY

El 'viejo' Andreas Kloden parecía historia del ciclismo. Pasado. «No te piden el carnet de identidad en la metas», replica. El calendario dice que va camino de los 36 años, pero el reloj, la contrarreloj de Zalla, lo desmintió ayer. Kloden marca el tiempo, lo domina igual que hace once años. Contra el reloj ganó la Vuelta al País Vasco de 2000 y también la que ayer concluyó en el caluroso circuito de Zalla. Kloden es presente. Su compañero Horner y el holandés Gesink le flanquearon en un podio al que no pudieron subir ni Beñat Intxausti, cuarto, ni Samuel Sánchez, sexto. Durante las cinco etapas anteriores, todos corrieron esperando la respuesta del reloj. Esa táctica sólo le ha servido a uno, a Kloden, el único que tenía razón al considerarse favorito. De esta Vuelta al País Vasco queda una pregunta abierta: ¿Y si la contrarreloj se disputara antes de la última etapa de montaña? Quizá así habría menos cálculos y más ciclismo.

«Era una contrarreloj perfecta para mí», resumió Kloden. A su edad, es un ciclista transparente. Se sabe cómo es. La etapa de Zalla fue fiel a la lógica. Desgranó los segundos como se esperaba: ganó Martin, el mejor especialista en ausencia de Cancellara. Y cerca estuvo Kloden, el esperado. Sólo el holandés Gesink habló más alto de lo previsto. Acabó tercero en la general por las 176 milésimas que le sacó Horner. Nada. Y pudo haber sido segundo si no se mete en una cuneta a seis kilómetros del final. Podio foráneo. Samuel Sánchez se sostuvo al inicio de la contrarreloj, hasta la subida a la Casa de Juntas de Avellaneda. Luego, en Beci, le faltó cilindrada. A Beñat Intxausti, pletórico al inicio, le pudo el aire en contra al final. Como a Tondo. El viento siempre te da menos de lo que te quita. Ninguno tuvo opción ante Kloden: Gesink le cedió 41 segundos; Horner, 46; Intxausti, 54; Tondo, 57; Samuel Sánchez, 1 minuto y 8 segundos, y David López, 1'22.

Lo doloroso no es perder, sino hacerlo sin gloria. La Vuelta al País Vasco ha corrido durante cinco días amorzada por la contrarreloj final. Sin órdagos. Sin desorden. Sin ese punto de locura que enciende a los aficionados. Al dictado del reloj. Y de la historia. El reloj de pulsera fue un encargo del ejército alemán a un fabricante suizo antes de la II Guerra Mundial. Así evitarían que en plena acción los pilotos de aviación germanos se entretuvieran sacando los engorrosos relojes de bolsillo. Ayer ganaron dos alemanes. Kloden -también casualidad- es hijo de un piloto militar alemán que voló para la Unión Soviética. Nació en la Alemania del Muro, la del Este. Dictatorial. Allí no se elegía: a los once años vieron que valía para el deporte. Le sacaron de casa y le internaron en la Escuela de Deportes, Infancia y Juventud de Berlín. Una docena de talentos por aula.

El hermano pequeño

Dos cursos más arriba estaba un tal Jan Ullrich. Conectaron. Kloden se convirtió en su hermano pequeño. Soñaban con ser como Uwe Ampler, el ganador de la Carrera de la Paz, el 'Tour de la Europa Soviética'. Del otro Tour, el de Francia, nada sabían. Estaba prohibido. Veto a la decadencia occidental. Pero siempre había alguien que pirateaba las antenas de televisión y por ahí, como hoy por Internet, se colaba la libertad. «Recuerdo imágenes de Fignon en el Tour», cuenta Kloden. A ese Tour llegó Ullrich cuando se iba Induráin. Arrollador. Lo ganó en 1997. Y el 1 de mayo de 1998, su hermano Kloden ingresó en su equipo, el Telekom. No cuajó. No daba la talla. Un estudio de la luego controvertida Universidad de Friburgo concluyó que todavía no había madurado. Llevaba dos años de retraso. Aun así, Walter Godefroot, mítico director, le dio una oportunidad más.

La aprovechó: se convirtió en el Ullrich flaco. Ganó la París-Niza de 2000 y, un mes después, la Vuelta al País Vasco que se le escapó a Jalabert. Le vistieron de sucesor de Ullrich. Él lo negó. «Necesito mucho tiempo para llegar a su altura», declaró. Tenían el mismo origen; vivían en el mismo pueblo, Merdingen, junto a la Selva Negra; se trasladaron juntos a Suiza; compartían las vacaciones... Hermanos. El mayor y el menor. Luego, cuando a Ullrich se lo tragó la 'Operación Puerto', se puso al servicio de Vinokourov en el Astana. El positivo del kazajo en el Tour le llevó a otro equipo, el de Contador y Armstrong. Siempre el segundo de la fila. Como si nunca hubiera querido ser el primero. «Jamás será como Vinokourov», le comparó Godefroot. «No tiene su agresividad». Kloden es distinto, más paciente y calculador. En invierno busca las playas australianas para garabatear sobre las olas con su tabla de surf. A Kloden le gustan la calma y los relojes de pulsera. La profesión de su padre. Volar.

Alto. En su palmarés hay dos segundos puestos en la general del Tour. Y muchas carreras de una semana como las dos Vueltas al País Vasco que ha ganado con once años de distancia. Pero nunca ha sido el líder. Ni cuando en 2004 ganó, por delante de Ullrich, el campeonato de Alemania. Al ponerse el maillot en el podio vio que le quedaba grande. Era de la talla de Ullrich, su hermano mayor, el ganador al que la organización esperaba. Ese día se equivocaron. Ayer, no. El maillot amarillo de Zalla le sentó como un guante. La carrera le recordaba: pesa igual que en 2000, cuando el reloj le dio por primera vez la razón. Le ha esperado once años.

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