Las cigüeñas marcan su territorio. Y si no que se lo pregunten al macho que hace tres años decidió fijar su residencia en lo alto de una antena de telefonía ubicada en el centro de Amorebieta. Pese a los intentos del Ayuntamiento, a petición de la empresa, de lograr su traslado a una de las plataformas instaladas el pasado año en el parque de Ixerango, 'Lizar' y su pareja han vuelto a anidar en la torre. Mientras desde el Ayuntamiento informan sobre la intención de proceder a su «desahucio» a lo largo de esta semana, desde el Servicio de Conservación de la Diputación advierten de que no podrá hacerse nada hasta mayo, cuando los futuros cigoñinos tengan al menos 30 días.
'Lizar' se aferra a su nido, algo habitual entre las aves migratorias. Sin embargo, tras su regreso a Amorebieta a finales de febrero, anidó en una de las dos plataformas de Ixerango a las que el pasado año fue trasladado por el programa de reintroducción de la cigüeña en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. Pero su estancia allí se vio alterada por algunos niños de la localidad. «Por lo visto les tiraban objetos al nido», detallan desde el Servicio de Conservación foral. Esta circunstancia propició, según las mismas fuentes, su huida a la antena de telefonía en busca de seguridad. No tuvieron problemas para salvar los obstáculos que les pusieron el año pasado para instalarse allí.
Los problemas se plantean a la hora de desalojar a las aves. «Sería perjudicar a la pareja y en ningún caso lo autorizaría la Diputación», advierten. Casos como el de Amorebieta también se han producido en Mungia, donde una de las dos parejas que anidan en el municipio se ha instalado en una grúa. También en Orduña, con seis parejas, se han construido tres nidos en la fachada de la iglesia, que el pasado año fue reparada y retirados los nidos. En sendos casos tendrán que esperar a mayo para proceder al traslado a parques cercanos.
La cigüeña blanca, cuyo proyecto de reintroducción arrancó en 2003, cuenta con trece parejas. En 1991 se asentaron los primeros ejemplares en Orduña, que hoy cuenta con seis parejas, una menos que el pasado año. Una década después llegó otra a Durango y en 2006 una más en Forua. Amorebieta las recibió en 2008, después de más de dos décadas, casi al mismo tiempo que Mungia. Y el pasado año arribaron otras tres parejas a Plentzia, Igorre y Mungia.