«Me he encariñado con todos sus paisajes y con toda su gente», dijo ayer la paisajista Diana Balmori. Ha tenido tiempo de empaparse de Bilbao, porque lleva «diez años esperando» para ver hecha realidad la flamante plaza Euskadi, que conecta el Ensanche con Abandoibarra. Antes había otras prioridades. Desvíos de infraestructuras, las primeras obras, la construcción del aparcamiento subterráneo. Después la debacle financiera le impuso drásticos recortes presupuestarios, aunque se ha esforzado en mantener «la esencia» del proyecto original. «Solo falta que crezcan los árboles para crear un ambiente mágico. Entonces parecerá mucho más grande», aseguró a los asistentes a la inauguración.
Tiene un tamaño similar a la de Moyua, aunque es totalmente distinta. Ni clásica ni rompedora, con una gran alfombra de hierba que da continuidad al parque de Doña Casilda hacia el de la Campa de los Ingleses, aún en obras. El eje central es un camino de forma sinuosa -desde la plaza del Museo hasta la calle Ramón Rubial- pavimentado en piedra natural, el único material que ha sobrevivido desde el proyecto original. El alcalde no dudó en bautizarla como «plaza de crisis» porque ha costado 1,3 millones de euros, «seis veces menos de lo previsto en un principio».
Tilos, robles y manzanos
En su conjunto, el presupuesto de la glorieta y el parque de la Campa de los Ingleses ha bajado un 60%, de 10 a 4 millones de euros, pero la plaza parece haberse llevado la peor parte. Hubo que renunciar a una fuente «con mucho movimiento y efectos de luz, como una escultura de agua», explicó un miembro del equipo de la paisajista argentina. También se suprimieron las «espectaculares figuras que adornarían las chimeneas del parking» y se eligieron materiales más baratos y árboles de menor porte, lo que más ha dolido a Balmori. 91 ejemplares -tilos, robles, manzanos y un árbol de Júpiter- se han instalado en el corazón de Abandoibarra.
Se plantaron a principios de febrero y ayer se les veía tímidos, desnudos, formando dos hileras en torno al paseo con bidegorri que rodea todo el perímetro y alrededor de las zonas de estancia. Se espera que en dos años alcancen unos diez metros de altura y la conviertan en «una isla de tranquilidad». ¿Abandoibarra es lo bastante verde? Diana Balmori, que ha participado desde el principio en la planificación urbanística junto a César Pelli, cree que lo será «cuando se llenen las copas» de los árboles y se complete el parque de la Campa de los Ingleses, de 25.000 metros cuadrados, que estará listo a fin de año. «Va a cambiar muchísimo», dice. Las zonas ajardinadas son las últimas grandes obras de la operación, el primer reto que asumió Bilbao Ría 2000. El director general de la entidad destacó que ahora recogerá el testigo Garellano, donde a fin de año, tras el traslado de la Policía y los Bomberos a Miribilla, se espera iniciar los derribos para dejar espacio a la construcción de 1.050 viviendas. «Aquí hay muchos promotores, a ver si se animan», remató Azkuna.