El director médico del Hospital Psiquiátrico de Álava, Fernando Mosquera, defiende a capa y espada la cultura de la coordinación y la cooperación entre especialistas en tratar las enfermedades mentales y profesionales de otros ámbitos para dar la mejor atención posible a los pacientes. Un ejemplo de los buenos resultados de esta filosofía es lo que ocurre con la unidad terapéutico educativa de Álava, una miniescuela ubicada en el instituto Ekialde y en la que profesores y terapeutas atienden a chavales de entre 12 y 16 años aquejados de diferentes psicosis en los momentos en los que sufren crisis.
Más de un millar de menores alaveses padece algún tipo de enfermedad mental con la que tienen que vivir. La mayoría hace una vida normalizada que tiene que interrumpir cuando sufren alguna recaída. La vuelta a los estudios se les hace muy dura tras un lapso que puede durar meses.
Desde 2008, Osakidetza y Educación han sumado esfuerzas para crear esta unidad pionera que va ya por su tercer curso. El pasado curso pasaron por sus aulas y talleres un total de 13 alumnos y la mitad de ellos pudo incorporarse si no al completo sí parcialmente a su centro escolar.
Estos escolares aquejados de enfermedades graves como neurosis, psicosis o trastornos de personalidad son evaluados cuando llegan al centro a fin de confeccionarles una terapia individualizada. Desde allí también se trata a los niños que están hospitalizados en su domicilio o en periodo de convalecencia.
Además de las clases regladas -los profesores se coordinan con los tutores de cada chico para saber qué materias están impartiendo- asisten a talleres de artes gráficas, expresión plástica o cocina y a sesiones de terapia individual y relajación. Tienen incluso un conejo al que deben alimentar y limpiar y algunos ayudan en la perrera municipal.
Nuevos retos
Se trata de conseguir mejorar su capacidad para relacionarse, para expresarse en público, ganar autonomía y aprender técnicas para controlar su estrés o ansiedad, sin perder de vista los estudios. Es más, cuando son dados de alta, lo habitual es que incluso hayan mejorado su rendimiento académico, explican los terapeutas. El siguiente reto es el de ampliar estas aulas y atender a niños más pequeños.
Otro ejemplo de la importancia de la cooperación interinstitucional es el primer centro abierto en Álava con el apellido de 'espacio sociosanitario'. Se trata de la casa Abegia del Alto de Uleta (Armentia), la primera residencia donde se abordará de manera integral la reinserción social de personas con enfermedades mentales asociadas al consumo de drogas o alcohol.