Las cuentas de 'Operación Triunfo' no son las primeras que no le salen a Pilar Rubio (Torrejón de Ardoz, 1978). Le pirran las Matemáticas. Pero la audiencia no entiende de lógica cartesiana. Más bien se rige por ilógicos logaritmos y crípticas hipotenusas. Y eso que ella iba para contable. Pero cuando estudiaba Económicas, la fama, la tele y el trampolín para convertirse en guapa de España se cruzaron en su camino. Aparcó los estudios, se dejó llevar por el torbellino del estrellato y subió como la espuma. Como la espuma de esa cerveza negra o tostada que le encanta. Pero ya lo dijo Newton. Todo lo que sube, baja. Y Pilar Rubio oficiará esta noche el 'funeral' televisivo de los 'triunfitos', la temprana muerte del programa y el mayor batacazo profesional de la deseada madrileña.
Aunque a una guerrera como Pilar Rubio, enamorada del heavy y de la lucha mexicana, un golpe no la va a hacer besar la lona. «Siempre quise ser actriz, pero a la vez estudiaba. Aparqué la carrera al empezar en la tele. Algún día terminaré». En tercero de Económicas cambió los libros por los flashes y los focos, entre los que empezó a moverse con solo 14 años. Catálogos de moda, algún anuncio de cervezas y fotos ligera de ropa en revistas masculinas como 'FHM' o 'Sie7e' fueron algunos pinitos de juventud. No tardó en volar del nido familiar. Con 24 años ya era un rostro conocido después de lucirse como azafata en 'Lo que necesitas es amor' o 'El precio justo'. Se independizó, pero sin grandes lujos. Nunca ha sido amiga de ellos. Un apartamento de 50 metros en el barrio de Tetuán fue su hogar hasta hace pocos años. Con salón, una estrecha cocina, cuarto de baño y un dormitorio. Eclipse, la agencia que la representa, no desvela dónde vive ahora. «No le gusta hablar de su vida personal».
Eso sí: en su nueva casa siguen dos de sus posesiones más preciadas: una estantería desde el suelo hasta el techo con cedés y deuvedés y una maqueta con un dragón y muñecos de Iron Maiden. Y suena lo mismo: mucho rock.
A los 12 años empezó a escuchar heavy y hoy apenas compra música de otro estilo. Se enfada si le dicen que le gustan artistas como Beyoncé («¡No fastidies!», se queja en su perfil oficial de Facebook). Ella se queda con Motorhead, Barricada, Kiss (tiene el carné de socia número 195 de Kiss Army Spain), Alter Bridge, el Bryan Adams rockero... Sus botas 'Dr. Martens' han pisado muchos conciertos. De los últimos, el Sonisphere 2010, en Getafe. Aunque de los grupos se queda con uno: Hamlet. O más bien con su vocalista, José Molinero, 'Molly'. Es la cara más visible de una banda de heavy surgida en Madrid en 1987. Se llevan más de 10 años, pero eso no impide que sea su pareja desde hace una década.
La fama tampoco la ha endiosado. «Es muy humana, muy risueña y pendiente de los problemas de los demás», dice un actor que ha trabajado con ella. Defectillos también tiene: «Impaciente y fácil de sacar el genio». Sus colegas son los mismos que los de la guapa estudiante de Económicas. Siempre que puede se escapa al 'Metal Room', un pub de heavy de Vallecas con jarras de kalimotxo a dos euros y donde toma 'birras' con los suyos. Allí recibió el año tras dar las Campanadas en Tele 5 con Sara Carbonero y Marta Fernández. Fuera tacones, de riguroso negro, botando y haciendo cuernos con la mano al son del 'metal'. Igualita que en OT.
Impostora en Twitter
Por donde sí vuela es por las redes sociales. Desde el verano pasado no se separa de un iPhone con el que está en contacto con sus fans a través de Facebook. En Twitter luce generoso escote y nariz roja, en apoyo a Álex de la Iglesia y contra la ley Sinde. «Triste... Ains... :')», decía el miércoles @pilarrubio tras el matarile a Operación Triunfo. Muchos medios se hicieron eco. Craso error. No es ella, sino una impostora que se hace pasar por la presentadora. Los peligros de la red.
Parece mentira, pero la imagen no le quita el sueño. No aguanta las peluquerías, aunque se tinta la melena en el local de Clara Cocera, en Aranjuez. Otra de toda la vida. Y el año pasado volvió al gimnasio después de cinco años. Lo suyo es el 'jogging'. La genética hace el resto. La dieta tampoco le impide ser una apasionada de las barbacoas. O pegarse una panzada de comida mexicana en El Alamillo de Madrid. Mata los pocos ratos libres que tiene diseñando sus propias camisetas («con aguja e hilo me olvido del mundo») y si se estresa juguetea con un mini llavero con el cubo de Rubik. ¿Y a la hora de vestir? Tras la cámara, estilo 'casual' y heavy. Adora los complementos (los Reyes le trajeron un monedero, un bolso, un cinturón de Sendra... y una batidora). Y un nombre por encima de todo: los corsés y las faldas de Maya Hansen, premiada en Cibeles. Su último viaje también fue muy doméstico. En verano visitó Cádiz, Segovia, Granada y Motril. En casa le va lo de sofá, mantita y peli. De las últimas que ha visto, 'Eclipse'. La saga vampírica le fascina. «Es la trilogía más sensual y sexual que he visto últimamente. ¡Quiero ser vampira!». Como Pilar Rubio: dulce y dura.