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Villa vuelve a sonreír

19.02.11 - 02:41 -
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Afirman que es mirarle a la cara y hallar un gesto alegre, que destila felicidad, que demuestra que se trata de un tipo que disfruta, inmerso en un momento dulce, quizá el más delicioso de su carrera deportiva. También aseguran que cuando habla destila una sensación de calma, de amabilidad. «Por más que diga que soy feliz, creo que se me nota», guiña. Después de un estreno titubeante, de un aterrizaje un tanto complicado en la megagalaxia azulgrana, él, una estrella contrastada, máximo goleador español en las últimas dos campañas, segundo artillero en el Mundial, ya se ha adaptado a la atmósfera del mejor equipo de la primera década del siglo XXI. Y, por eso, David Villa (Tuilla, Langreo, 3 de diciembre de 1981) vuelve a sonreír.
Porque sus inicios en Can Barça fueron duros. De hecho, muchos se apresuraron -como se ha demostrado con el paso del tiempo- a profetizar que el asturiano iba a convertirse en un 'caso Ibrahimovic', ese futbolista que costó 90 millones y que por su carácter taciturno nunca llegó a conectar con este equipo de amigos, 'envidioso' de la clase y el peso de Iniesta, Xavi, Messi... El sueco, ego mayúsculo, nunca se acopló, ni aceptó transformarse en un actor un mínimo peldaño por debajo del trío que ha copado el podio del FIFA Balón de Oro. Otros temieron que el fichaje de Villa minimizaría el potencial ofensivo de Messi, que se establecería una batalla entre ambos. Él, que ayer no se ejercitó por un golpe en el tobillo pero que en principio jugará mañana, lo niega: «Desde dentro no tenemos esa opinión. Las cifras dicen que, tras mi llegada, el rendimiento de ambos ha mejorado».
El 'yo' por el 'nosotros'
Esos veloces agoreros, por tanto, se equivocaron. Es cierto, Villa sufrió para tomar tierra. «Me costó un poco meterme en la dinámica». Porque su desembarco en el cuadro azulgrana le obligó a dejar su posición de referente en ataque, de ser la 'luz', el 'nueve' matador que había desarrollado en el Sporting, el Zaragoza y en el Valencia, para escorarse a la izquierda, un lugar que ya ocupó con maestría durante el Mundial de Sudáfrica. «Toda mi vida he actuado como delantero centro, como hombre más adelantado. Ahora, cuando ataco, noto la diferencia de jugar más de extremo. Pero me siento a gusto y rindo bien en cualquiera de las bandas y en el centro. Por eso me siento a gusto con Guardiola, estoy feliz de haber congeniado tan bien con él y parte de mi mejora es por su culpa», acepta el asturiano.
Y el técnico le reconoce su capacidad de sacrificio, su humildad, su disposición para el trabajo; dicen que es el primero que se presenta a los entrenamientos y de los últimos que se va... Vamos, que haya 'escondido' el 'yo' por el 'nosotros'. «Una parte es talento y la otra voluntad, si tienes voluntad, como Villa, es fácil adaptarse», le alaba Guardiola, el «filósofo» tan odiado por Ibrahimovic. Aunque es verdad que el de Tuilla partía con cierta ventaja, ya que había compartido muchas horas en la arena con hombres como Piqué, Puyol, Iniesta, Xavi, Víctor Valdés, Sergio Busquets y Pedro, campeones del mundo todos y de Europa, algunos. Y ellos le ayudaron, igual que Messi y el míster. «El entrenador y los compañeros no me permitieron que me sintiera mal en ningún momento», les agradece de palabra.
«Lo mejor está por llegar»
Y también en el césped, donde ha sabido interpretar ese nuevo rol que tardó casi diez jornadas en perfeccionar. «Los goles son importantes para el equipo, pero cuando no los meto me hacen ver que hago cosas importantes o trabajo para que los hagan otros», ha aceptado en una conversación con 'El País'. 26 palabras que Ibrahimovic no hubiera pronunciado ni bajo amenazas. Porque él era él, y el Barça debía ser sólo para él.
En cambio, el asturiano, que entiende a la perfección el catalán (producto de cinco campañas en Valencia) pero que no lo habla por vergüenza, asume que en el fútbol son once, aunque existen ocasiones, como en el inolvidable 0-8 en Almería, que se le nota obcecado, ofuscado, porque falta su gol. Sin embargo, a pesar de alguna tarde oscura, sus números no se han resentido. Es más, han mejorado en aspectos que antes quedaban en un segundo plano. «Me estoy moviendo en las mismas cifras que en los últimos años (lleva 15 goles en Liga). La diferencia es que doy más asistencias. Pero mi porcentaje goleador no está bajando», expone el máximo artillero de la selección empatado, con 44 dianas, con Raúl.
Ha aumentado, por ejemplo, el número de pases que efectúa; ya no es coger el balón, agachar la cabeza y dirigirse como un toro a la portería rival. No. Ahora Villa, sonrisa perenne, siempre con ganas de aprender, agarra el esférico y combina con un compañero. «Es que un delantero debe pensar en otras cosas más que en marcar goles», explica este asturiano del Barça de toda la vida: «De pequeño tenía fotos con todos, con Guardiola, y sobre todo con Luis Enrique». Y ahora él está ahí. En un equipo que le regale esos títulos que se le han resistido (sólo dos Copas del Rey), donde vuelve a reír. Eso sí. «Lo mejor está por llegar», promete, aún impresionado por la dictadura del Barça: «Nunca había arrasado como aquí. ¡En mi vida!».
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David Villa celebra el gol que marcó el pasado miércoles en el Emirates Arena de Londres ante el Arsenal. :: EFE

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