Escudado al toque por Manuel Parrilla, el cantaor gitano José Cortés Jiménez (La Línea, Cádiz, 1946), alias Pansequito, oficiará hoy en el teatro Barakaldo (23.00 h, 12 euros) y el sábado en Vitoria (Centro Cívico Hegoalde, 20.30 h, 10 euros). Avanza: «Los que vengan a verme saben quién soy y los temas donde me voy a mover. Tengo que luchar por lo mío y cada vez quedamos menos. Haré el puro cante gitano. Tengo mis palos fuertes y me siento a gusto con la soleá, el taranto, mis alegrías, las bulerías, la seguiriya...».
A su abuelo y su padre les apodaban Panseco, y el descendiente es profesional del flamenco desde los 15 años. «Me llamó Manolo Caracol cuando inauguró su tablao Los Canasteros en Madrid. Preguntó por algún niño que cantara en Cádiz y le dijeron que en El Puerto había uno que se llamaba Pansequito. Yo no me dedicaba a cantar, ni muchísimo menos. Estaba con mis líos, estudiando, y más escapándome de mi casa porque me gustaban los toros. Nos vestíamos dos o tres de maletillas y nos íbamos a hacer travesuras con 12 o 13 años. Saltábamos las alambradas y nos metíamos en las manadas».
Pero su padre no lo quería como torero. «Ese era mi sueño, no pensaba ser profesional del cante. Me fui para Madrid y caí bien. En aquella época yo era el único niño cantando. Había chavalas que tocaban la guitarra muy bien, y que bailaban, pero no había más que yo de cantaor». A Manolo Caracol aún lo admira. «Aprendí todo de él. Yo era un niño pero tuve mucha relación con él porque le caía bien. No le gustaba que le dieran coba, y a mí no me gusta darle coba a nadie. Y cantando le gustaba».
En la noche de Madrid aprendió el negocio. «Era un niño y fui con gente de la parte de Cádiz. En verdad iba bajo la tutela del abuelo de la que es hoy mi mujer. El abuelo iba con su hija, que era María Vargas, y ellos prácticamente cuidaron de mí. Cuando llevaba 15 o 20 días en Madrid alguna noche ya me pegaba mis escapadillas y tenían que salir a buscarme. Después, cuando llegaba, me querían pegar, porque yo era un niño. Cosas de la juventud».
«Da igual la raza»
Empezó cantando desde atrás, para los cuadros de baile, y luego para los bailaores. Acompañó a Antonio Gades. «La máxima figura. Gades era un fenómeno. En el baile va a ser difícil que salga alguien como él. Hay quien baila muy bien, pero Antonio rozó la perfección, a la que nunca se llega, la tuvo casi en las manos. Era un tío muy en su sitio y le gustaba salir de oscuro porque el flamenco tenía categoría».
Allá por 1970, Pansequito se lo montaba en solitario. «Hice mi primer disco y me independicé. Iba a los tablaos en plan de figurita. A salir a cantar solo, que era lo que yo quería, claro». Desde entonces se le tiene como cantaor renovador. «Por mi forma de cantar. Era un niño y tenía la voz de un hombre de 70 años. La voz bronca. La misma que tengo. A mí no me cambió la voz. Y gané un concurso nacional de cante en Córdoba, con tres o cuatro disco en la calle. Uno de ellos el famoso 'Tápame, tápame/tengo una novia morena que se llama Andalucía', en el 74, y vendí quinientas y pico mil copias».
Coetáneo de Camarón y Rancapino, le tira sobre todo el cante gitan. «Yo me iba para lo mío. Me dolían más, tiraban pellizcos cantando. Ahí estaban La Perla de Cádiz, María Vargas, La Paquera... En aquella época, mujeres que no fueran gitanas había pocas cantando. Pero la persona que vale, vale y ya está. Da igual la raza».
Su último disco es 'Un canto a la libertad' (09), donde colabora su esposa, Aurora Vargas. «Ahí canto de todo. Hay cosas alegres, y cuatro palos como soleá, seguiriya y tarantos. Con este disco he triunfado en la Bienal de Sevilla. Ha costado mucho dinero porque hay muchos artistas: Raimundo, Moraíto... Y hay palos aceptables para muchos: para el purista, el menos purista, los chavales modernos... ».