Tras varios días de cruces de mensajes y declaraciones públicas, el Gobierno vasco oficializó ayer su posición respecto a la decisión del PNV de finiquitar la fusión fría entre la BBK y la Vital -tras ser abortada por los presidentes de ese partido en Guipúzcoa y Álava, Joseba Egibar e Iñaki Gerenabarrena- y de tratar de relanzar una más que improbable integración real de las tres cajas vascas. Lo hizo a través del consejero de Economía, Carlos Aguirre, quien, de forma contundente, afeó la conducta a la formación nacionalista, se posicionó en contra de la fusión real -aunque sin cerrar definitivamente ninguna puerta- y pidió retomar la integración virtual entre las cajas vizcaína y alavesa, porque lo contrario, dijo, podría «costar muy caro».
Aguirre dio calabazas al PNV en su pretensión de que el Ejecutivo vasco apoye el nuevo proyecto de fusión a tres. Y lo hizo además censurando la actuación nacionalista. Sin citarles directamente ni una sola vez, situó a los jeltzales en el centro de sus críticas. «Parece que hay alguna formación política que utiliza las cajas para sus movimientos políticos, probablemente internos». Fue el primer dardo lanzado por el consejero al partido presidido por Íñigo Urkullu. Pero no el único. «Resulta muy decepcionante comprobar que hay dirigentes de formaciones que, con unos argumentos que no se explican muy bien, tratan de impedir operaciones de integración puestas en marcha por los órganos ejecutivos de las cajas», sentenció.
Y es que, a su juicio, esa es una de las claves, dejar que las propias entidades sean «las que decidan sus estrategias», dado que son «las que mejor» conocen «la situación. En ese punto, recordó que el Gobierno «ha apoyado sin reservas» la propuesta de fusión fría de la BBK y la Vital «dejando a las partes» que fijaran las condiciones.
El Gobierno vasco sigue apostando sin ambages por esa fórmula, como mejor opción para lograr que las entidades vascas se doten de la dimensión necesaria para jugar un «papel fundamental» en el proceso de reordenación del sector. Ese elemento, unido a que la fusión fría permitiría salvar los problemas generados en los anteriores intentos de integración, llevó a que Aguirre no dudara en afirmar que «creemos que deberíamos seguir con el proceso de fusión fría».
Frente a ello, la opción que quiere impulsar el PNV, la de la unión de la BBK, la Vital y la Kutxa, supondría, según aseguró, «perder una buena oportunidad para redimensionar» y, además, «ralentizar los procesos». Algo que, según advirtió, podría «costar muy caro» al sector vasco. En suma, el Gobierno de Vitoria parece tener muy clara su posición en este asunto, compartida tanto por el PSE como por el PP.
Petición a Salgado
Con todo, el PNV está dispuesto a echar el resto para lograr su objetivo. Y está pulsando todos los resortes a su alcance, tanto internos como externos. Ayer, pidió de nuevo al Gobierno central que ejerza presión sobre los socialistas vascos para que modifiquen su postura y finalmente se decanten a favor de la integración real de las tres cajas de ahorro vascas.
La petición se produjo durante una entrevista celebrada en el Congreso entre el portavoz de la formación nacionalista para asuntos económicos, Pedro Azpiazu, y la vicepresidenta económica, Elena Salgado, con el fin de analizar el decreto de recapitalización de las entidades financieras que el Gobierno aprobará el viernes y para cuya aprobación tendría ya apoyos sobrados.
Azpiazu defendió ante la responsable de Economía las bondades del proyecto de fusión del PNV para crear una gran 'Euskal Kutxa' anclada en el País Vasco y con la suficiente dimensión para afrontar con garantías el futuro panorama del sector financiero. En ese contexto, y al contrario del planteamiento expuesto días atrás por el presidente del PNV de Guipúzcoa, Joseba Egibar, Azpiazu expuso ayer a Salgado que cuando se haya conformado la nueva entidad podría crear un banco para operar, en línea con la tendencia que adoptarán la gran mayoría de cajas de ahorro.
En ese sentido, tal y como ya había hecho anteriormente el presidente del EBB, Íñigo Urkullu, el portavoz económico del PNV en el Congreso condicionó su apoyo a la reforma financiera y pidió a la vicepresidenta que influya en el PSE para que apoye ese proyecto «estratégico» para Euskadi.
Por su parte, Salgado, que trasladará ese planteamiento a sus colegas vascos, respondió a Azpiazu que, dada su buena posición al cumplir sobradamente las exigencias de capital planteadas, el Gobierno dará margen a las tres cajas vascas para que afronten el proyecto que sea necesario.
En lo que respecta al decreto que será aprobado el viernes, la titular de Economía tiene previsto mantener las exigencias de capital del 8% para bancos y del 10% para cajas que no coticen, si bien explicó que flexibilizará el aspecto relativo a los plazos en los que el FROB permanecerá en el capital de las cajas que nacionalice. Frente a los cinco años previstos, el plazo podría reducirse a un año, con la posibilidad de que un inversor pueda adquirir directamente al FROB la citada participación.