El sentido común de Freire

«Cada vez hay más locos en este deporte», lamenta el tricampeón mundial, que pide una «sanción de por vida» para Ricardo Riccó

J. GÓMEZ PEÑAPALMANOVA.
Óscar Freire se prepara en la salida de la primera jornada de la Challenge de Mallorca, el domingo pasado. ::                             EFE/
Óscar Freire se prepara en la salida de la primera jornada de la Challenge de Mallorca, el domingo pasado. :: EFE

A Óscar Freire, segundo ayer en la Challenge de Mallorca, no le gustan los aeropuertos. «Me ha pasado de todo». Las cosas que a él le suceden. «Una vez fui a volar y había quebrado la compañía. Y en más de una ocasión esperando el embarque me he sentado, a lo mío, mientras los otros pasajeros subían al avión y, sin darme cuenta, me he quedado en tierra», recuerda. Se ríe de su condición de despistado. Le sobran palmarés, humor y, sobre todo, sentido común. Se nota cuando le preguntan: «¿Vive como un rico?». Y responde: «No, bueno, depende. Vivo como un rico porque hago lo que quiero. Se puede ser rico de muchas maneras. Dinero no me falta, pero por tenerlo no voy a derrocharlo».

Lo mejor que le puede pasar al ciclismo es que Óscar Freire gane el Mundial de 2012. «Sólo así, por llevar el arcoiris, correría en 2013», cuenta. El próximo martes cumplirá 35 años. «Ya no queda casi ningún corredor de los que empezaron conmigo». Pero no se nota viejo. «El año pasado sólo tres ciclistas ganaron tres clásicas: Cancellara, Gilbert y yo». Abundan los testimonios de corredores que hablan de su deporte como una tortura, un calvario. Freire, también en eso, es distinto: «Si te acompaña la salud, el ciclismo es fácil». Fácil para él, que ha ganado tres mudiales, tres Milán-San Remo, la París-Tours, la Gante-Wevelgem... Tanto. Lo malo es que le ha tocado la época de los mil escándalos. Y eso le duele: «Cuando empecé, la gente nos miraba como campeones; ahora es todo lo contrario. Es lo peor que le ha pasado a este deporte».

Chasquea la lengua cuando pronuncia el nombre de Ricardo Riccó, el ciclista que casi se mata con una transfusión sanguínea. Niega con la cabeza. No lo entiende. No se calla: «Espero que le descalifiquen de por vida. Yo trato de hacerlo lo mejor posible y cada vez me doy cuenta de que hay más locos en este deporte. No sé qué deporte hacen. Casos así te desaniman porque la gente piensa que todos somos iguales».

Habla con un punto de decepción, de desapego. Hace unos años, cuando los controladores antidopaje invadieron las casas y la intimidad de los ciclistas, Freire levantó la voz. Protestó por lo que consideraba un maltrato. Casi se quedó solo en esa protesta. Vio la insolidaridad que anida en su deporte. Aprendió. «Ahora paso olímpicamente de todo. Cuando se pudo hacer algo, no se hizo nada. Cada uno miraba por sus intereses. Ahora, como a muchos les ha pillado el toro, quieren hacer grupo y protestar. Y ahora es cuando yo no estoy de acuerdo en muchas cosas. No voy a poner la cara por nadie».

Freire sabe que la ley de este ciclismo es: «Sálvese quien pueda». Ni siquiera cree en esta unión reciente del gremio contra la prohibición del pinganillo: «Parece que los ciclistas se han unido, pero eso se debe a que lo del pinganillo les interesa a los directores y a los equipos. Cuando algo vaya en contra de los directores y los equipos, volverá la desunión entre los ciclistas. Así que seguiré por mi propio camino». Así llegó al ciclismo, así esprinta y así afronta el final de su extraordinaria carrera.

Aislado

Ahora que las redes sociales e internet tintinean noticias y mensajes a cada minuto en los teléfonos móviles, Freire prefiere no saber. Mejor en su isla. «Es que cada día sale algo nuevo. Cada vez hay más medios para que la gente respete las normas antidopaje y, aun así, hay algunos que van de listos, se arriesgan y hacen daño a este deporte». Lleva demasiado tiempo sobre el asfalto para ser optimista. «Ojalá pudiera decirle a la afición que esto se va a acabar, pero ni yo mismo lo sé. Visto lo que pasa...».

Freire es un dorsal del exilio, víctima de la falta de cultura ciclista española. El Mapei italiano, primero, y el Rabobank holandés, ahora, le mostraron ese otro mundo rodante: los adoquines, los muros, los templos flamencos, los sprints de leyenda... España vive para el Tour, y a Freire ni siquiera le gusta la ronda gala. En 2011 no la disputará. Tiene otros asuntos: San Remo, la Amstel Gold Race, el Mundial...

Los españoles han ganado los cinco últimos Tours. En la próxima no estará Valverde y, casi seguro, tampoco Contador. «La afición se desanimará. Pero es que nos habíamos acostumbrado a esos triunfoxs. Parecía fácil ganar el Tour, y no lo es. Bueno, Valverde volverá en 2012 y seguirá siendo el mejor. Con Contador no sé qué pasará. No pinta bien. No lo va a tener fácil para correr».

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