«No queremos declaraciones banales de perdón que se suscriben en formato administrativo. La cuestión está en hacer Justicia». José María Múgica reivindicó ayer el papel de las víctimas del terrorismo de ETA. En un sentido acto de homenaje a su padre, Fernando, asesinado por la banda hace quince años en San Sebastián, exigió «poner en valor hasta el final de las consecuencias un instrumento maravilloso como es la Ley de Partidos». No caben atajos para la izquierda abertzale radical, vino a decir en el Kursaal, en un acto en el que estuvieron presentes significados representantes del PSE, además del ministro de Economía, Valeriano Gómez, y del exvicepresidente Alfonso Guerra. «El final del terrorismo debe construirse sobre nuestra victoria», añadió.
Un mensaje que endureció, minutos antes del homenaje, otro de los hijos de Fernando Múgica, Rubén, quien comparó a Rufi Etxeberria con el general nazi «Goebbels» y exigió al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que actúe contra la nueva marca de Batasuna desde esta misma tarde. «Es imposible que toda esa basura -en referencia a la izquierda abertzale- condene la violencia.
El militante de UPyD se despachó contra los dirigentes radicales. «Rufi Etxeberria es ETA. Ese nuevo partido será ETA y lo que hay que hacer es perseguirlo». Según reconoció, su familia «ni olvida ni perdona» el crimen de Fernando Múgica. En su opinión, el Estado debe dar todos los pasos para que «los vencidos sean los criminales, los 'Rufis' y toda esa basura. Y los vencedores, los ciudadanos que llevan décadas sometidos al imperio del silencio».
«Si Goebbles en la Alemania nazi -insistió- hubiera hablado de libertad de expresión, las víctimas de aquel Estado de terror se hubieran estremecido. Si Rufi registra los estatutos de un partido, lo que hace es insultar a la inteligencia de los ciudadanos de bien».
En recuerdo de 'Poto'
Sus palabras marcaron un homenaje en el que se glosaron la capacidad de sacrificio y el esfuerzo que Fernando Múgica exhibió toda su vida. «Le tocó sufrir tres grandes violencias del siglo XX. Su familia fue perseguida por los nazis por ser judía cuando era un niño, sufrió el acoso de la dictadura franquista desde su juventud y murió asesinado por el terrorismo de ETA en la plenitud de su vida», recordó su hijo José María. El acto en recuerdo de 'Poto' sirvió también para presentar el libro 'Recuerdo de Fernando Múgica', escrito por su compañero y amigo Txiki Benegas.
«En algunos momentos fue doloroso recordar, pero este libro ha engrandecido la consideración que tenía de 'Poto' como persona. Era un hombre singular, inteligente, irónico, con un sentido del humor privilegiado, con unas ganas de vivir desbordantes. Una buena persona que sabía ser menos bueno cuando hacía falta», rememoró Benegas.
El histórico dirigente del PSE se refirió a Múgica como «uno de esos socialistas de corazón que lucharon por la libertad de todos y a quienes unos terroristas arrebataron la vida». «No pueden arrebatarnos la idea de que ningún proyecto político se puede fundamentar en la violencia. Los socialistas hemos vivido años de soledad, de sufrir en silencio, en gran medida por la inhibición y cobardía de parte de la sociedad que miraba para otro lado cuando se producían asesinatos. Todas esas vidas y ese sufrimiento no habrá sido en balde. Acabará ganando la libertad».
El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, actual presidente de la Fundación Pablo Iglesias, también glosó la figura de Múgica en una intervención con una fuerte carga poética. Guerra recordó los años finales de la dictadura, cuando estrechó su amistad con 'Poto', que en varias ocasiones acogió en su casa donostiarra a los dirigentes del PSOE que querían pasar a Francia en la clandestinidad para organizar el partido. «Era un hombre claro, que no entendía las posiciones equilibristas en cuestiones tan evidentes como el terrorismo, ni las de los siempre comprensivos que fantasean con razones políticas. No es posible aceptar el papel de seda para defender los crímenes. Ahí Fernando mostraba un total respeto a las víctimas y a la verdad».