La sede de la BBK en Zorrozaurre, uno de los referentes de la transformación de la zona, se hará esperar más de lo previsto. Aunque no renuncia a instalarse en la isla que simboliza el futuro de Bilbao, la entidad ha decidido posponer la operación debido al momento tan convulso que vive el sector, en plena reestructuración, y a la incertidumbre de la situación económica. El proyecto del rascacielos, que lleva la firma de Zaha Hadid y está muy avanzado, se guardará «en un cajón» a la espera de circunstancias más propicias para su despegue.
Así lo anunció el presidente de la entidad, Mario Fernández, durante la convención anual de directivos que el pasado fin de semana reunió a unas 900 personas en el BEC, la segunda que preside desde que sustituyó a Xabier de Irala como máximo responsable. Según han informado algunos asistentes al encuentro, Fernández abordó este asunto al repasar los hitos de la Obra Social y dijo que se cumplirá el contrato con la prestigiosa arquitecta, pero, tras abonar sus honorarios, el proyecto quedará aparcado.
Fuentes de la caja consultadas por EL CORREO han confirmado que este no es el momento de abordar una operación de tanta envergadura. Cuando se tomó la decisión, en 2007, se cifró en 80 millones de euros el coste de la construcción de la nueva sede social. El 16 de julio de 2009, el día que se firmó el contrato de Zaha Hadid, ya se barajaba un presupuesto de 120 millones. Entonces se fijó un plazo de un año para la entrega del proyecto, que el alcalde definió como «la guinda» de Zorrozaurre. Pero no se dieron plazos para iniciar las obras. «Es prematuro hablar de fechas», respondió Irala con cautela a las preguntas de los periodistas.
«No sería entendible»
Independientemente de la marcha de la operación urbanística, con sus avances y retrocesos, la BBK ha marcado sus propios tiempos. En un momento clave tanto para la propia entidad como para el conjunto del sector, con fuertes exigencias de capital por parte del Gobierno, «no toca» afrontar la inversión de Zorrozaurre. Aunque es una caja potente y de las más saneadas de España, tiene demasiados frentes abiertos -tras culminar el proceso de adquisición de CajaSur, en plena negociación de la fusión fría con la Vital y sin que se despeje el panorama de la crisis- para embarcarse en esta ambiciosa operación inmobiliaria. «No sería entendible», insisten las fuentes consultadas, tras precisar que el parón no supone una renuncia, sino un aplazamiento.
La decisión de la BBK no parará el ritmo de la regeneración de Zorrozaurre, que aún está en la fase de definir la ordenación urbanística. La próxima gran actuación será la apertura del canal de Deusto y los terrenos reservados para levantar su sede social se asientan en la futura isla, justo frente a la clínica del Igualatorio, que ya deja ver su esqueleto. La caja pactó con la sociedad pública Visesa una opción de compra de esa parcela por 24 millones de euros.
El rascacielos tiene un gran peso como uno de los motores de la operación. Junto al edificio del IMQ y la instalación de Idom en el antiguo depósito franco -que ya están en obras gracias a la tramitación de planes parciales-, encarna la apuesta por la implantación de actividades económicas en Zorrozaurre. Por generar centros de empleo y desarrollo económico además de viviendas, equipamientos y espacios libres, un modelo constructivo de hacer ciudad.
Tampoco es desdeñable su papel como icono arquitectónico de vanguardia. Al igual que la torre de César Pelli en Abandoibarra, es el edificio al que pondrá su firma la autora del diseño urbanístico de toda la zona. La BBK dio absoluta libertad a Zaha Hadid para proyectar un inmueble que reflejara su personalidad «económica y social». Sólo marcó la altura, veinte plantas, y la superficie de oficinas, 25.000 metros cuadrados. Tras la renuncia a las construcciones previstas junto a la curva de Elorrieta -que se cayeron del mapa junto a los polémicos rellenos del canal de Deusto-, la torre de la BBK aparece en las infografías como la más alta de Zorrozaurre, esa «guinda» de la que hablaba el alcalde cuando se firmó el contrato. «Lo que estoy pensando tal vez sea complicado», afirmó aquel día la prestigiosa arquitecta al esbozar el diseño del edificio, al que se comprometió a aportar «frescura y modernidad». Pero no es sólo el aspecto técnico el que entraña dificultades.