Contemplativo por naturaleza

El cantautor donostiarra atenaza a la vida en un debut mágico y afrancesado

ÓSCAR CUBILLO
El próximo sábado abandonará su buhardilla de Gros para actuar en la Cúpula del Campos. ::                             THOMAS CANET/
El próximo sábado abandonará su buhardilla de Gros para actuar en la Cúpula del Campos. :: THOMAS CANET

Tan eminente como ignoto para la mayoría de la gente que pasea por la calle es el cantautor Rafael Berrio, de 45 años, un diamante en bruto de las letras descarnadas, un inspirado domador de melodías, un hombre herido pero con fuerzas. Directo y delicado, habitante de una buhardilla del barrio donostiarra de Gros, le preguntamos si se considera cantautor, poeta u observador de la vida, y responde: «Poeta es mucho decir. No rebajemos tanto ese término. Cantautor sí, pero sólo en el sentido estricto de la palabra, no en las connotaciones, que son indeseables. Observador de la vida, seguramente. Soy contemplativo por naturaleza».

Los paseantes con o sin norte desconocen a Berrio y se pierden las propiedades curativas de su talento, pero hay personas de la movida que se rinden a sus pies. Por ejemplo los músicos participantes en su nuevo disco, asalariados de Fito y de Quique González. Talentos como Senperena, quien, Dios, qué arreglos orquestales ha aportado. Agradece Berrio: «El maestro Joserra Senperena es quien ha escrito los arreglos y ha llevado a cabo la producción de este álbum. Que no es un álbum, sino una cátedra. Muchos lectores ya sabrán que Senperena ha sido el pianista de Fito dos temporadas, de manera que tampoco es raro que hayamos contado con la generosa participación del gran Carlos Raya, de Dani Griffin y de otros amigos comunes. Todos de manera desinteresada».

Su disco, '1971', suena afrancesado y... voilà: «Es verdad que me gusta, o me ha gustado, la 'French Connection'. Fui deslumbrado sobre todo por Barbara, 'La chanteuse de minuit'. Y, en fin, por Aznavour, por Brel, por Moustaki... La música francesa es maravillosa y es una pena que el mercado esté dominado por lo anglosajón como plato único. Mi familia emigró toda a París en los 50 buscando trabajo y se estableció allí, en el barrio de Barbès. Mi madre fue la única que se regresó a España, así que todos mis primos son parisienses de primera generación».

Ex Amor A Traición y ex Deriva, Rafael Berrio no es profesional de nada. «La música jamás me dio para vivir y tampoco sé si querría vivir de ella. Soy ama de casa. Me ocupo en las labores del hogar. Es mi compañera quien trae el sueldo. Soy un hombre muy austero que viste en traperos de Emaús, bebe vino corriente y come vegetariano».

Semejante eremita ha destilado '1971', opus total absolutamente magistral que fluctúa entre América (Cohen, Oldham, Micah...) y Europa (Tiersen, Brassens, Nyman, Battiato, Vainica...), de las BSO imaginarias a la música de cámara misteriosa. Chapeau. Sus letras, legibles sílaba a sílaba, las inspira «el pasado, sin duda. La experiencia. El presente siempre es decepcionante y el futuro nunca acaba de llegar. El pasado es un buen sitio donde buscar refugio. Pero la inspiración viene de cualquier lado. Una buena frase, algo que lees en una novela, algo que oyes en un bar... Nunca sabes por dónde te va a venir la iluminación. A menudo los primeros versos son regalo de la musa».

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