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Contra el maltrato, compromiso

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Contra el maltrato, compromiso

08.01.11 - 02:26 -
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En este mismo momento en el que usted está leyendo el artículo hay entre 10 y 15 hombres pensando en cómo asesinar a su mujer, a su novia, a su pareja. Así de simple, así de cruel. Unos planificarán el asesinato utilizando la escopeta de caza porque pueden, porque tienen licencia, porque son cazadores. Otros echarán mano del cuchillo de cocina porque también pueden, porque está ahí, cerca, todos los días. Los que no conviven con su pareja aprovecharán una cita para llevarla en el coche a un descampado, violarla y estrangularla. Los más 'creativos' apagarán varios cigarrillos en el cuerpo de la mujer antes de acabar con su vida.
Este relato, cruento y descarnado, forma parte del día a día que nos rodea. Es solo la conjunción de pequeños detalles de los 71 asesinatos que refleja la fría estadística del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad en el año 2010. Una realidad invisible, una lacra, la del maltrato, que no preocupa, que no aparece en los medios de comunicación como debiera, que no está programada en las agendas políticas. Asesinatos que no cuentan, que no consiguen hacernos reflexionar, a los que no se da la relevancia suficiente para que se conviertan en conversación de cena, de bar, de familia, de partido político, de organización social.
Los malos tratos no nos duelen porque no van dirigidos sobre nuestra persona de manera directa, porque la sociedad todavía piensa que es un problema de los vecinos del segundo que no paran de gritar, porque creemos que en la vida de esa pareja no tenemos porqué meternos, ellos verán lo que hacen con su relación. Bastantes problemas tenemos ya con la hipoteca y con el futuro incierto de nuestro partido político o con el pasotismo escolar de nuestra hija menor. La solidaridad con el dolor ajeno nos pilla demasiado lejos. Y la necesaria concienciación y sensibilización que nos debiera llegar desde los gobiernos, desde las distintas administraciones, es insuficiente, torpe y demasiado tímida, nada rotunda, nada comprometida.
Sin duda alguna, se ha avanzado un gran trecho desde la aprobación en 2004 de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral. Tenemos en el Estado, además de la mencionada norma, una Ley de Igualdad, otra que regula la orden de protección e infinidad de protocolos de actuación. En Euskadi pasa lo mismo. Otra Ley de Igualdad, está en marcha el V Plan de Igualdad liderado por Emakunde, y ha nacido hace algo más de un año una nueva Dirección de Atención a Víctimas de la Violencia de Género que trabaja a destajo en la lucha contra esta barbarie, aunque con escasos medios económicos y humanos. El andamiaje legal, a la vista queda, está más que reforzado. Sin embargo, el número de asesinatos no solo no desciende sino que alcanza los peores índices de la década. ¿Qué está pasando?
Lo primero que es urgente dejar claro es que los sistemas de intervención con mujeres que sufren violencia machista son asistencialistas, es decir, que asisten, que atienden solo cuando se produce un daño. Los protocolos que activan los mecanismos de coordinación entre los distintos operadores encargados de asistir en un hecho violento solo funcionan cuando se conoce la agresión y, sobre todo, cuando existe un ataque físico. Y esta realidad esconde otra muchísimo más preocupante. La de la prevención y la de otro tipo de violencias, como la psicológica, que permanecen, la primera hibernando por falta de propósito, y la segunda agazapada, creciendo, multiplicándose, haciendo daño no visible, gangrenando a las mujeres por dentro, sin olor, sin color.
Los mecanismos de respuesta institucional ante la agresión funcionan. Eso sí, requieren de constante revisión y de apuestas claras en aquellas áreas de mejora que se detecten. Que las hay… y muchas. Pero ha llegado ya la hora de trabajar en la prevención. Ha llegado el momento de educar en la escuela, en los institutos, en la Universidad. Hay que invertir en prevención para evitar el asesinato y el maltrato psicológico. Es necesario destruir los mitos y los estereotipos sexistas, pero desde la convicción más determinante de que se está haciendo lo correcto. De que se están sembrando otro tipo de valores en los que la mujer aparece en igualdad con el hombre. Y hay que hacer de la prevención de los malos tratos una cuestión de Estado. Debe figurar en las agendas políticas. Debemos hacerle un hueco en los debates económicos. Toda la sociedad tiene que estar implicada en esta magna tarea. Porque la mitad de la población son mujeres.
Ninguna solución se alcanza sin compromiso. Y este compromiso en la lucha contra la violencia machista debe ser consensuado al más alto nivel. Todavía no se ha escuchado a los grandes partidos su inquietud por llegar a un pacto de Estado en este asunto. Ni hemos asistido a un pleno monográfico en el Parlamento vasco en el que se analice esta cuestión y se defienda un acuerdo firme para su erradicación. Por no hablar de los medios de comunicación, que todavía siguen tratando este tipo de asesinatos como vacías crónicas de sucesos. Y recuerdo: Mientras tanto pasan los días y son asesinadas en las calles del País Vasco mujeres como Cristina o Amelia.
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:: JESÚS FERRERO

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