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Euskadi ha perdido más de 21.000 explotaciones agrícolas en una década

el agro vasco

Euskadi ha perdido más de 21.000 explotaciones agrícolas en una década

Representantes del sector advierten de que el futuro pasa por la diversificación y el fomento de la compra directa

19.12.10 - 02:33 -
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La alarma se ha disparado en el agro vasco. Las centrales sindicales ya venían alertando en los últimos años sobre el continuado cierre de negocios, pero un reciente estudio del Instituto Vasco de Estadística (Eustat) deja en evidencia el auténtico descalabro. En la última década han desaparecido nada menos que 21.779 explotaciones, la gran mayoría familiares. «Es un claro reflejo del abandono del medio rural y la destrucción del tejido socioeconómico del sector», advierten responsables de EHNE. En esta fuerte caída han jugado un papel fundamental la crisis económica, la presión de los precios y la reducción de las ventas de productos autóctonos, sin olvidar la falta de relevo generacional. La pérdida de puestos de trabajo se cuenta ya por miles. Sólo al comparar los relativos a la categoría de jefes de explotación se ve la sangría: entre 1999 y 2009 se ha pasado de 24.700 a 16.445; es decir, 8.255 responsables menos.
Por sectores, el agrario ha perdido un total de 8.293 explotaciones. La mayor parte de ellas se encontraban en Vizcaya, que ha registrado una caída del 37% y se queda en la actualidad con 7.075 negocios. Le siguen, con tres puntos menos, el territorio alavés, que contabiliza el número más pequeño de parcelas productivas de los tres territorios -3.546-, y Guipúzcoa, con 5.810. La relevancia del «precio como único factor del consumo alimentario» ha sido una de las principales causas que ha propiciado el continuo cierre de este tipo de negocios en la última década. Ha sido la razón por la que muchos productores se han visto obligados a ajustar tanto los márgenes de beneficios que «han acabado ahogándoles y abocándoles a su definitiva clausura», señalan responsables de otro sindicato agrario, ENBA.
El descenso del número de empresas agrícolas ha ido de la mano de un crecimiento paulatino en la extensión de las que perviven. Una tendencia que, en opinión de ENBA, está directamente mediatizada por la política europea. Así pues, el volumen de una explotación agrícola se ha incrementado en la actualidad hasta un 18% más que en 1999. Los representantes sindicales insisten en el momento «crítico» que atraviesan este tipo de explotaciones que, pese a poder optar por una posible reconversión en empresas más grandes y competitivas, «no son capaces de soportar la presión de los precios». Esta situación ha contribuido, además, a la destrucción de «miles de empleos directos e indirectos», al «empobrecimiento» de los pueblos rurales y a una mayor dependencia externa, añaden los representantes de EHNE.
Menos granjas
Dentro del sector ganadero, que ha registrado una pérdida de 13.486 explotaciones, el bovino de leche y el porcino han resultado los más afectados. Durante el último decenio el número de granjas con vacas lecheras y cerdas madre ha caído un 68,5% y un 68,2%, respectivamente. Un retroceso que sigue en aumento y que, unido a la bajada de precios de en torno a un 40%, ha propiciado en el último mes el cierre de dos explotaciones lecheras más en Vizcaya, según dan a conocer los responsables de ENBA.
El censo también constata la caída en el sector de las vacas de carne, con un 33% menos, frente al mantenimiento del número de ponedoras y al incremento de un 25% entre los equinos. No obstante, el estudio hace hincapié en que las granjas han aumentado considerablemente el número de cabezas por explotación en la mayoría de sus casos.
Los fuertes cambios que están revolucionando el campo también han alterado el perfil del baserritarra. Según el Eustat, los menores de 40 años a cargo de una explotación agropecuaria han pasado de 3.126 a 1.626 en la última década, un 47% menos. En el caso de los hombres la caída se eleva a un 50% y en el caso de las mujeres ronda el 36%. Este alejamiento de los jóvenes tendrá una fuerte repercusión a corto plazo. EHNE calcula que en unos siete años decenas de hectáreas quedarán yermas. «Teniendo en cuenta la reestructuración del sector y el escaso relevo generacional, sólo por edad van a desaparecer otros miles de explotaciones, además de las que se cierren por la inexistencia de un política eficaz de utilización de nuestros recursos agroganaderos».
El sector reconoce que el actual modelo de explotación y de gestión agropecuaria no funciona. El futuro parece ir encaminado por la línea de la diversificación y el fomento de otras estructuras de compra directa, entre los que se encuentran los grupos de consumo. Según los datos extraídos del Eustat, un 30% se ven obligados a desempeñar actividades complementarias a su actividad agraria utilizando los recursos de la propia explotación como la silvicultura, la transformación de productos agrícolas o el agroturismo.
EHNE estima que la reactivación del sector se encuentra, en gran medida, en manos de los entes públicos. Para ello propone que en todos los comedores públicos vascos se utilicen alimentos autóctonos. Esta iniciativa incrementaría la demanda de productos y como consecuencia el número de empleos agroganaderos y de terrenos destinados al sector. Además, aseguran, la administración pública debería otorgar un apoyo «real a los sectores ganaderos para que los productores puedan tener granjas rentables económicamente y estar menos dependientes de recursos externos».
También ayudaría a estos negocios el impulso de la compra en pequeños comercios y mercados, así como a través del fomento de otras estructuras de compra directa como son los grupos de consumo, que en el caso de EHNE responde al nombre de Nekasarea. Este tipo de comercialización, eliminando intermediarios, contribuiría a aliviar los efectos de la crisis del sector, según evidencia ENBA. La venta directa es más factible con productos agrarios, pero se complica con los lácteos y las carnes. «Tanto en Vizcaya como en Álava los mataderos no son acordes a las necesidades, ni en volumen ni en calidad de las infraestructuras», advierten desde este sindicato. «Todavía queda mucho por hacer».
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