El acuerdo presupuestario Zapatero-PNV se encarrila. Está más cerca. El presidente del Gobierno parece querer hacer bueno el tópico de que la política es el arte de lo posible, porque lo que hasta hace unos meses era imposible ahora no lo es. El matiz está en que ni en la negociación de las Cuentas públicas del año pasado con la formación de Iñigo Urkullu ni en los contactos con el Gabinete López para transferir definitivamente las políticas activas de empleo a Euskadi estaba en juego su cabeza. Y ahora sí lo está. El jefe del Ejecutivo central sigue haciendo guiños cada vez más explícitos a la formación jeltzale -en el Pleno de control de ayer insistió con una sonrisa en los labios en que el PNV tendrá «bastante que decir» en el diseño de los Presupuestos Generales del Estado- y, lo que es más importante, se ha puesto manos a la obra para buscar una fórmula que obre el milagro de satisfacer al PNV sin desairar excesivamente a Patxi López y sin formar una cola de autonomías agraviadas, con los nacionalistas catalanes a la cabeza, que exigirían la misma capacidad de gestión en el terreno de la intermediación e incentivación del empleo que se le otorgara a Euskadi.
Y parece haberla encontrado. Sin grandes anuncios ni declaraciones solemnes, Zapatero lo deslizó ayer en otro momento del debate parlamentario, esta vez en un duelo dialéctico con Mariano Rajoy. La interpelación del líder del PP, sobre las medidas que piensa adoptar el Gobierno del PSOE para paliar la crisis, le vino como anillo al dedo para anunciar una reforma global de las políticas activas «para que los servicios públicos de empleo sean mucho más eficaces en el grave y principal problema del paro».
Descontextualizada, la frase puede pasar desapercibida. Pero si se tiene en cuenta que el traspaso de esa misma competencia -de la que a día de hoy sólo carecen Euskadi, Ceuta y Melilla- es la condición previa que pone el PNV para sentarse a hablar de los Presupuestos con Zapatero, la cosa cambia. Porque el partido jeltzale exige que el traspaso se haga según sus exigencias, lo que supone un incremento de alrededor de 180 millones de euros sobre los 300 en que en principio cifraron la transferencia los Gobiernos central y vasco, al añadir la partida correspondiente a las bonificaciones en sus cuotas a la Seguridad Social de las que se benefician las empresas por contratar personal en determinadas condiciones.
La solución menos compleja pasaría por ceder la gestión de esas bonificaciones a todas las comunidades autónomas, pero manteniendo la titularidad del Estado, lo que serviría para evitar traspasar la 'línea roja' que siempre se ha señalado desde Moncloa: no romper la 'caja única' de la Seguridad Social. Según confirmaron a este periódico fuentes del grupo del PSOE en Madrid, ésa es la salida que está perfilando Zapatero para resolver el entuerto y, en consecuencia, amarrar el respaldo del PNV a las Cuentas para 2011, que, en la práctica, valen su continuidad en el cargo hasta el final de la legislatura.
Titularidad del Estado
Una fórmula 'in extremis' que pone en evidencia que lo que en ocasiones se ha podido interpretar como una 'territorialización' de la caja común, también puede no serlo si el Estado se reserva su titularidad y, sobre todo, si las circunstancias lo exigen. De hecho, una de las explicaciones que desde el Gobierno vasco se han dado para justificar la inferior cuantía que López había logrado para ese mismo traspaso es que se trata de un «mero ajuste contable» que implica únicamente que sean las arcas vascas las que hagan la devolución a la Seguridad Social del dinero que ha dejado de ingresar por incentivos a los empresarios. Y que lo fundamental, la capacidad de ejercer unas políticas propias de empleo fijando las cuantías y condiciones de las bonificaciones, seguirá correspondiendo al Estado. Los socialistas pretenden que de hecho así sea, pero hablan de decisiones «pactadas» con las autonomías.
El giro de Zapatero tiene lógica porque, dado que el Estatuto de Gernika no contempla de forma expresa ninguna especifidad vasca respecto a esas bonificaciones -simplemente otorga a Euskadi la competencia de ejecutar la legislación laboral, también para promover «la cualificación de los trabajadores y su formación integral»- el resto de comunidades reclamarían de forma inmediata el mismo trato. Otra cosa distinta es que Euskadi, que recibiría vía Cupo el traspaso, se encuentre con un remanente dada su mejor situación económica, lo que situaría las exigencias del PNV en el terreno del ventajismo.
La vía que ha buscado Zapatero se acompañó ayer de significativas manifestaciones de destacados miembros de su Gabinete, que refuerzan la idea de que el acuerdo con el PNV es cuestión de tiempo, por más que sea imposible hablar de acercamiento de posturas, porque los jeltzales se han sentado tranquilamente a esperar la oferta de Madrid, que aseguran no haber recibido aún. El documento debería contemplar las condiciones en que se realizará el traspaso de las políticas activas así como el «paquete» de transferencias adicionales del ámbito socioeconómico que el Gobierno central estaría en condiciones de negociar.
En todo caso, Alfredo Pérez Rubalcaba se mostró confiado en 'Radio Euskadi' en que «la sensatez y el sentido común» de PNV, PSE y PSOE allanarán el camino al entendimiento, teniendo en cuenta que está en juego, dijo, la salida de la crisis. «Si todos somos razonables alcanzaremos un acuerdo, aunque sea difícil». El vicepresidente tercero, Manuel Chaves, habló ya del traspaso como cosa hecha, aseguró que no representará «ninguna merma» en los ingresos de la Seguridad Social ni la ruptura de la caja y recordó al PP que en época de Aznar también ellos autorizaron transferencias para granjearse el respaldo del PNV.
¿En qué lugar dejan los movimientos de Zapatero a Patxi López? Con la obligación de subirse al carro e intentar llevar la antorcha del acuerdo, como hace ya desde hace varios días, al recordar, como hizo ayer en la Ser, que es él quien firma y negocia en última instancia la transferencia y que él mismo urgió a los negociadores del PSOE a acelerar las negociaciones «para despejar panoramas». E intentando dejar en evidencia al PNV de Iñigo Urkullu. Así, dijo esperar que la negociación «certifique» el traspaso en lugar de «bloquearlo» como el año pasado.