Mejora a reinvertir

La disciplina presupuestaria obliga a limitar el gasto en Euskadi y a que sea productivo

El esperanzador dato de que la economía vasca ha experimentado un crecimiento interanual del 0,5% de su PIB, unido a la mejora en un 0,3% respecto al anterior trimestre, llevó ayer al consejero Aguirre a anunciar la salida de la crisis. Aun siendo técnicamente así, parece indudable que la ciudadanía percibe la situación con más preocupación. Por un lado, la reactivación en producción industrial, servicios y consumo no es todavía capaz de generar puestos de trabajo. Por el otro, y aunque la propia noticia del medio punto de crecimiento constituya un factor positivo para la economía, tanto sus principales actores como la opinión pública tienden a mostrarse cautos ante la perspectiva de que la segunda mitad del año no se presente tan halagüeña o anticipe un prolongado período de limitada mejora. Por destacable que sea la diferencia entre ese 0,5% de crecimiento y el decrecimiento de la media española en un -0,1%, no hay que olvidar que seguimos lejos de la recuperación que protagonizan los países centrales de la Unión y, en especial, sus regiones más avanzadas. El crecimiento se está reflejando ya en un aumento de la recaudación. Esto, unido a las pequeñas correcciones que el Gobierno central parece introducir en su recentísima política de ajuste a ultranza, puede traducirse en una cierta relajación de las restricciones presupuestarias anunciadas para el próximo año por las instituciones vascas. Además, a la posibilidad que la vicepresidenta Salgado abrió ayer para que los ayuntamientos más saneados -y también las diputaciones- puedan endeudarse se le sumarían los resultados económicos que, eventualmente, comporte la negociación de los Presupuestos Generales; incluidos sus efectos en el capítulo de las transferencias pendientes, comenzando por las políticas activas de empleo. El consejero Aguirre avanzó ayer la intención del Gobierno vasco de dedicar el incremento de la recaudación a inversiones. Es en este punto donde convendría que las instituciones recordaran que su compromiso con la estabilidad presupuestaria no puede ser pasajero. Y no sólo en lo que se refiere a la cuantía de lo que vayan a gastar el próximo ejercicio, sino a la hora de orientar las cuentas públicas hacia iniciativas de inversión productiva.

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