José Manuel Vildosola nació hace 59 años en Barakaldo, Vizcaya. Se sigue definiendo a sí mismo como un «jugador», a pesar de que lleva más de 17 años 'desenganchado'. Es el presidente de la asociación Ekintza-Aluviz desde hace seis años.
-¿El registro de autoprohibidos es una buena ayuda para los jugadores?
-A día de hoy el sistema tiene varios problemas. Para empezar, sólo te puedes autoprohibir por un periodo limitado (dos años de máximo) y mucha gente no se da de alta de nuevo cuando termina este tiempo.
-Entonces, ¿no es un buen indicador de la cantidad de ludópatas que hay?
-Nosotros hemos apuntado en el registro a más de 4.000 personas en los últimos 15 años solo en Vizcaya, muchas más de las que hay ahora mismo inscritas en todo Euskadi. Y eso por no hablar de que sólo afecta a los casinos y bingos.
-El mayor número de problemas con el juego viene de las máquinas tragaperras, pero no hay forma de autoprohibirse jugar en ellas.
-Estoy seguro de que se puede encontrar la manera, sólo hace falta voluntad por parte de las autoridades. Ya existen los sistemas que detectan a las personas que pasan mucho tiempo seguido jugando, ahora hace falta que los gobiernos obliguen a los fabricantes a implantarlos. De la misma forma, estoy seguro de que se podría limitar el juego a través del carné de identidad con los medios técnicos de los que disponemos, tanto en las máquinas como en internet.
-¿Es muy diferente el comportamiento que presenta un adicto a las máquinas que otro volcado en casinos o bingos?
-Nosotros, como asociación, no distinguimos: todos somos jugadores independientemente del tipo de juego al que estemos enganchados. Lo que suele pasar es que la gente que tiene un problema con las tragaperras muchas veces también tiene una adicción al alcohol, pero eso es consecuencia directa del lugar donde se juega.
-Y a la hora de cuantificar el gasto, ¿qué tipo de jugadores son los que más dinero emplean?
- Por lo que nosotros hemos podido ver, es a través de internet donde más se gasta. No se tiene una percepción de estar empleando tanto dinero al ser todo a través de la tarjeta de crédito.
-¿Qué es lo que debe hacer un jugador para dejarlo?
-El paso más importante que debemos dar es afrontar que estamos enfermos. En el momento en que eres consciente de que tienes un problema y te reconoces como un adicto avanzas mucho en la rehabilitación.
-¿Creen que se debería limitar más el acceso al juego?
- No, no. Nosotros no estamos contra el juego y no pedimos su prohibición, pero hay aspectos del mismo que se deberían controlar más.
-¿Por ejemplo?
-No es normal la publicidad que se hace ahora mismo sobre el juego. A nadie se le ocurre hacer lo mismo con el alcohol o el tabaco. Todos esos anuncios que te llaman tonto por no comprar billetes de lotería se pasan de la raya, lo mismo que los mensajes que te llegan al teléfono móvil animándote a jugar. Tendrían que limitarlo.
-¿La sociedad no tiene un percepción correcta de la magnitud del problema?
- Los jugadores no somos conflictivos, pero eso no quiere decir que no lo pasemos mal. La Administración abusa de esa imagen de que el adicto al juego tiene un problema en su núcleo familiar, porque en la calle no pasa nada. Deberían reconocer que la ludopatía es una enfermedad.
«Perdemos la dignidad»
-¿No creen que lo vean así?
-Cuándo nos reunimos con las administraciones, vienen las asociaciones de empresas de juego y gente del Departamento de Interior, pero no viene nadie de Sanidad. Que Sanidad coja el toro por los cuernos y diga que aquí hay un problema, que al fin y al cabo son ellos los responsables de la salud pública.
-¿Tan fuerte puede llegar a ser la adicción?
-El ludópata acaba perdiendo la dignidad. Yo mismo hice un desfalco en la empresa en la que trabajaba para poder seguir jugando. No es algo perceptible a primera vista en la calle porque los jugadores somos perfectamente capaces de comportarnos de forma civilizada con nuestra adicción, de sonreír a la gente y actuar normalmente, pero luego por dentro estamos podridos.
-Usted recibe a la gente que viene a pedir ayuda. ¿Cuál ha sido la historia que más le ha impactado?
-En una ocasión vino una mujer con su marido y su hija. La madre era la jugadora y cuándo llegó aquí ya no podía más y se puso a llorar. Entre sollozos nos confesó que se prostituía para poder seguir jugando.