ETA «hace meses tomó la decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas», según hicieron saber ayer tres miembros de la banda encapuchados en un vídeo remitido a la BBC inglesa. El comunicado, grabado con medios aparentemente domésticos, mantiene, sin embargo, todas las dudas en torno a la postura y los planes reales de la organización, ya que, además de no mencionarse en ningún momento la palabra tregua, tampoco se aclara ni el alcance ni el contenido de su iniciativa. Los términos exigidos por la izquierda abertzale radical y EA -que pedían un alto el fuego verificable por agentes internacionales- tampoco aparecen en el mensaje. Los gobiernos central y vasco no dudan en considerarlo «insuficiente».
Precisamente por su contenido y redacción, en algunos sectores que conocen bien el mundo radical se considera que este documento es el previo a un segundo comunicado donde ETA sí especificará sus intenciones. Esta táctica ya la empleó en 2006, cuando anunció el alto el fuego de aquel año mediante un mensaje y, tres semanas después, concedió una entrevista al diario Gara en la que establecía los contenidos reales de su decisión y marcaba los límites de su apuesta. En aquella ocasión, la segunda parte fue más dura y restrictiva que la primera.
Según todos los analistas, el vídeo enviado por la banda a la BBC obedece más a una salida de urgencia adoptada por los terroristas ante la presión interna -y la de los observadores internacionales- que a una declaración en toda regla que marque el terreno de una hipotética negociación. Diversas fuentes han visto en el texto indicios de que ETA tiene un mayor interés en controlar los movimientos de la ilegalizada Batasuna que en poner sobre la mesa un escenario de tregua.
Así, en medios de la lucha antiterrorista se recuerda que términos empleados por la banda como «no llevar a cabo acciones armadas ofensivas» no significan que la violencia se detenga. La extorsión y el chantaje a los empresarios quedan fuera de esa definición, ya que la cúpula etarra las considera «labores de aprovisionamiento» y siempre las ha mantenido, incluso en otros altos el fuego.
Además, al utilizar el término «ofensivo» excluyen de cualquier compromiso crímenes como el del policía francés Jean-Serge Nérin, tiroteado cerca de París tras sorprender a un grupo de etarras robando en un concesionario de coches. En su lenguaje, este asesinato sería una acción «defensiva» y, por lo tanto, podría volver a repetirse. En 2006, por ejemplo, la organización empleó la expresión «permanente» para definir su tregua. Esta vez no existe ni un sólo adjetivo que permita intuir el alcance ni valor de su decisión.
Fuentes antiterroristas recordaban ayer que ETA considera compatible una tregua con la posibilidad de perpetrar atentados, tal y como demostró en el proceso de 2006: tras cometer el atentado de la T-4 que causó dos muertes sin dar por roto el alto el fuego, difundió un comunicado en el que afirmaba que éste seguía en vigor aunque se reservaba el derecho a «responder a cualquier ataque». Los analistas consideran que el texto publicado ayer es todavía más ambiguo puesto que la organización terrorista no asume ningún compromiso.
Por otra parte, el estudio del comunicado revela la intención de los etarras de marcar el terreno a la ilegalizada Batasuna. Toda la primera parte no es más que una declaración donde la organización revisa su medio siglo de historia y se arroga el haber llevado a Euskadi hasta las puertas de la independencia. ETA apela luego a la sociedad vasca a «asumir responsabilidades» en el independentismo y en la respuesta a la represión. Deja claro que «hay que luchar» y utilizar la «confrontación».
A renglón seguido, los terroristas aseguran que «si el Gobierno español tiene voluntad, ETA está dispuesta a acordar los mínimos democráticos para emprender el proceso democrático». Esta frase ha sido interpretada por expertos antiterroristas como la punta del iceberg de un importante debate que estaría llevándose a cabo en el seno de la izquierda abertzale radical para determinar quién lidera todo el movimiento: la ilegalizada Batasuna o ETA. Con este comunicado, los activistas subrayan que son ellos los únicos autorizados para decidir en qué momento se abre el proceso democrático y que lo harán tras asumir la interlocución directa con el Ejecutivo español.
Desde un punto de visto global, una de las valoraciones del mensaje es que la banda señala a Batasuna una 'línea roja' que no puede traspasar: la vanguardia es y será la organización terrorista, por lo que no permitirá que se le usurpe ese papel a la hora de liderar cualquier tipo de proceso político.
En este sentido, el documento que manejan la izquierda abertzale y EA para buscar apoyos a un aparente proceso político reclama a ETA el alto el fuego de forma unilateral, al tiempo que deja los contenidos de los acuerdos que pudieran tomarse en manos de una mesa de negociación con todas las fuerzas políticas. El comunicado de ayer, sin embargo, echa un jarro de agua fría a estas pretensiones: no hace otra cosa que situar de nuevo a la banda como protagonista tutelar de cualquier posible negociación, al tiempo que otorga a los observadores internacionales un papel mucho más ambiguo que el que pretendían Batasuna y EA.
Si para éstos, los observadores verificarían el desarme o ejercerían como «facilitadores» del diálogo entre partidos, ETA se limita a invitar a la «comunidad internacional» para que participe en la «articulación de una solución duradera» y que lo haga con responsabilidad. Por primera vez, los terroristas no mencionan en su declaración al Ejecutivo francés, al que hasta ahora situaban invariablemente al mismo nivel que el español a la hora de culparle de la situación del pueblo vasco.
De la necesidad, virtud
Altos cargos situados en el entorno del Gobierno central y responsables de la lucha antiterrorista consultados por este periódico coincidieron ayer en que la respuesta de la izquierda abertzale al comunicado es el mejor ejemplo de cómo hacer de la necesidad virtud. O de cómo intentar resolver las incógnitas de un mensaje que queda «muy por debajo de las expectativas que se había marcado» el colectivo abertzale.
Por ejemplo, en una rueda de prensa convocada horas después de la emisión del vídeo en la BBC, los portavoces de este movimiento vieron en él «una aportación de un valor incuestionable», interpretando también la ambigüedad mostrada por los terroristas. Donde ETA se limita a asegurar que «hace meses decidió no llevar a cabo acciones armadas ofensivas», la antigua Batasuna sostiene que es el anuncio de «la continuidad de su decisión unilateral, indefinida y no condicionada», unos calificativos que no aparecen en la grabación.
El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero optó por no comparecer en público para valorar las declaraciones, con el objetivo de enfatizar que este no es el pronunciamiento esperado y no merece mayor respuesta. Medios próximos al Ejecutivo, no obstante, sí admitieron que la iniciativa de ETA representa un avance «mínimo», pero que no supondrá en cualquier caso una modificación en la política antiterrorista ni en el mensaje de «o bombas o votos» que repite asiduamente el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.