Probablemente ningún empleado de la fábrica de abrigos Burlington escuchó el estruendo que perforó su tejado la mañana del 11 de septiembre de 2001. El impacto del primer avión contra la Torre Norte, a menos de 200 de metros, había congregado a los trabajadores en la calle, curiosos y atónitos por igual. Un cuarto de hora después, el estrépito de la segunda colisión enmudeció Manhattan.
El tren de aterrizaje de la aeronave salió disparado hasta la azotea de los dos edificios que alojaban el establecimiento en la calle Park Place. Los inmuebles, inutilizados por los destrozos, permanecieron vacíos hasta que un promotor árabe -Sharif el Gamal- compró uno de ellos en 2009 a precio de ganga: 4,4 millones de dólares (3,7 millones de euros) frente a los 18 que llegó a pedir su propietaria, acechada por las deudas.
El centro cultural islámico, rebautizado como Park 51 por la polémica que originó su anterior nombre -Casa Córdoba-, prevé demoler los viejos bloques y erigir en su lugar una imponente construcción de hasta quince plantas acristaladas y «verdes». El interior -además de la controvertida mezquita- albergaría instalaciones deportivas, un auditorio con aforo para quinientas personas, una biblioteca, guardería y un restaurante y escuela culinaria.
Desde la adquisición de la parcela, el lugar ha servido de centro de oración para casi quinientos musulmanes. El nuevo templo ansía reunir a más de un millar de fieles cada viernes, día sagrado en el calendario musulmán. Los promotores aseguran que su finalidad es fomentar la tolerancia interreligiosa y honrar la memoria de los fallecidos en el peor atentado terrorista de la historia. Para ello han ideado un monumento conmemorativo a los casi 3.000 muertos y un espacio de «contemplación silenciosa».
La factura total del proyecto excederá los 80 millones de euros, una gran suma por tratarse del centro de Manhattan. El Gamal, sin embargo, dejó claro que «el dinero no es problema». Su obstinación en erigir el centro a sólo dos bloques de la Zona Cero pese a los innumerables escollos, el precio y la agria polémica han suscitado una gran suspicacia entre el público estadounidense.