Según los últimos estudios, 25.000 vizcaínos tienen actualmente problemas de adicción a los juegos de azar. Nunca ha habido tantos afectados, pero Ekintza-Aluviz, la asociación de ayuda a ludópatas del territorio, está «a punto de echar el cierre». La falta de ayudas para mantener una estructura profesional mínima puede abocar a la desaparición a una organización sin ánimo de lucro gestionada por voluntarios desde hace casi 21 años. Ayer hicieron un último llamamiento para denunciar la falta de apoyo institucional. Mientras la Diputación «no contesta» a sus llamadas, el Gobierno vasco ya les ha comunicado que no va a subvencionarles este año pese a publicitar sus servicios y a que Osakidetza les deriva pacientes.
«Hemos intentado capear el temporal pero ya no podemos más, necesitamos medios», lamentaba el presidente de Ekintza-Aluviz, José Manuel Vildosola. La asociación gestionó en 2009 un fondo de 23.400 euros, pero este año apenas cuenta con los 1.400 que habitualmente cede el Ayuntamiento de Santurtzi. Otro Consistorio, el de Barakaldo, mantiene gratuitamente la sede de la asociciación en una céntrica calle de la localidad, pero las ayudas supramunicipales han desaparecido: ni la Diputación ni el Gobierno vasco han renovado sus convenios de colaboración -aportaban 12.000 y 10.000 euros, respectivamente- y la situación se ha vuelto insostenible.
Ekintza-Aluviz nació en 1989 y por sus dependencias han pasado durante estos años 4.000 adictos, casi 200 en lo que va de año. «Antes tratábamos a gente que sólo tenía problemas con el juego y era suficiente con las terapias que organizábamos los voluntarios -jugadores rehabilitados-», relata Vildosola. Ahora «todo el mundo llega con una ludopatía y adicción a las drogas, problemas de pareja... casos que deben tratarse de forma independiente por profesionales», advierte. Ese grupo de expertos lo conforman dos psicólogas y una abogada que, actualmente, no cobran. «Cuando están con algún paciente no miran el reloj, pero evidentemente cada vez vienen menos porque tienen familias a las que mantener», admiten desde la organización.
Especialmente dolorosa es para Ekintza-Aluviz la desaparición de la subvención que llegaba desde Lakua. El pasado 10 de mayo, el Gobierno vasco inició una potente campaña publicitaria para promover «el juego responsable» en un sector muy pujante desde hace un par de años gracias a la apertura de casas de apuestas en Vizcaya y la ampliación de las conexiones a Internet, un 'paraiso' sin control para los apostantes.
Recaudaciones millonarias
Una de las propuestas 'estrella' que comenzó a aplicarse hace tres meses fue la creación de un número gratuito donde se atiende a adictos y a sus familiares. «El Gobierno vasco lo anuncia, pero si llama alguien el teléfono suena en nuestra asociación directamente», recuerda José Manuel Vildosola. También se ha convertido en una práctica habitual que médicos de familia y psiquiatras envíen directamente a la asociación a pacientes que reconocen problemas con el juego. «Nos parece bien que lo hagan, pero necesitamos ayuda. No queremos dinero, somos voluntarios, pero que nos envíen un par de psicólogas», pide Vildosola. No obstante, el presidente de la asociación recuerda a las administraciones foral y vasca que el pasado año recaudaron 130 millones de euros en impuestos por los juegos de azar -80 el Gobierno y 50 la Diputación-. «Ellos también están contribuyendo a provocar la ludopatía con ofertas cada día más bestiales», denunciaron desde Ekintza-Aluviz.
La asociación de ayuda a ludópatas de Vizcaya no recibe nuevos pacientes desde el 23 de julio y celebrará su asamblea general el próximo mes de septiembre. Si nada cambia, el servicio cerrará irremediablemente sus puertas a finales de año. Las asociaciones del resto de provincias vascas encaran de forma diferente el ejercicio de 2010. Mientras la organización de ayuda a los ludópatas de Álava también ha perdido sus subvenciones y podría correr la misma suerte que Ekintza-Aluviz, la asociación guipuzcoana las mantienen «pese a tratar a un tercio de enfermos que nosotros», lamenta José Manuel Vildosola.