Estíbaliz Gorostiaga Uriarte va a hacer historia. Será la primera mujer en participar en la comida anual que, desde hace más de cuatro siglos, celebra la cofradía de San Roque de la localidad alavesa de Llodio. La joven es hija de Pablo Gorostiaga, el ex alcalde de HB condenado, junto a otros 45 dirigentes de la izquierda abertzale, en el macroproceso 18/98 seguido en la Audiencia Nacional contra la denominada trama civil de ETA.
Cada primer domingo de agosto, la hermandad se reúne junto a la ermita del santo para organizar los actos -novena, procesiones, misas y comida- que tendrán lugar a lo largo de todo el mes en honor del patrón de Llodio. El encuentro sirve también para que las personas interesadas en inscribirse a la institución religiosa realicen la solicitud de ingreso. Estíbaliz Gorostiaga acudió ayer al encuentro y pidió ser cofrade. La joven fue aceptada. De esta forma se convirtió en la decimoquinta mujer en una congregación que cuenta con más de 400 miembros.
Una vez admitida, expresó su deseo de participar en la comida anual que siempre tiene lugar el último domingo de agosto en el pórtico de la parroquia de Lamuza. «Me gustaría representar la ausencia forzada de mi aita, Pablo Gorostiaga. Él ha decidido que sea yo la persona que le sustituya en la mesa el día de la comida», manifestó. Los rostros de algunos cofrades se desencajaron, pero no les quedó más remedio que encajar la demanda.
El pasado 26 de junio, después de más de un año de polémica, la cofradía de San Roque decidió por amplia mayoría permitir la participación de mujeres en su comida anual, siempre que formen parte de la hermandad. Las otras catorce cofrades nunca ha manifestado el deseo de sentarse a una mesa con más de trescientos hombres. Para sorpresa de muchos, Estíbaliz Gorostiaga ha sido la primera en hacerlo. «Dentro de la normalidad, no me parece que tenga que ser noticia. Quizás haya mujeres que quieran ser cofrades. Yo no sé si seguiré toda mi vida o cuando vuelva mi padre le cederé el puesto», se limitó a decir.
La hija de Pablo Gorostiaga ha sabido jugar su baza para garantizar desde este mismo año la presencia de féminas en una mesa de hombres. Hacerse un hueco en la comida anual no es fácil. El pórtico no da más de sí. No caben todos los cofrades, que se organizan de cuatro en cuatro en torno a una jarra.
Por consejo del obispo
Los 'hermanos' de San Roque veteranos tienen siempre el mismo sitio en la inmensa mesa, pero los más jóvenes ocupan las vacantes. La única excepción a esta norma es que un hijo, por novato que sea, se siente en el puesto de su padre. Estíbaliz Gorostiaga se ha acogido a esta 'regla' de la Cofradía. Si no se arrepiente, el próximo 29 de agosto compartirá el tradicional cocido de garbanzos, con sopa de pan de pistola, rodeada de unos trescientos hombres. Tendrá que echarle el mismo valor que ayer puso para pedir, «desde la normalidad», su derecho a participar en el tradicional ágape, cocinado en la calle a base de leña.
Con la asistencia de la primera mujer a la comida se pone fin a una polémica que ha protagonizado numerosas conversaciones en la segunda localidad de Álava a lo largo del último año. Todo empezó cuando el Ararteko registró una queja de una persona de fuera de Llodio -al parecer es de Orduña- que denunciaba la discriminación femenina en esta encuentro anual. Pese a que ninguna de las catorce mujeres cofrades habían expresado su deseo a participar en la cita gastronómica, Íñigo Lamarca tomó nota y aconsejó modificar las normas. Lo mismo hicieron el Ayuntamiento llodiano, la Diputación alavesa, la Defensoría para la Igualdad y Emakunde. Pero cada uno de estos posicionamientos enconaba los ánimos de los defensores del veto femenino.
Al tratarse de una institución religiosa, la Iglesia se decidió a hablar. Lo hizo la pasada primavera. En una asamblea extraordinaria, decidieron aceptar el consejo del obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, de cambiar las normas para aceptar mujeres. Que a todos y todas aproveche.