Por picos, palas y azadones, cien millones». Son muy citadas las cuentas del Gran Capitán, aunque nunca se hicieron. No parece que fuera tan arrogante y temerario como para ironizar ante Fernando el Católico, quien le pedía explicación sobre los gastos de la campaña de Italia. Fernando era católico pero no un santo, sino el príncipe de Maquiavelo. Si la historia de las cuentas, aún siendo falsa, ha llegado a nuestros días, es por lo que tiene de estereotipo de cierta aristocracia española, castiza y tradicional, a quien le molesta el detalle de la intendencia cuando lo suyo son las hazañas.
Da la impresión de que a los gestores de las txosnas no les entusiasma la idea de explicar la aburrida contabilidad de sus ingresos y gastos, y no es un juicio de valor sino la constatación del tiempo transcurrido hasta que al fin la han explicado. Se han tomado su tiempo para cumplir lo que les pedía la municipalidad, y cuando al fin se han puesto la visera y los manguitos de contables, las cuentas han salido bastante heterogéneas: unas txosnas ganan mucho, otras algo y algunas muy poco, tanto que ni le llega a su comparsa o asociación para acabar el año sin pérdidas. Se diría a simple vista que en todas hay un similar rumor de descorche y caja registradora, pero también es verdad que hay clientes raros, que van a unas y no a otras, que si alguna vez se acodaran en una txosna sería en la del Atletismo o el Rugby.
«Por guantes perfumados (&hellip) Por campanas averiadas (&hellip) Por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces (&hellip) cien millones». Indudablemente las comparsas y las txosnas juegan un importante papel en las fiestas, pero eso no las vuelve opacas. Cada vez que se les pide que cumplan la ley, o más modestamente las ordenanzas, algunos lo interpretan como un ataque al modelo organizativo popular. Aquí han pasado muchas cosas en todos estos años, algunas tan sencillas pero sustanciales como cierta imprecisión en el uso de las palabras. La definición de pueblo, por ejemplo, es compleja, pero no acomodaticia. Y democracia es rendir cuentas, entre otras cosas honorables.