Cuando empezaron a asomar la cabeza los ordenadores con sus pantallitas, no creí que la cosa iba a llegar tan lejos, pero ya saben ustedes como se las gasta el progreso, que cuando empieza a funcionar no hay poder humano que detenga su marcha, porque cuando aparece un sistema nuevo, comienzan a inventar cacharros cada quince días y ya no hay forma de pararlos. Pero lo tremendo, lo increíble, lo asombroso de todo esto es el problema gordo que nos está creando, porque esos aparatos son como los 'chupa-chups', objetos fungibles, y cada nuevo modelo que sale supone un nuevo modelo que va a la basura y estos aparatos no pueden tirarse en los contenedores. Yo comparo este fenómeno con el de la humanidad, en la que constantemente están las personas naciendo por un lado y muriendo por el lado opuesto.
Estos comentarios me los ha sugerido un reportaje de la revista que se vende los domingos con nuestro común periódico y que lleva por título 'El Semanal', que según creo es el dominical de mayor lectura. Y en el último número que he visto me encuentro con unas fotografías impresionantes y panorámicas de un inmenso cementerio de estos aparatos electrónicos viejos que se depositan, por lo visto, en Ghana.
La ONU, que ha estudiado este problema, dice que cada año generamos cuarenta millones de toneladas de basura electrónica. ¿Se dan cuenta ustedes de lo que son cuarenta millones de toneladas? Pues exactamente (los 'inflagaitas' de la tele dicen en estos casos lo de «nada más y nada menos») que cuarenta mil millones de kilos. Y como diría un castizo en este caso, échele usted hilo a la cometa, Enriqueta, porque de acuerdo con estas cifras (que Santa Lucía ilumine mi vista para que no me equivoque) en solo 25 años la basura electrónica alcanzara el billón de kilos. Por eso, pienso que los inventores de nuevos cacharros electrónicos, debieran dedicarse durante una temporada a inventar algún método eficaz de eliminar los artefactos viejos. Pero no creo que esta idea tenga éxito, porque eso no produce dinero y, en este caso, como ocurre en el fútbol (Athletic aparte), a los inversores solo les interesa ganar dinero y la idea que yo propongo no produciría tela marinera.