Las puertas de la residencia para personas mayores de Txurdinaga se cerrarán hoy de forma definitiva, tras casi 30 años de actividad. El emblemático centro gestionado por el Instituto Foral de Asistencia Social (IFAS), que llegó a albergar a un centenar largo de residentes, pondrá así punto final a un proceso de clausura que ha durado cerca de cuatro años, después de que se anunciase un cierre progresivo por no cumplir los requisitos necesarios para atender a aquellas personas que no pueden valerse por sí mismas. La última media docena de usuarios se marcharon hace pocas semanas y, a partir de ahora, el edificio se someterá a una reforma que convertirá una parte de sus instalaciones en un equipamiento socio sanitario que contará con un centenar de plazas.
Caracterizada por las tres torres que en su día recibieron un premio de arquitectura, la residencia de Txurdinaga fue concebida para aquellos mayores definidos como 'válidos' en el lenguaje de los servicios sociales. En otras palabras, fue creada pensando en aquellos ancianos que, en términos generales, no requieren una atención exhaustiva. La Diputación asumió la gestión del centro en 1980 de manos del Inserso, pero con el paso de los años la política asistencial empezó a orientar su actividad hacia los cuidados de las personas dependientes.
El problema llegó cuando se constató que el geriátrico de Txurdinaga, el único de titularidad foral que acogía a personas que se valían por sí mismas, no cumplía con la normativa que regula los centros destinados a dependientes. La polémica estalló cuando se anunció su transformación en un equipamiento sociosanitario, al tiempo que usuarios, sindicatos y trabajadores defendían la calidad de sus servicios.
Proyectos para las torres
El Departamento foral de Acción Social anunció entonces que evitaría medidas «traumáticas» y que iría trasladando a los residentes a otros centros siempre y cuando contase con su consentimiento. Este proceso ha durado cuatro años y ha coincidido en el tiempo con la apertura de otra residencia foral en el mismo barrio. Según fuentes sindicales, en el último mes apenas quedaban en las habitaciones seis personas. Y, una vez recolocadas en otros lugares, se ha decidido la clausura definitiva del centro.
El edificio como tal no permanecerá mucho tiempo cerrado. El máximo responsable de Acción Social, Juan María Aburto, adelanta que al menos una parte de las instalaciones se reabrirán durante el primer semestre del próximo año convertidas ya en un centro sociosanitario. Será el segundo equipamiento de estas características de Vizcaya, donde sólo existen 90 plazas. Este proyecto ha supuesto el derribo de una de las torres del terreno. Queda por determinar el uso que se les dará a los otros dos rascacielos. Según apunta Aburto, la Diputación está estudiando varios proyectos con el propósito de decidir qué hacer con el resto de la parcela.