El acuario de Getxo perdió mil euros cada día que permaneció abierto en 2009. El equipamiento cultural cerró el pasado ejercicio con 22.000 visitas y unos ingresos por venta de entradas de 56.229 euros. Por su parte, el capítulo de gastos ascendió a 357.561 euros. Estos datos arrojan unas pérdidas de 301.332 euros, una cantidad económica que fue sufragada de forma íntegra por el Ayuntamiento de la localidad y la Diputación. Ambas instituciones han firmado esta semana un nuevo convenio de colaboración para seguir manteniendo el centro hasta 2014. De las arcas forales saldrán 825.100 euros durante el próximo cuatrienio.
El acuario cuenta con 24 peceras de gran tamaño y ocupa una superficie de unos 600 metros cuadrados dentro del recinto del Puerto Deportivo. El año pasado abrió al público unos 300 días -cierra todos los lunes y algunos festivos- y es de propiedad municipal desde finales de 2006. El Ayuntamiento compró el negocio a una pareja de empresarios que había impulsado la iniciativa con fondos totalmente privados. Durante año y medio, los propietarios de la firma Sistemas Acuarológicos Marinos mantuvieron el proyecto. Sin embargo, la escasa afluencia de personas les puso en la tesitura de tener que echar la persiana. El Consistorio y la Diputación pagaron entonces un millón de euros para hacerse cargo de una instalación que estaba llamada a convertirse en un polo de atracción turística y en una herramienta educativa.
Pese al esfuerzo inversor realizado, Getxo Aquarium no acaba de despegar si se atiende al actual número de visitas. Aunque el año pasado se lograron mejores registros que en 2008 y, sobre todo, que en 2007, cuando sólo se vendieron 16.000 entradas, los últimos datos proporcionados por la Oficina de Turismo reflejan que durante la pasada Semana Santa se contabilizaron 1.126 billetes vendidos, un 30% menos que durante el mismo periodo de 2009. Destaca el acceso de grupos y escolares.
El 85% del presupuesto anual del centro se destina al pago de los servicios de la empresa Aquagestión de Equipamientos, que se hizo con el contrato para la gestión y el mantenimiento del edificio a finales de 2007, tras ganar un concurso público. Cada año ingresa 303.000 euros. Con ese dinero paga los salarios de siete empleados y se hace cargo del cuidado de los peces, además de abrir y custodiar las instalaciones.
El resto de gastos en 2009 se desglosa de la siguiente forma: 5.000 euros en publicidad; 11.245 euros para el pago de la comunidad; 2.142 euros fueron destinados a afrontar los impuestos municipales; y otros 30.000 a la compra de herramientas y enseres. Sin embargo, en este balance no se incluyen gastos corrientes, como la electricidad, el agua, el teléfono o la limpieza. Servicios que, al tratarse de un edificio de titularidad local, son sufragados directamente por el Consistorio a través de contratos globales. Si estos conceptos se tuvieran en cuenta, el déficit de 301.332 euros sería aún mayor.
También hay que tener en cuenta que las arcas públicas se ahorran un buen dinero al ser el pabellón de titularidad municipal. No obstante, también se deja de percibir un dinero considerable, ya que el local podría destinarse a otros usos privados, con el consiguiente pago de un alquiler.
Pese a las abultadas pérdidas, el equipo de gobierno local justifica plenamente la utilidad del equipamiento. «Tal y como ocurre en servicios similares en ésta y en otras ciudades, desde un primer momento se sabía que iba a ser deficitario, pero se optó por apostar por la iniciativa, ya que supone una excepcional posibilidad de conocimiento por parte de los ciudadanos de la vida submarina en su propio ambiente natural, constituyendo un medio extraordinario medioambiental, ya que es un biotopo».
Los datos de viabilidad del centro resultan más abrumadores si se tiene en cuenta el desembolso inicial realizado. En los cuatro años que el acuario lleva funcionando, las arcas públicas se han gastado alrededor de 2,5 millones de euros; es decir, casi 2.000 euros por cada día que ha estado abierto.
Tribunal de Cuentas
La operación para comprar los fondos y el resto de bienes de Servicios Acuarológicos Marinos se cerró en un millón de euros. La Diputación aportó 600.000 y el Ayuntamiento, 400.000. En su informe de fiscalización de 2006, el Tribunal Vasco de Cuentas Públicas consideró que la concesión de la subvención foral directa rayaba la ilegalidad. En sus alegaciones, el Departamento de Medio Ambiente de la institución presidida por José Luis Bilbao se defendió asegurando que se había acreditado tanto «el cumplimiento de la finalidad de la ayuda entregada» como «la realización de la actividad».
La compra del acuario también desató diversas críticas a nivel político. Se puso en cuestión, por ejemplo, el procedimiento que se siguió para mantener la instalación hasta que se convocó el concurso que dio paso al actual contrato. Servicios Acuarológicos Marinos retuvo la gestión desde finales de 2006 hasta el 30 de noviembre de 2007. Para legitimar la prestación de este servicio, el alcalde se vio obligado a firmar un decreto de adjudicación y dos prórrogas sucesivas. «No hay muchas empresas especializadas y todo se hizo de forma legal», argumentan fuentes del equipo de gobierno.
Las cifras de visitantes de Getxo Aquarium contrastan con las de otros museos de pequeño tamaño de Vizcaya. Proyectos como la Ferrería del Pobal de Muskiz (15.200 entradas), el Museo de la Paz de Gernika (24.000) o el Museo del Pescador de Bermeo (16.000) no se quedaron muy lejos o incluso superaron al equipamiento de Getxo, pese a estar situados en municipios con una población muy escasa.
Si atendemos al coste, el mantenimiento de la Ferrería del Pobal, por ejemplo, supuso un desembolso de 175.000 euros para las arcas forales y del Consistorio de Muskiz. Es decir, la mitad del presupuesto anual de Getxo Aquarium. La continuidad del centro ubicado en el Puerto Deportivo está garantizada por lo menos para los próximos cuatro años, aunque podrían ser muchos más, ya que el convenio inicial firmado entre Diputación y el Ayuntamiento prevé extender la colaboración hasta 2025.