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López y Bilbao entierran el hacha de guerra en Boise

POLÍTICA

López y Bilbao entierran el hacha de guerra en Boise

Los dos comparten jornada festiva en el Jaialdi, en el que el lehendakari se compromete a preservar «la identidad vasca»

31.07.10 - 02:53 -
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Si el Jaialdi de Boise fuese una metáfora sería una balsa de aceite o un paréntesis en las frecuentemente crispadas relaciones entre los representantes institucionales en Euskadi. Patxi López y José Luis Bilbao se empeñaron ayer en demostrar que, en consonancia con el talante abierto y distendido que se respira por todas las esquinas del Basque Block -la recoleta manzana que hace creer al visitante que ha regresado de golpe a Euskadi-, han dejado las polémicas políticas en casa. Ambos compartieron una intensa y calurosa jornada festiva en la capital del estado de Idaho, en la que brilló por su ausencia cualquier alusión a los asuntos que habitualmente les enfrentan o siquiera al cambio de gobierno en Euskadi. Abundaron, en cambio, las charlas relajadas en los alrededores del Basque Center y los mutuos gestos de respeto y cortesía institucional en medio de una apretada agenda de la que el lehendakari se sirvió, una vez más, para poner a los vascos de Norteamérica como ejemplo de comunidad plural, «rica en sentimientos de pertenencia y respetuosa con las identidades que la componen».
La idea de que la convivencia entre distintas formas de ser y sentirse vasco es posible está siendo, sin duda, el auténtico 'leit motiv' del periplo del lehendakari por los tres estados con mayor porcentaje de población de ascendencia vasca, Nevada, California e Idaho. «Vosotros nos demostráis que hay mil formas diferentes de ser vascos. La ikurriña y la bandera con barras y estrellas aquí ondeadas son la muestra más clara de la convivencia de la que hablo», recalcó el lehendakari en la recepción que ofreció a las colectividades vascas en el centro de convenciones del pequeño 'downtown' de Boise, amenizada por el grupo local de dantzaris Oinkari, que acompañará a la delegación gubernamental en su próximo viaje a China, el coro Biotzetik y la soprano donostiarra afincada en Nueva York Amaia Arberas.
Todo un despliegue para una fiesta única que se celebra cada cinco años y a la que por primera vez asiste un lehendakari no nacionalista. No obstante, es algo que en Boise ni se menciona. Es el lehendakari y como tal se le trata. Punto. No en vano, los únicos comentarios despectivos al respecto se escucharon de algún grupo aislado de vascos, pero no de la diáspora, sino llegados en avión desde Euskadi para pasar unos días en los bares y txosnas del 'Basque Block'. La coincidencia de la delegación del Gobierno de Vitoria con la de la Diputación de Vizcaya -en la que se integran, además de Bilbao, los diputados forales de Cultura, Josune Ariztondo, y Medio Ambiente, Iosu Zabala- no ha sido finalmente motivo de rivalidad, a pesar de las tensiones y enfrentamientos permanentes entre ambas instituciones en Euskadi por asuntos como el Guggenheim de Urdaibai, la política ferroviaria en Vizcaya o el plan vasco de Cultura. Pero el sentido institucional se ha impuesto y ambos grupos se han intercambiado invitaciones a los actos en los que ejercen como anfitriones.
«Identidad vasca»
Bilbao, que empezó la jornada compartiendo un café y coche con López para entrevistarse con el gobernador, estuvo también en la recepción organizada por el Ejecutivo de Vitoria, en la que el lehendakari replicó de forma implícita a quienes le acusan de españolizar Euskadi y definió la «identidad vasca» como una «riqueza» que se comprometió a «preservar y alimentar». Igual que los vascos de Idaho, con quienes dijo estar «en deuda» por su trabajo para mantener vivas la herencia cultural y las tradiciones de sus padres o abuelos.
De hecho, durante el acto, el lehendakari entregó el premio 'Lan Onari' (al trabajo bien hecho) a la directora del museo vasco en Boise, Patty Miller, por «realzar la conciencia vasca en Estados Unidos con un sinfín de iniciativas». La última, la exposición sobre la inmigración vasca en Norteamérica que la delegación gubernamental visitó. También destacó las «dosis de color y alegría» que su Gabinete ha traído al Jaialdi, donde las manifestaciones de la cultura vasca no tienen connotación política alguna: el bertsolari Xabi Paya, los trikitrilaris Txorimaloak, el grupo de danzas de Irún y una asociación de deporte rural de Gernika.
Concluida la recepción a las colectividades vascas y el cóctel posterior, y tras recorrer con Miller y la presidenta del colectivo Euzkaldunak, Amy Wray, el museo, la casa de huéspedes Jacobs-Uberuaga -que conserva el encanto original de cuando servía de parada y fonda a los pastores vascos tras meses de soledad en el campo- y el Basque Center, ambos se dirigieron a la inauguración de la exposición sobre el deporte de la pelota que el Museo Vasco de Bilbao, con el patrocinio de la Diputación de Vizcaya, ha llevado al de Boise, uno de los cuatro que existen en el mundo. Ahí el lehendakari acudía como invitado, pero Bilbao se esforzó en subrayar su carácter de máxima autoridad de Euskadi. En el aurresku de honor con que les agasajaron a su llegada, la txapela del dantzari aterrizó al final del baile en las manos del diputado general, que cortesmente se la cedió al lehendakari.
Ya dentro, la conductora invitó con desenfado a López a intervenir -«por favor, Patxi»- pero Bilbao la corrigió sobre la marcha para que, como manda el protocolo, el jefe del Ejecutivo de Vitoria cerrase el acto. Así que se colocó en la tribuna, declaró su «emoción» por estar «hablando y saludándonos en euskera» en pleno Oeste americano -su intervención fue íntegramente en lengua vasca, traducida al inglés, mientras que las del lehendakari son mayoritariamente en castellano, con párrafos en euskera e inglés y también traducidas- y se arrancó a cantar 'Aitorren hizkuntz zaharra' (La vieja lengua de Aitor), una canción tradicional sobre el amor al euskera. Tras la inédita imagen del diputado general, López le dio las gracias por haberle invitado y puso el broche al acto con su propia definición de los vascos: «Duros, esforzados, capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, alegres y también un poco fanfarrones».
Luego, ambos se fueron a ver una exhibición de deportes vascos y acabaron cenando juntos un ágape ofrecido por el lehendakari al comité organizador del Jaialdi. José Luis Bilbao llegó tarde. El fuerte calor y el cansancio le jugaron una mala pasada, sufrió un desmayo y fue trasladado a un hospital cercano para pasar una revisión. Tras ella, en perfecto estado de salud, participó como si nada en la cena.
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Patxi López, José Luis Bilbao y la consejera Blanca Urgell, durante su reunión con el gobernador de Idaho. :: JON BERNÁRDEZ

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Patxi López, José Luis Bilbao y la consejera Blanca Urgell, durante su reunión con el gobernador de Idaho. :: JON BERNÁRDEZ

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