Cataluña ha dado la puntilla a los toros. Un histórico pleno del Parlament aprobó ayer la proposición de ley que vetará la lidia en territorio catalán a partir del 1 de enero de 2012. La prohibición salió adelante por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, una diferencia mayor que el apretado margen previsto. Los votos de la formación nacionalista Convergència i Unió (CIU) -aunque dividida, mayoritariamente por la prohibición- fueron decisivos para que la balanza se decantara finalmente a favor de una resolución que los taurinos interpretan en términos políticos, como «una revancha» por la reciente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut y «un pulso a España».
En el hemiciclo catalán, convertido en epicentro de la actualidad internacional por un día -la noticia fue una de las más seguidas y comentadas en Internet en todo el mundo-, se vivieron muchos nervios. El resultado fue incierto hasta el mismo momento de la votación, pues tanto CIU como el PSC habían dado libertad de voto a sus diputados. Las mayores dudas planeaban en el seno de la formación nacionalista, algunos de cuyos miembros reconocían que votarían influidos por la carga política del debate. «Si ellos rechazan nuestro Estatut, nosotros nos cargaremos los toros», se oyó decir a alguno.
Finalmente, a la mayoría de los parlamentarios de CIU no les tembló el pulso para apretar desde sus escaños el botón del 'Sí' a la prohibición. 32 de ellos votaron a favor de la abolición, 6 se abstuvieron y 7 se posicionaron en contra. Los socialistas catalanes defendieron mayoritariamente las corridas, con 31 votos contrarios al veto, 3 a favor y 3 abstenciones; alguna de ellas notable, como la del conseller de Economía, Antoni Castells, muy crítico con la cúpula del PSC y con el mismo José Montilla. Como era previsible, Esquerra Republicana (ERC) e Iniciativa (ICV) votaron en bloque a favor de la abolición, y PP y Ciutadans lo hicieron en contra. El choque entre dos formas antagónicas de defender al toro -como protagonista de la Fiesta, para unos; como animal atormentado en el ruedo, para otros- acababa de abrir una profunda brecha ideológica en Cataluña y en la compleja relación de esta comunidad con España.
Libertad o tortura
Tras conocerse el desenlace del debate, las emociones afloraron en el palco de invitados, lleno hasta la bandera. Gritos de júbilo entre los antitaurinos, que habían conseguido una victoria histórica para su causa. Desconsuelo entre los aficionados a la lidia. El diestro catalán Serafín Marín, con lágrimas en los ojos y la cabeza hundida sobre las rodillas, era la imagen de la amargura.
Hubo también sollozos a las puertas del Parlament, donde simpatizantes y detractores de las corridas protagonizaron una batalla dialéctica que no llegó a las manos gracias a un numeroso dispositivo de Mossos d'Esquadra, que actuó como muro de contención de los sentimientos. «¡No tortura, no tortura!», coreaban los animalistas, con las caras rociadas de pintura roja escenificando la sangre del animal. «¡Libertad, libertad!», contestaban a gritos los taurinos, tras una bandera catalana con la célebre silueta del toro de Osborne.
El joven novillero catalán Alejandro de Benito lamentaba, con el rostro desencajado, que la prohibición le ha arrebatado «la ilusión de triunfar en mi plaza». «Nunca podré cumplir el sueño de torear en mi ciudad. Estoy muy triste, muy decepcionado». A su lado, Eugenio Perucha, aficionado a la lidia, protestaba: «A nosotros nos toca pagar los platos rotos del Estatut. Esta ha sido una votación política».
Luis Corrales, portavoz de la Plataforma para la Promoción y Difusión de la Fiesta, mostraba su decepción por el apoyo a la abolición de la mayoría de diputados de CIU. «Nos han engañado. Aquí no ha habido libertad de voto, estaba bien claro que ellos querían prohibir los toros, pero lo han ocultado hasta el último momento por motivos electoralistas». Corrales no da la guerra por perdida. «Llevaremos la prohibición al Tribunal Constitucional», advirtió.
Al otro lado de la barrera, Leonardo Anselmi, portavoz de la plataforma animalista Prou!, impulsora de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que, con el aval de 180.000 firmas ciudadanas, llevó el debate de las corridas al Parlament, se felicitaba por el triunfo conseguido por su organización. «Hoy el mundo es un poco mejor. Este es un gran paso en la lucha por los derechos de los animales».
El president José Montilla, taurino declarado, sorprendió a los medios de comunicación con una improvisada rueda de prensa en la que quiso dejar bien claro cuál había sido el sentido de su voto. «He votado en contra de la prohibición porque creo en la libertad. Hubiera preferido que la continuidad o no de los toros fuera una decisión tranquila y normalizada de los hábitos sociales de los catalanes y también consecuencia de la imparable cultura en favor de los derechos de los animales, antes que ninguna imposición legal, pero respeto la decisión del Parlamento», señaló.
Montilla tuvo además palabras de desaprobación para «los que han querido hacer de esta votación un termómetro de la relación Cataluña-España». «Se equivocan los que plantean el debate en estos términos», subrayó. La carga ideológica del debate incomoda al presidente socialista de la Generalitat, que ya sufre bastantes quebraderos de cabeza con la deriva nacionalista que tomaron las protestas ciudadanas contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut, y con los desfavorables sondeos de cara a las próximas elecciones autonómicas de otoño.
El líder convergente Artur Mas, aspirante a la presidencia de la Generalitat, aclaró que había votado a favor de la abolición de las corridas por una cuestión «de conciencia personal y no ideológica». «La tradición de los toros en Cataluña es tan antigua como en el resto de España», justificó Mas, al tiempo que calificó la tauromaquia como una afición «del pasado y no del futuro».
«Hipocresía»
Durante el debate parlamentario previo a la votación, la carga política del veto a la lidia saltó una vez más al ruedo. Albert Rivera, líder de Ciutadans, tachó de «hipócrita» la actitud de algunos parlamentarios de CiU que «hoy votan para prohibir los toros y mañana van a los 'correbous' -festejo taurino arraigado en Cataluña-. Si verdaderamente fueran animalistas, deberían dejar de comer paté de foie. ¿Ustedes saben lo que sufre la oca cuando se hace el foie?», interpeló.
El discurso del diputado del PP Rafael Luna se centró en el impacto económico de la medida, que «costará 250 euros a cada familia de catalanes» en indemnizaciones a los empresarios de la lidia. Los abolicionistas ERC y ICV insistieron en llevar la polémica al terreno animalista. «Este no es un debate Cataluña-España», incidió el presidente de la formación independentista Joan Puigcercós, quien aseguró que «los valores del siglo XXI son incompatibles con hacer del sufrimiento de un ser vivo un espectáculo público».