Iñaki Azkuna se asoma a Bilbao desde la balconada del salón árabe con once años de mandato a sus espaldas y una cuarta campaña electoral en perspectiva. Dice que aún no se ha puesto el buzo de candidato sobre la camisa con tirantes y el traje de alcalde. Lo que sí tiene claro es que, si las urnas o los pactos post-electorales le desbancan, optará por una jubilación «honrosa» antes de pasar a las filas de la oposición. Una declaración de intenciones poco habitual a diez meses de los comicios, pero en eso, como en tantas cosas, su discurso es distinto al de otros dirigentes políticos.
- ¿Cómo se ve Bilbao al regresar de Shanghai o Singapur?
- Yo añoro Bilbao en cuanto salgo cuatro días, pero hay que viajar porque se aprenden cosas. Singapur ha hecho un esfuerzo por ganar terreno al mar, por crecer, y eso es un ejemplo para Bilbao. Nosotros no tendremos más remedio que crecer hacia arriba, y lo digo con toda la convicción del mundo. Cuando terminemos Zorrozaurre y Zorroza, se nos acabó el pastel.
- ¿Hasta dónde debemos crecer?
- Hay que llegar a los 400.000 habitantes, o 450.000. Una ciudad de medio millón de habitantes es perfectamente manejable. Después de este alcalde vendrán otros que tendrán que ir hacia arriba.
- ¿Cuántos rascacielos caben en Bilbao?
- Unos cuantos todavía, no habrá más remedio. Los planes generales deberán tener elasticidad para poder hacer rascacielos en varios sitios. En el Ensanche es muy difícil, pero en los sitios nuevos ¿por qué no? Garellano, Zorrozaurre, Zorroza... Y algún día, en Abandoibarra o cerca de allí, por cada edificio que se quite igual se tiene que hacer un rascacielos.
- ¿Qué nos aportaría pasar la barrera de los 400.000 habitantes?
- Nos vendría muy bien porque se puede tener una calidad de vida extraordinaria y nos hace falta que la población no se marche, que tenga sitio en Bilbao. Algunos dicen que los jóvenes se van a Madrid, pero ahí hay trampa. El Gobierno se ha dedicado a desarrollar Madrid con grandes infraestructuras.
-¿Tienen noticias de la estación del TAV?
- Estuvo Ibon Areso en Madrid en una reunión, pero yo creo que las estaciones de las ciudades van a sufrir un parón. La línea Vitoria-Bilbao va como un tiro y espero que la pongan en funcionamiento aunque no esté acabada la guipuzcoana, porque los bilbaínos queremos coger el tren para ir a Madrid en dos horas y media. Ese sí que es un elemento tractor de país.
- Los reconocimientos internaciones, como el premio Lee Kuan Yew que ha recibido en Singapur, vienen muy bien para el ego, pero ¿qué oportunidades concretas se abren para Bilbao?
- El ego es importante, y sobre todo el orgullo bilbaíno.
- Eso siempre lo hemos tenido, ¿no?
- En la crisis de los 70, el orgullo bilbaíno bajó unos cuantos metros por debajo de la ría. Hoy en día la gente está orgullosa de su ciudad. El boca a boca a nivel internacional es muy importante, es la forma de que venga gente a Bilbao para invertir y de que haya más turismo. Si no nos conocen, tampoco a las gentes nuestras que van fuera les reciben igual. El stand de Shanghai no sólo ha servido para que nos visiten 500.000 chinos, lo han utilizado empresas vascas de mucho postín.
«Hemos sido cautos»
- De momento el gran proyecto urbanístico, Zorrozaurre, sigue sin despegar. ¿La asociación El Canal se ha convertido en un contrapoder?
- No, ha defendido sus intereses y es legítimo. Por errores nuestros, ha sacado una sentencia favorable. Tenemos que intentar hasta el último minuto llegar a un acuerdo.
- ¿Cuál es el riesgo real de que se paralicen las obras?
- El Canal debe pensar en la importancia que tienen el Igualatorio e Idom. Son muchos puestos de trabajo en Deusto y San Ignacio, una riqueza impresionante para el barrio. Paralizar eso sería malo y muchos vecinos no lo entenderían, pero están en su derecho porque han ganado una sentencia. Nosotros también estamos en nuestro derecho de recurrirla, y ya lo hemos hecho.
- ¿Han cambiado el plan?
- Hemos quitado doce edificios desde Elorrieta hasta pasado Idom. Al principio en Elorrieta, luego en los rellenos y ahora otro trozo, y un edificio que iba a pasar a manos del Ayuntamiento lo hemos transformado en zona verde. El puente que va a unir la isla con San Ignacio tendrá dos viales en lugar de cuatro, la zona que iba a ser relleno estamos dispuestos a transformarla en verde. 20.000 metros cuadrados van a jalonar todo el entorno de San Ignacio más todo ese verde nuevo que les damos. Hemos hecho un gran esfuerzo, tanto el Gobierno como el Ayuntamiento y la comisión gestora. Ya no les podemos dar nada más.
- Los últimos meses de mandato estarán marcados por el plan de austeridad. ¿Por qué no se plantearon medidas para ahorrar costes en tiempos de bonanza?
- ¿Quién ha tomado medidas en las vacas gordas? Nadie. En la Administración pública hemos vivido, seguramente como el país, por encima de nuestras posibilidades, sólo que nosotros hemos sido cautos y hemos utilizado parte de nuestro dinero para quitar la deuda. Llevamos tres presupuestos apretándonos el cinturón, no en vano somos de los menos endeudados de España.
- En tiempos de crisis, ¿es sostenible un gasto de doce millones al año en La Alhóndiga?
- ¿Qué hacemos, no abrir? La hemos construido en una época bondadosa, el Ayuntamiento ha ido más solo que la una y ha podido meter allí setenta y tantos millones de euros.
- Abrir hay que abrir, pero ¿se puede controlar la factura?
- Vamos a controlarla. Tenemos un acuerdo con la BBK que nos va a pagar dos millones de euros al año por la mediateca. El Ayuntamiento aportará la mitad del gasto de mantenimiento y el resto se cubrirá con gente de fuera y pagando los servicios.
- ¿Va mucho por allí?
- He hecho mucho de cicerone. Algunos me dicen que las columnas son pequeñas, otros que es un poco oscuro, que entra el viento. Pues con todo eso me parece maravilloso y a la gente que he llevado allí, como el alcalde de Burdeos, le ha encantado.
- AlhóndigaBilbao es el proyecto que más se identifica con su gestión. ¿Un buen cartel para su cita con las urnas?
- En todos estos años, el mayor gasto se ha dedicado a los barrios. Hemos hecho obras a manta, no ha habido otro alcalde que haya gastado tanto en los barrios como yo.
- ¿Cree que la gente le identifica más con las obras de los barrios que con La Alhóndiga?
- Eso es otra cosa. La percepción depende de las vivencias. Hay vecinos que han soportado años y años un mamotreto lleno de ratones, por muy Bastida que fuera, y ven que le hemos dado vida y hemos peatonalizado las calles de al lado. Y la plaza ha quedado preciosa, con los árboles que han aguantado.
- Le falta el banco.
- No te preocupes. Lo hemos quitado y está guardado, hasta poner un poco de orden.
- Volviendo al cartel electoral. Si José Luis Bilbao es el látigo del PNV para azotar al PSE, ¿usted es su mejor arma para frenarle en las urnas?
- Yo tengo 67 tacos, soy como soy y además no voy a cambiar. A mí el PNV me acepta como soy. Nunca me han dicho lo que tengo que hacer y eso se lo agradezco mucho. Fuera siempre hay una leyenda de que nos llaman de Sabin Etxea todos los días a las ocho de la mañana. Para empezar, a las ocho de la mañana yo creo que no hay nadie en Sabin Etxea.
- Supongo que su partido no tuvo que insistir para que volviera a presentarse como candidato.
- La primera vez no insistieron mucho porque dije que sí. La segunda estuvieron a punto de echarme a las nueve de la noche y a las doce me hicieron alcalde otra vez. La tercera ya estuvieron de acuerdo.
- ¿Y la cuarta?
- Ha ido muy bien. Yo he dicho que no me retiro. Ayer vi a un compañero mío jubilado que pasaba a mi lado y le dije a Ibon Areso: Ibon, qué quieres, ¿que el año que viene estemos paseando como este? Yo no me veo paseando. Cuidado, pasearé si no soy alcalde. Si los ciudadanos de Bilbao me sacan de la Alcaldía, a la jubilación. ¿Adonde voy a ir?
- ¿A la oposición?
- Hombre, no me veo yo con ganas ni fuerzas de empezar mi vida en la oposición con 68 años. Después de tres mandatos, creo que lo honroso por mi parte sería retirarme.
- Si se presenta es porque se siente seguro.
- Si me presento es porque me veo con fuerzas, con ganas y porque creo que todavía tengo cuerda y me faltan algunas cosas por hacer, que no te voy a contar.
- ¿Lo consultó con sus médicos?
- Sí, siempre he consultado con los médicos. Tengo cáncer y me controlan, de vez en cuando me dan pastillas. Me vigilan en Basurto todas las semanas. Doy una vueltecita a las ocho menos cuarto de la manaña, me mira la enfermera, me retoca y me dice: alcalde, a la oficina.
- ¿Qué tal combina el traje de alcalde con el buzo de candidato?
- Yo todavía, hasta marzo del año que viene, no estoy metido en la cabeza de un candidato.
- Pues parece que la campaña electoral es eterna. ¿PSE y PNV están condenados a enfrentarse en el Consorcio de Transportes?
- Me molesta la bronca permanente en el Consorcio de Transportes, creo que hay que acabarla. Me he sentido incómodo en una asamblea absolutamente dominada por los socialistas. Era ridículo seguir así, por eso he dimitido como vicepresidente. Es una lástima que PNV y PSE, que han tenido muchos tiempos de consensos, estén a la greña, pero tampoco a los socialistas les veo con ganas de arreglar las cosas. He visto a Gasco muy beligerante. Me he marchado de algunas reuniones porque me cabreaba la estrategia de acoso y derribo.
- El campo de batalla se ha extendido al Guggenheim. ¿Es el momento de construir el museo en Urdaibai?
- Para hacerlo tiene que haber un acuerdo. No digo nada más.
- Parece que su cuarta campaña será también la más reñida.
- Bueno, estoy mentalizado de que PP y PSE irán juntos, o sea que tendremos que sacar uno más que ellos.
- Su socio de gobierno, EB, sufre una sangría de votos y una fuerte división interna. ¿Están buscando otras posibles alianzas?
- No, no estamos pensando en nada de eso porque todavía no me he puesto la carátula de candidato. Es como las encuestas que salen ahora, no valen para nada.
- ¿Qué le da el Ayuntamiento que no haya encontrado en otros cargos públicos?
- Me da marcha, debo reconocerlo. Es la confluencia de mi vida. En otros puestos he tenido juventud. Aquí ya la juventud se me ha ido, ciertas pasiones se me han ido, y ahora mi pasión es Bilbao. Los últimos años de mi vida, Bilbao.