Cerca de siete décadas después de la fundación del coro parroquial de Zeanuri, que con los años se transformaría en Orfeón Maite y en uno de los tres mejores de la provincia, el zornotzarra Patxi González 'Semita' quiere rendir tributo a su tío Jesús González. Él fue su impulsor a su llegada a esta pequeña localidad de Arratia para cumplir sus labores sacerdotales. Su pasión por la música y la buena acogida entre sus feligreses y vecinos de toda Arratia y Amorebieta le llevaron a fundar un desconocido coro, que en pocos años se colocó tras los dos mejores coros vizcaínos, Dindirri y Beti Jai Alai, ambos de Bilbao. La época gloriosa que vivió el grupo musical se exhibe en la sede de la Sociedad Coral gracias al trabajo de recopilación de los éxitos y giras que ha desarrollado 'Semita'.
La exposición 'El Orfeón Maite' de Ceánuri (1941-1950)' muestra hasta el día 30, de seis a nueve, alrededor de 240 piezas entre carteles, recortes de prensa, fotografías, entradas de conciertos... que recrean la gestación y primera década del grupo mientras fue director el sacerdote zornotzarra antes de marcharse a Chile. Su artífice, Patxi González, nos llama a la memoria para «recordar aquel tesoro que supo rescatar las mejores joyas musicales y folklóricas de Arratia, sus mejores esencias y las mostró por toda la geografía vasca».
'Semita' insistió, además, en que la existencia de este grupo musical y folklórico «no se entiende sin la participación creativa y activa de personas y grupos de Amorebieta». Aparte de su creador y primer director, al grupo pertenecieron varios cantores como su hermano 'Sema', o el organista Andrés Etxebarria que acompañaba al Orfeón Maite en sus misas cantadas y ayudaba a Don Jesús en los ensayos de diferentes cuerdas del coro.
Espectáculo integral
A los cantantes del grupo se sumaban dultzaineros, albokaris, pandereteras y txistularis, además de dantzaris y hasta cómicos que ofrecían un espectáculo integral, culto, ameno y con críticas «demoledoras» que salpicaban los periódicos en la década de los 40 como «un ejemplo de perfección y técnica». En esta otra faceta se encontraban varios dantzaris zornotzarras de la Escuela de Pedro Basterretxea 'Prakerre', que bailaron en el grupo de danzas vascas y aragonesas, y el humorista Martzel Lizaso que «destacó en su papel de txiste-kontalari, clown y contador de las célebres 'Ocurrencias y sucedidos de Arratia' junto a otros monologistas y caricatos». Era tal el espectáculo que ofrecían, recuerda Patxi González, que en Eibar llenaron tres veces el frontón Astelena. es decir vieron el espectáculo 4.500 personas.