A sus 34 años, David Ríos ha hecho de los combinados una forma de vida. No por tomarlos, sino porque prepara los mejores de España. En la modalidad de 'gin tonic', al menos. Este berangotarra acaba de ganar el campeonato nacional en la categoría histórica de este cóctel, organizado por Schweppes y la asociación de barmans, tras codearse con los 550 mejores del gremio.
Lo suyo es metodología pura aplicada a la bebida. No le gusta dejar nada a la improvisación. Aunque la barra esté abarrotada, se toma su tiempo para elaborar cada copa. La mima. Ese es, a su juicio, uno de los secretos del éxito. Prueba de ello es la receta con la que se ha impuesto en el certamen. Todo medido al milímetro. Incluso el tiempo. En apenas cuatro minutos, prepara su 'gin tonic'. Lo primero, enfriar el vaso con hielo y agua. Luego aromatizarlo con una rodaja de lima. El siguiente paso es la ginebra. Él se decanta por 'Bombay Saphire'. Y no es partidario de echar más de «siete centilitros, aunque la cantidad siempre acaba siendo a gusto del consumidor». Llega el momento de los hielos. «Cinco». Y de nuevo aromatiza con un «twist de limón». La tónica se echa suavemente, «para que no pierda burbujas», y el toque final: envolver el preparado con un poco más de aroma cítrico, «que lo envuelva todo».
Limones caseros
En el concurso supo ganarse el favor del jurado, integrado entre otros por Bertín Osborne y Javier de las Muelas, «referente de la coctelería española». Lo hizo, entre otras virtudes, gracias a su destreza. «También valoran cómo te desenvuelves». Aunque lo que más sorprendió a todos es que se llevó a Madrid sus propios limones, «del árbol que tiene mi madre en casa».
David no era novato en estas lides, aunque llevaba apartado siete años de las competiciones. Tras ganar el campeonato de Vizcaya de coctelería en 2003, y antes el de 'gin tonic' de la zona norte en 2001. Por eso sabe de lo que habla. Y también porque ha sido sumiller en el Sheraton. Y en el Mugaritz, «el cuarto restaurante mejor del mundo». Desde hace cinco años regenta su propia cafetería, Kobuk, en el barrio Urban-Galindo de Barakaldo.
En este tiempo, ha vivido los cambios que ha experimentado el mundo de los combinados. Por supuesto, y en especial, el 'gin tonic'. A pesar de haber estado siempre relacionado con los cócteles «más glamourosos», mucha gente lo rechazaba por su amargor. Pero él insiste en que, «si se hace bien», puede ser una bebida refrescante y deliciosa. «Las ginebras ahora ya no saben a colonia; cada vez se diferencian más por sus aromas característicos, frutales, frescos», asegura.
De hecho, empiezan a constituir legión los que se muestran exigentes con el 'gin tonic'. «Hasta le han puesto apellido»: de Beefeater, de Tanqueray, de Hendrick's, de Bombay Saphire... Lo malo, a su juicio, es que muchos clientes lo hacen «por moda, aunque realmente no aprecian un buen combinado». El nivel del sector coctelero, además, no ayuda mucho. Al menos, en Vizcaya. «Hay nombres de locales, pero no tanto de profesionales. «A mí mismo, por si acaso, no me gusta tomarlo en cualquier sitio, porque no saben prepararlo», confiesa.