Alfonso Casares estaba ayer radiante. Sabe que las obras van cumpliendo los plazos y que el edificio que ha pergeñado junto a Ferrater es tan complejo «y brillante» «como la torre» que Iberdrola levanta a escasa distancia.
-¿Las clínicas exigen una arquitectura especial?
-Sin duda. La singularidad mayor es que mientras la torre (de Iberdrola) que ves ahí enfrente tendrá dos usos, ya que se destinará para oficinas y a lo mejor apartamentos y prácticamente nada más, aquí, en una clínica, están casi todos los usos posibles de los seres humanos. Desde comer, dormir, cenar, vivir, morir, nacer... Todo esto se traduce en una serie de instalaciones y distribuciones, cada una diferente de otra, que hay que coordinar para conectar un edificio y que además funcione. Esa es la mayor dificultad de un edificio sanitario.
-Lo dibuja complicado.
-Es como un puzzle complejo que tienes que ir ajustando y de lo bien que lo ajustes dependerá lo buena que sea la clínica. ¿Entiende?
-¿Marca de alguna forma diseñar la primera gran actuación de Zorrozaurre?
-Hombre, ¡sin duda! Es un hito espléndido de ver. Hay que colocarse aquí y ver esto para comprobar que efectivamente estamos trabajando en una cosa que está por nacer, ¿no? Evidentemente, es lo que primero respiras.
«Un edificio de peso»
-Trazando un diseño discreto, ¿qué supone trabajar frente a un coloso como el edificio de Iberdrola que acapara toda la atención?
-Bueno, ya discutiremos; la torre y nosotros. Hemos conseguido hacer un edificio bastante espléndido y espectacular. Disponemos de un gran peso y el resto del entorno va a tener que contar con que nosotros estamos aquí. Ja, ja. De eso no va a haber duda.
-¿La arquitectura es magia?
-Nooo. ¿Por qué?
-Llevarán el silencio con su clínica a una zona donde hasta hace poco años años la gente bailaba, cantaba y disfrutaba del ruido.
-Sí. Pero eso depende de la ciudad, que hace lo que le da la gana.
-¿Le tiembla la mano al afrontar un proyecto con una inversión tan descomunal?
-Son procesos de obra complicados, pero para eso hemos estado trabajando toda la vida; para saberlos hacer. La verdad es que son apasionantes. Ver cómo los papeles y dibujos que uno hace se reproducen y van tomando forma... ¡Es el mayor gusto que puede dar la arquitectura!
-¿Todo es más fácil cuando se trabaja junto a Carlos Ferrater, designado Premio Nacional de Arquitectura el año pasado?
-Bueno, con Carlos se puede trabajar muy bien, tenga o no el Premio Nacional de Arquitectura. Pero además nos suma el plus del prestigio. Estamos encantados de la circunstancia y todos hemos trabajado al máximo nivel. La clínica del IMQ será el próximo premio nacional de arquitectura.