Las obras del centro que el Igualatorio Médico Quirúrgico (IMQ) construye en Zorrozaurre han pasado completamente desapercibidas hasta la fecha para la inmensa mayoría de ciudadanos. Se sabe que los trabajos, que arrancaron a finales del pasado enero, «avanzan según lo previsto», porque así lo confirmaron ayer los responsables de la aseguradora y la constructora San José. La mayor clínica privada que se levanta en el País Vasco es, de momento, un «inmenso agujero» que sólo permanece a la vista desde los balcones de un minúsculo puñado de vecinos de Botica Vieja. Salvo retrasos, el inmueble comenzará a asomarse al exterior en los próximos «seis o siete meses», posiblemente en enero, y, a lo largo de 2011, irá definiendo su aspecto «definitivo» con sus espectaculares fachadas.
Tras la excavación del solar y la posterior cimentación -los trabajos más complejos del proyecto-, los operarios han comenzado esta semana a levantar las estructuras de un equipamiento que trepará siete plantas, abarcará una superficie de más de 9.000 metros cuadrados y estará listo a principios de 2012. Para esa fecha, la capital vizcaína redondeará una espectacular red de edificios de diseño con una infraestructura que mirará «de tú a tú» a la vecina torre de Iberdrola, según advirtió Alfonso Casares. Junto a Carlos Ferrater, premio Nacional de Arquitectura 2009, ha trazado la construcción que simboliza la primera gran actuación de Zorrozaurre, con un presupuesto de 85 millones de euros
Ajenos a los periodistas, el centenar largo de trabajadores empleados en las obras curraba ayer bajo un sol abrasador como un día cualquiera. «¿Me dejáis por favor?», soltó un operario cargado de tablones. A sus espaldas, aparecía un inmenso boquete de once metros que comenzó a ganar profundidad hace cinco meses con la demolición de los suelos asfaltados de la antigua campa de conciertos, que fueron triturados para su reciclaje y posterior reutilización para otros usos.
Ahora hacia arriba
De forma muy gráfica, los arquitectos explicaron que las obras han mirado «hacia abajo» en su primera fase. En el 'vaso' de la clínica, sujeto con más de 400 anclajes con una longitud total de diez kilómetros y un muro pantalla de 8.500 metros cuadrados para evitar la inundación de las plantas situadas por debajo del nivel de mareas de la ría, se emplazará un parking subterráneo de dos pisos y una planta de la clínica, mientras que «hacia arriba», en la zona que enfila hacia el puente de Euskalduna, se encajará «el cuerpo de hospitalización». Una fachada poligonal convertirá a este bloque en la «pieza más singular del proyecto». El equipamiento dispondrá de dos «accesos fundamentales», con dos calles perimetrales por las que circularán las ambulancias y otra peatonal de acceso al edificio
Entre los arquitectos se rezumaba una especial satisfacción, ya que los trabajos de excavación eran los «más complicados», por cuanto, admitieron, siempre existía la posibilidad de «filtraciones con riesgo de inundación». Las obras «van prácticamente al día», explicó José Andrés Gorricho, director general del IMQ, y sólo las intensas lluvias de hace tres semanas han producido «un pequeño retraso».