El oro vuelve a brillar en todo su esplendor gracias a la crisis económica. Su valor de mercado se ha disparado y la onza de este metal precioso (28,34 gramos) superó los 1.250 dólares el pasado junio, un 500% más que hace ocho años. El áureo, en consecuencia, se ha convertido en un pujante negocio bajo cuyo manto están creciendo como setas los establecimientos de compraventa. Aunque el fenómeno puede calificarse de generalizado en la provincia, basta con darse un paseo por las calles de Bilbao para apreciarlo en toda su magnitud. El número de establecimientos presididos por el conocido cartel dorado se ha multiplicado por cuatro en menos de un año.
«En mayo los responsables de la Ertzaintza que controlan nuestra actividad me comunicaron que ya operábamos 27 en la capital vizcaína», remarca Javier Calderón, uno de los dos socios de 'Oro Bilbao', ubicado en la Plaza Indautxu. Hace menos de un año sólo trabajaban 7.
Javier es uno de los empresarios que hace seis meses se sumó a esta renovada fiebre del oro. A petición de su compañero Manu Valle, un joyero de Galdakao que, a mediados de 2009, se percató del drástico cambio que había experimentado la clientela. «No era raro que esporádicamente alguien me propusiese rebajar un precio con el canje de una cadena o un anillo viejo, pero empezó a entrar gente que sólo quería venderme sus joyas; muchos días hasta siete personas», recuerda.
Estrecheces domésticas
Este profesional asegura que la explicación a este fenómeno tiene mucho que ver con las estrecheces domésticas que acosan a miles de vizcaínos a causa de la crisis. «Hay familias a las que les cuesta llegar a fin de mes, pero guardan muchas piezas acumuladas a lo largo de los años, que ya no usan o están rotas y por las que se puede sacar un buen dinero», puntualiza Javier.
Aunque el perfil de la clientela es cada día más amplio. El elevado precio del oro -en precios récord- está animando a mucha gente a vaciar su joyero con otras pretensiones: desde pagarse unas buenas vacaciones a montar una tienda. Es el caso de «una señora que vino de Miranda de Ebro y la entregamos 4.230 euros por las cadenas, pulseras y anillos que nos trajo».
Mikel Gallano también saca partido de este mercado. Regente de dos joyerías en Santutxu desde hace 25 años, el pasado noviembre abrió un comercio de compraventa de oro en Bilbao. Los buenos resultados le animaron a repetir la experiencia en marzo en Santander y San Sebastián, el viernes puso en marcha otro local en Barakaldo y en breve pretende inaugurar otro más en Vitoria.
«Hay que aprovechar la oportunidad de un mercado cuya pujanza es efímera», remarca este empresario. Advierte de que, en cuanto la economía mundial se estabilice y mejore el mercado laboral, la compra de oro decaerá «y muchas de estas tiendas tendremos que cerrar». Lo que nadie sabe concretar es el cuándo. «En 2009 decían que la crisis podía durar sólo un año, ahora hablan de dos, pero otros apuntan que de una recesión tan fuerte como la actual se tardará diez años en salir; el tiempo lo dirá», puntualiza Manu Valle.
También lo tienen claro en la filial de 'Compro oro', emplazada en la calle Autonomía. «Este es un negocio de crisis para ayudar a las familias a salir del paso», enfatiza el gerente. En su caso, el beneficio que se lleva por cada operación ronda el 5%, un porcentaje con el que juegan todos para liderar la guerra de precios que se ha desatado en el sector. Los hay que pagan desde 17 euros el gramo de oro de 18 quilates a los 29 por piezas de máxima pureza.
Recuperar las joyas
En 'Compra-venta Zabalburu' miran con cierto escepticismo la batalla existente por este metal. Su propietaria recuerda que trabaja en el sector desde 1982 y que ya ha vivido otros momentos buenos, «pero también malos. Las aguas acabarán volviendo a su cauce, aunque a nosotros igual ya nos pilla jubilados», aseguran.
Cuando llegue ese momento, adelanta, sólo sobrevivirán los que, «como mi negocio», mantienen una clientela fiel gracias a un «servicio personalizado» que incluye, entre otras ventajas, la posibilidad de recuperar las joyas vendidas. «En algún caso, se las he llegado a conservar hasta un año».
Los establecimientos tradicionales del sector ponen el énfasis en el riguroso control policial de las tiendas. De hecho, la Ertzaintza ya está inmersa en esta labor. El pasado 25 de junio detuvo al regente de un local de Santutxu acusado de falsear sus libros de registro para adquirir joyas a menores y procedentes de robos.
Javier Calderón asegura tomar las mayores medidas de seguridad posibles para no comprar nada al margen de la legalidad. «El resultado es que, de momento, la Policía autonómica no me ha requisado ni una sola joya». Incluso solicita que los clientes le presenten facturas de compra, «aunque muchas veces resulta imposible, por lo que te tienes que guiar por la lógica y la impresión que te deja la persona que está al otro lado de la ventanilla», dice.