Miércoles, siete y media de la tarde. El mercurio roza los treinta grados en Sancho el Sabio, que desde hace seis meses luce nuevo 'look'. Sus anchas aceras, sus bancos luminosos y su marquesina central todavía están en garantía. Durante décadas, la arteria fue un vial de tráfico perpetuo. Después llegaron tres años de obras, primero por la instalación del tranvía y luego por la reforma del resto de la calle. «Ha sido insoportable, pero al final ha merecido la pena», recuerda Raúl Rubio tras la barra del bar Txiki. Es la nueva realidad. Donde había un escenario de guerra ahora hay una terraza llena de clientes. «Está claro. Ahora trabajamos más», zanja el hostelero.
Vitoria empieza a recoger los primeros frutos de la estrategia impulsada hace cuatro años por el Ayuntamiento a través del Plan de Movilidad Sostenible. Entonces, todos los partidos se pusieron de acuerdo para hacer realidad un sueño: alumbrar una ciudad más humana, con menos contaminación y más espacio para pasear. El proyecto apostaba por crear 77 'islas' peatonales para canalizar el tráfico por sólo 150 arterias y conseguir, de una vez por todas, que el coche dejara de ser el rey de la calle. La OTA se ampliaría y triplicaría su precio, algo que ocurrió el año pasado para pesadilla de los conductores. La alternativa al vehículo privado sería el transporte público -el tranvía y una nueva red de autobuses reorganizada en octubre-, la bicicleta y los desplazamientos a pie. Por eso mismo, el alcalde, Patxi Lazcoz, puso en marcha las reformas de Sancho el Sabio, Ricardo Buesa, Magdalena o Prado. Estas remodelaciones han sido las puntas del lanza del plan Alhóndiga, basado en potenciar el comercio a través de un mayor confort urbano.
El Plan de Movilidad se convirtió en el icono internacional de la Vitoria 'verde' y la ciudad ha invertido ya más de diez millones de euros en obras de calles, nuevos urbanos y carriles bici. Ya no hay marcha atrás, así que la pregunta es evidente: ¿merece la pena? Pues bien, los primeros resultados, que hoy adelanta EL CORREO, ya han llegado al Consistorio y han entusiasmado a los expertos.
Los datos se han obtenido a través de una campaña de control de los desplazamientos peatonales y ciclistas enmarcada en el programa Cívitas, un plan europeo en el que Vitoria participa desde 2008 junto con otras 24 ciudades, y que ayuda a promover sistemas de transporte sostenibles, limpios y económicos. La toma de información se desarrolló en días laborables de mayo de 2009 -antes de las primeras intervenciones del Plan E- y de 2010. Los resultados son incontestables. Se ha producido un aumento global del número de peatones -un 28%- y ciclistas -16%- observados en los distintos puntos de muestreo. Los técnicos municipales reconocen que cuando vieron estos guarismos se quedaron estupefactos. «Son mucho mejores de lo que esperábamos», recalcan.
Críticas al resultado
Tanto en el caso del modo peatonal como en el ciclista, se puede observar que los incrementos no sólo afectan a las zonas donde se ha actuado, sino que se produce también un efecto de influencia en las calles del entorno. Es el caso de Gorbea, donde a pesar de no haberse iniciado aún la reforma prevista -empezará este verano- se observa un aumento de peatones que alcanza el 33%. En esta subida tiene mucho que ver el cambio de aspecto de la cercana Sancho el Sabio, por la que ahora transita un 89% más de personas.
Estos datos no tienen nada que ver con los de Prado, donde el cambio ha sido todavía más radical, con un incremento de paso del 154%. No hay nada parecido en toda la ciudad. Eso sí, la mitad de los hosteleros de esta arteria tiene una sensación agridulce. En la calle «hay más gente», reconocen, pero una de las aceras es «demasiado estrecha». Senén González, del restaurante Sagartoki, todavía no sale de su asombro. «Prado está mejor, pero su potencial puede ser mucho mayor. No puedo poner una terraza en la calle porque los peatones se chocarían con ella. En cambio, en el otro lado hay una acera enorme. Se lo advertimos al Ayuntamiento antes de hacer las obras, pero no nos hizo ni caso».
Por eso, el hostelero plantea que se le permita colocar veladores «bien atendidos y que hasta se puedan cubrir en invierno para dar cenas» en la acera de enfrente. También propone que en la carretera se coloquen unos badenes para reducir la velocidad de los vehículos, de modo que los camareros puedan cruzar con seguridad. «¿Quieren más vida en la calle? Se la podemos dar varios establecimientos, pero con un poco de cabeza», asegura González.
No muy lejos de allí, en la plaza General Loma, el ambiente también empieza a bullir. Los últimos datos señalan que el aumento del tránsito peatonal es del 140%. Este espacio ya estaba vetado al tráfico mucho antes de la puesta en marcha del Plan de Movilidad, lo que demuestra la influencia de la parada del tranvía, donde el vaivén de viajeros no cesa.
Los registros europeos del programa Civitas también se han fijado en la movilidad ciclista de Vitoria. Los principales cambios son los experimentados en algunas calles como Olaguíbel y Prado, con un 113% y un 187% más de bicicletas, respectivamente. Se da la circunstancia de que en ninguna de estas dos arterias se han construido bicicarriles. Es decir, que se pone de manifiesto «el efecto determinante de la pacificación del tráfico en el incremento del uso de estos vehículos de dos ruedas», explica la directora del Observatorio de la Sostenibilidad, Mónica Ibarrondo.
Satisfacción contenida
La experta del Centro de Estudios Ambientales (CEA) asegura que los registros del programa Cívitas son «impresionantes», pero reclama cautela. Esta evaluación preliminar, detalla, «no determina» si las actuaciones puestas en marcha en los últimos meses en el marco del Plan de Movilidad han incidido o no en el reparto modal -es decir, en cómo se distribuyen los desplazamientos- y, por tanto, se desconoce si se están cumpliendo los objetivos marcados. Eso se conocerá en posteriores estudios sobre las características del tráfico, dado que los últimos datos son de 2006 y están desfasados. En todo caso, Ibarrondo remarca que los informes sobre el aumento de peatones y ciclistas «pueden ser indicativos de que, efectivamente, estamos actuando en la dirección correcta».
Así pues, el termómetro de la movilidad en Vitoria empieza a calentarse. Y a todo ello se deben sumar los datos del transporte público. Desde mayo de 2008 a mayo de 2010 el aumento de usuarios ha sido del 46,9%. Los autobuses de Tuvisa y el tranvía, competidores y aliados al mismo tiempo, trasladan ya a 15 millones de personas al año.