La Torre Iberdrola no tiene rivales en el cielo y, a partir de la planta 21, domina en solitario el horizonte. Su silueta, sin embargo, no estaría completa sin el voladizo de la entrada, la curvilínea estructura que asoma entre los dos bloques de viviendas en construcción. Con sus formas caprichosas -recuerda a un caracol gigante o una montaña rusa- el armazón ha logrado atraer la mirada de los viandantes a ras de suelo, 165 metros por debajo del helipuerto. Así empieza a tomar forma el gran vestíbulo, avanzadilla del interior del edificio más retratado de la ciudad.
Los peatones curiosos ya se han fijado en los paneles de madera de arce visibles desde el puente de Deusto. Un tono claro y a la vez cálido, para espantar la frialdad que suele cobijarse en los inmuebles acristalados. «Queremos que sea un espacio con mucha luminosidad, muy acogedor», explica el arquitecto Axel Zemborain, del gabinete de César Pelli. La estructura metálica quedará cubierta por tres tipos de materiales: las fachadas laterales serán acristaladas, el techo se revestirá de zinc y en el interior reinará la madera. En el centro del 'lobby' habrá una gran claraboya, un derroche de luz para recibir a las 3.000 personas que tendrán aquí su puesto de trabajo.
«Habrá jardineras a los costados, justo contra el muro cortina. La idea es que traigan el parque de la Campa de los Ingleses dentro de la torre», afirma Zemborain. El arquitecto está a cargo del proyecto de Torre Iberdrola y hace visitas periódicas a las obras. La última se ha centrado en el vestíbulo y los acabados interiores, que escalan posiciones lejos de miradas indiscretas. Su silueta es omnipresente en la ciudad, pero ¿cómo será la Torre Iberdrola por dentro? «La idea es que las oficinas se vean como espacios muy abiertos. Hemos colocado el núcleo de ascensores en el centro y utilizamos un cristal muy transparente para aprovechar al máximo la luz y las vistas. Desde cualquier lugar son magníficas, y desde las plantas más altas se llega a ver el mar».
Aunque ya no se hacen turnos las 24 horas, no es raro que el ascensor funcione hasta medianoche. En la actualidad hay 320 operarios que trabajan en varios frentes. Sólo faltan dos plantas por acristalar, la penúltima y la del helipuerto, y para finales de mes se espera coronar la fachada. Se están colocando «ocho módulos a la hora», cada uno de 270 kilos. Con ellos la torre, vista desde lejos, estará completa. En primer plano continuarán las obras del 'lobby' de la entrada, que alcanza doce metros de altura y acogerá una sala de conferencias. Y entre los dos extremos se despliegan las instalaciones mecánicas y eléctricas.
En las primeras plantas no es difícil hacerse a la idea de cómo será trabajar en el faro de los negocios. Hasta la quinta ya se han colocado los falsos techos y el suelo técnico, todo en «una paleta de colores muy claros y cálidos». Los inquilinos podrán dar su toque personal a las oficinas con algunas «restricciones». En abril de 2011 se abrirá la puerta a los decoradores y el 1 de septiembre se encenderán las luces en las siete plantas de Iberdrola -de la 28 a la 35- y las de las compañías que inicien el desembarco.
Como en un gran rompecabezas, en la planta 13 se coloca el falso techo y en la 26 las instalaciones, en las que sobresalen los conductos rojos del sistema de protección contra incendios. Uno de los 'lobbys' de ascensores ya se ha vestido con suelos de mármol travertino y piedra caliza de Montsegur en las paredes. Hasta los baños de obra de la planta 40, azules y rojos, resultan coquetos. El rascacielos tendrá 21 ascensores y una sala de control en el sótano que funcionará las 24 horas para vigilar «absolutamente todo», dice Zemborain. Incluso las persianas estarán monitorizadas «en función de la luz solar, para que no haya ganancia térmica y tampoco deslumbramiento».