No hubo demasiadas aglomeraciones para el estreno más esperado del año en Bilbao. Al menos para la primera función, la de las 16. 30 horas. Minutos antes del comienzo de la sesión inaugural, eran pocos los espectadores que hacían fila en los cines de La Alhóndiga. Pero los aficionados que se pasaron a esa hora por taquilla estaban ansiosos por ser los primeros en descubrir la elegancia de la salas diseñadas por Philippe Starck y que explotará la cadena navarra Golem.
«Parecen impresionantes», explicó un joven con la entrada en la mano y loco por ver 'Rabia', una extraña coproducción hispano-mexicana que aborda la compleja relación de pareja que entablan dos emigrantes sudamericanos.
La verdad es que, a primera hora de la mañana y de la mano de Josetxo Moreno, consejero delegado de la cadena, un nutrido grupo de periodistas tuvo la oportunidad de visitar el recinto. Se palpaba la tensión entre los responsables de la compañía. «No lo vais a ver del todo acabado. Estamos aún con los últimos retoques y detalles», se disculpó Moreno. .
«¡Vaya pantallón!»
Al margen de los adelantos tecnológicos, como los siete canales de sonido y tres vías de amplificación que envuelven la sala 1, lo primero que llama la atención es la comodidad y la distancia que hay entre las filas de butacas: 1,15 metros. Lo que garantiza la visión de la película con las piernas estiradas. Pero Anton Merikaetxebarria, crítico cinematográfico de El CORREO, se quedó impresionado por la pantalla de la principal de las ocho salas del recinto. «¡Vaya pantallón! ¡Como debe ser! Es como en los cines de antes. No le falta ningún detalle. El tapizado oscuro que bordea la pantalla resalta la imagen al garantizar la máxima expresión», argumentó.
Lo único que lamentaron los exhibidores fue no poder ofrecer una programación de «mayor impacto» a los espectadores. Moreno no pasó por alto que mayo y junio son dos de los peores meses de la temporada, lo que justifica el arranque con la proyección de cuatro películas que ya ofrecen los pocos cines urbanos que quedan en Bilbao; una ciudad a la que llega Golem con un deseo: «Hay que mantener vivo el centro y evitar que se quede desierto».
Evidentemente, también quiere hacer negocio y beneficiarse de la corriente positiva de las salas de la periferia en los primeros cuatro meses de 2010 y que vuelven a colocar a Vizcaya como la séptima provincia en recaudación, adelantando a Murcia.